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The Rolling Stones, Ramones, Lee Aaron… diferentes bandas masculinas y cantantes contribuyeron a asentar una auténtica guía estética de lo que supone el estilo rock en estado puro. Así, más allá de la música, su cultura y su actitud irreverente son un verdadero fenómeno de masas a nivel estilístico, con ítems tan característicos como: las cazadoras ‘perfecto’de piel, los pantalones ceñidos hasta la extenuación, los botines plagados de hebillas y los accesorios cuajados de tachas. No es de extrañar que, con el paso del tiempo y a pesar de las reinterpretaciones, el estilo rock continúe siendo uno de los que más seguidores cosecha dentro del star-system, colocando alguna de sus prendas más icónicas como básico de armario. Pero lo cierto es que esta última “adquisición” sí que nos ha sorprendido, no tanto por el complemento en sí, sino por su protagonista.

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En efecto, Charlie Puth parece tener en Keith Richards a su nuevo referente en cuestión de estética, ¡y no es nada sencillo! Sin duda, el guitarrista de The Rolling Stones es la representación del rock en estado puro, el artífice de un estilo de vida y una imagen que ha influido tanto en el resto de los miembros del grupo como en el universo de la música en general, y que incluso se ha llevado a la cinematografía —basta con ver a Johnny Depp y su look antes, durante y después de Piratas del Caribe—. El visionario de las prendas unisex y de las combinaciones más irreverentes, hace mella en uno de los jóvenes compositores que más éxitos está cosechando en la actualidad, y sino mirad cómo llegó al Jingle Ball celebrado en Florida.

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Charlie Puth “le robaba” el accesorio más característico de Richards: un pañuelo atado en la cabeza al más puro estilo pirata. Puth elegía un diseño con estampado multicolor y bajo deshilachado, combinándolo con una camiseta blanca básica y unos simples vaqueros. Eso sí, se lo colocó con el flequillo sobresaliendo por debajo de la cinta a su llegada, mientras que después lo utilizaba a modo de turbante para retirar el pelo de la cara durante el concierto. Una buena forma de dar un giro radical a un estilismo que, por su sencillez, hubiese pasado totalmente e desapercibido. ¿Lo veremos dentro de nada con los abrigos de pelo y los ojos pintados al más puro estilo Richards?

 

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