Antes de que siguiéramos a cualquier influencer en redes, o comenzásemos a leer las revistas de moda, el principal referente estilístico que tenemos desde pequeñas es nuestra madre. Consecuencia de la relación madre-hija es que miremos hacia arriba y busquemos de algún modo parecernos a ella. Imitamos sus gestos, sus acciones… Incluso podemos llegar a adoptar su forma de reír, su manera de enfadarse, o sus manías. Diría que, por ello, es inevitable que la influencia de una madre alcance el ámbito de la moda y el cómo nos vestimos. Esa frase que siempre se dice cuando se hablan de royals o celebridades de "ha heredado la elegancia de su madre" (por ejemplo, en personajes como Isabel Preysler y Tamara Falcó, o Carolina de Mónaco y Grace Kelly) tal vez no sea simplemente una frase bonita y poética, sino que esconda más razón y verdad de lo que pensamos.
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¿Qué hemos aprendido de nuestras madres?
En mi familia somos 3 hermanas. Cada una tiene un estilo de vestir muy diferente. La mayor sigue un estilo más clásico, con un punto sofisticado: es abogada y por ello abundan en su armario prendas más formales, como trajes de chaqueta con stilettos; Bimani es su segunda casa, y le siguen muy de cerca Massimo Dutti y eseOese. La más pequeña se encuentra, como ella misma lo define, en una "búsqueda actual de su propio estilo", aunque se inclina hacia una tendencia más casual y juvenil, con aires de college… Arrasa en Renatta&go, se apunta a los últimos modelos de zapatillas y es fiel seguidora de marcas virales de Instagram, como One Dilemma o Eme Studios.
En mi caso, diría que me inclino más hacia un look más alternativo, con algunos toques de tendencia. Me encantan las piezas vintage y las de inspiración dosmilera. No me gusta ir con prendas superfemeninas (el rosa, en dosis muy pequeñas, y los lazos o las flores… no, gracias), pero sí busco que la mezcla de las prendas que me ponga dé como resultado una imagen femenina y estilosa. Como he dicho, cada una de nosotras seguimos un estilo diferente, acorde con nuestra personalidad y con cómo queremos proyectarnos al exterior. Y, aunque parezca que a nuestros estilos no los une nada, hay un común denominador al que siempre recurrimos en asuntos de moda: nuestra madre.
Hay una diferencia clave entre cómo vestían ellas de jóvenes y cómo vestimos nosotras
El armario de mi madre es como un viaje al pasado, donde compraban bastante menos que nosotras, pero prendas de mejor calidad, hasta tal punto que hoy en día siguen intactas. Por entonces, los productos de lujo no estaban tan disparados como ahora, y las chicas jóvenes compraban con cabeza y cuidaban lo que tenían. El fast fashion no existía como concepto y, así, ella ha ido construyendo un armario lleno de auténticas joyas, con prendas elegantes, atemporales, de marcas que yo ni siquiera tengo en el radar y también de aquellas por las que nosotras, sus hijas, nos peleamos para llevar: camisas de Armani, gabardinas de Yves Saint Laurent, chaquetas de Burberry, gafas de Gucci…
Este es un fenómeno que nos ocurre a muchas mujeres. En el armario de nuestras madres podemos encontrar auténticos tesoros de la moda, que han sobrevivido al tiempo y al espacio, que no se rigen por las tendencias, sino que, más bien, es su carácter atemporal lo que hace que podamos incorporarlos a nuestros outfits actuales para darles un punto de estilo y elegancia único. Aunque influidas por ellas, podemos adaptar estas piezas a nuestro propio estilo, como han hecho ya la princesa Carolina de Mónaco o nuestra marquesa de Griñón, Tamara Falcó, con las reliquias de sus conocidas madres.
Sin embargo, además de las prendas que podamos rescatar de sus armarios, lo que influye también en nuestra manera de vestir es la actitud ante la moda, el cómo la entendemos y la vivimos. En mi caso, mi madre siempre ha buscado transmitirme un gusto elegante en el vestir, el cuidado de la ropa, la predilección por prendas atemporales y sencillas y a huir de las estridencias.