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La finca de La Pizana, a 30 kilómetros de Sevilla, el escenario elegido por Tana Rivera para celebrar su puesta de largo.

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Eugenia Martínez de Irujo abría por primera vez las puertas de La Pizana a un medio de comunicación.

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Lejos de los oropeles y del esplendor de los palacios de Liria o de Dueñas, la Duquesa de Montoro pasó sus primeros años como madre en la finca La Pizana, regalo de boda de la Duquesa de Alba.

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En aquellos días, la Duquesa de Montoro invitaba a comer a su madre porque decía que le gustaba mucho su comida y preparaba entre otras especialidades pasta y una tarta de chocolate, una receta de familia que “me sale bordada”.

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“Mi madre, que se encargó de todo, la arregló y decoró para nosotros. Para que empezáramos nuestra vida en ella”, declaraba la Duquesa de Montoro en una entrevista en exclusiva a Hola.com.

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 “Esta finca, a la que he venido desde que era una niña a montar a caballo, es un lugar muy cercano”, confesaba la Duquesa.

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“Ahora me considero más de campo que de ningún otro sitio. Adaptada y feliz. Tanto que, cada vez que tengo que salir de esta casa, me cuesta horrores. Mis amigos no se lo creen”, reconocía.

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“Los hijos te ganan la mano con mucha facilidad”, reconocía al descubrirse en el papel de madre de una niña preciosa, hoy toda una mujer.

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“Yo nunca había sido muy niñera, pero ahora aprovecho hasta el más pequeño de los momentos para estar con Cayetana”, revelaba la Duquesa de Montoro mientras mostraba cada rincón de La Pizana. 

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“Mi trabajo me permite estar con Cayetana semanas enteras… No sé, pero descubrirme como madre fue una sorpresa”, comentaba Eugenia Martínez de Irujo agradecida de su suerte de poder disfrutar de su niña.

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Discurrían sus días en La Pizana entre los diseños de joyas para la firma TOUS y las labores como madre de familia.

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Un bello retrato de Eugenia Martínez de Irujo de aquella sesión de fotos.

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Eugenia Martínez de Irujo, en el porche de La Pizana.

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Eugenia Martínez de Irujo, en el porche de La Pizana desde otra perspectiva.

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Han pasado prácticamente los dieciocho años desde entonces y su hija, Tana Rivera, la preciosa niña que aquel día salía a relucir cada dos por tres palabras, se ha convertido en una preciosa joven que está a punto de celebrar por todo lo alto su puesta de largo.

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La Duquesa de Montoro mostraba jardines, caballerizas, porche y dependencias del cortijo que se había convertido en su nueva residencia familiar. En la imagen, Eugenia Martínez de Irujo posa en el jardín de La Pizana, donde en unas horas los invitados de Tana Rivera brindarán por su mayoría de edad.

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La Duquesa de Montoro en los jardines de la finca que albergará la fiesta de puesta de largo de su hija, Tana.

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Parece que fue ayer cuando encontrábamos a la Duquesa de Montoro trabajando en su ordenador de principios del nuevo milenio, el único que delata el paso del tiempo.

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La Duquesa de Montoro en el porche de La Pizana, donde esta noche tal vez algunos invitados se sienten a charlar.

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