En una escena cargada de simbolismo y memoria, el príncipe William volvió a tender un puente entre su historia personal y el presente de la monarquía al acudir a un acto con personas sin hogar acompañado por su hijo mayor, el príncipe George. La visita, discreta pero profundamente significativa, tuvo lugar en Londres, en un centro benéfico muy cercano al corazón del heredero al trono. Más allá de la imagen entrañable de padre e hijo trabajando codo a codo, el gesto resonó como un eco claro del legado de Diana de Gales, quien décadas atrás llevó de la mano a un joven William a ese mismo espacio para enseñarle el valor de la empatía y el compromiso social.
El encuentro se desarrolló en la sede de The Passage, organización dedicada a apoyar a personas en situación de calle, donde William acudió junto a su hijo de 12 años para colaborar en los preparativos de una comida navideña destinada a quienes no tienen un hogar al que regresar en estas fechas. Mick Clarke, director ejecutivo de la institución, fue el encargado de guiar al joven príncipe durante el recorrido y de explicarle la labor que realizan a diario. “Le dije que su papá ha estado involucrado con The Passage durante muchos, muchos años. Su abuela, la princesa Diana, lo trajo aquí cuando tenía más o menos su edad”, relató Clarke, subrayando el poderoso hilo generacional que atravesó la visita.
Un legado que cruza generaciones
Padre e hijo no se limitaron a observar: participaron activamente en la jornada, desde la preparación de paquetes de ayuda hasta la decoración de un árbol de Navidad que, semanas antes, había sido utilizado en el servicio de villancicos encabezado por la princesa de Gales en la Abadía de Westminster. “Era momento de arremangarse y ponerse manos a la obra. Él estaba totalmente dispuesto. Muy parecido a su papá”, contó Clarke sobre la actitud de George, quien, según el personal, se mostró cómodo, curioso y entusiasmado con cada tarea asignada.
En la cocina, la complicidad familiar quedó aún más patente. Mientras William se encargaba de las verduras, George ayudaba con otros platillos tradicionales, compartiendo bromas con los voluntarios y el equipo del lugar. “Había muchísimo ambiente distendido. William estaba con los brotes de Bruselas y George con los Yorkshire puddings”, recordó Clarke. Para él, la escena reflejó no solo la naturalidad del príncipe de Gales en ese entorno, sino también la tranquilidad con la que su hijo se desenvolvió. “Fue uno de los momentos más bonitos: George se sentía muy cómodo y realmente disfrutó involucrarse”, añadió.
El compromiso social que William hereda y transmite
Uno de los instantes más emotivos llegó cuando el joven príncipe firmó el libro de visitas del centro en la misma página donde años atrás lo habían hecho su padre y su abuela. Fascinado, George reaccionó con un espontáneo: “Wow. Ok.” Clarke describió la escena como “un momento de orgullo para un papá”, una oportunidad para que William pudiera decirle a su hijo: “Esa es mi mamá”. Al despedirse, The Passage obsequió a la familia con osos de peluche destinados también a los hermanos menores de George, mientras que el príncipe William envió posteriormente despensas de alimentos para los centros residenciales.
La visita no fue un gesto aislado. Desde 2019, William es patrono de The Passage, una causa que lo acompaña desde hace más de 30 años, cuando Diana sembró en él una sensibilidad que hoy transmite a sus hijos. En palabras del propio príncipe, aquellas experiencias infantiles “dejaron una impresión profunda y duradera” sobre la importancia de tratar a todos con “respeto, dignidad y amabilidad”. Al llevar ahora a George a ese mismo lugar, William no solo honró la memoria de su madre, sino que reafirmó su deseo de formar a la próxima generación con una conciencia clara: entender que, en un mundo de privilegios, siempre hay espacio —y responsabilidad— para tender la mano a quien más lo necesita.








