No hay mejor manera de celebrar la primavera y el verano para la familia real que con una Garden Party. Estas celebraciones forman parte de la agenda oficial de los miembros de la realeza y consisten en eventos al aire libre en los palacios, donde se invita a miembros distinguidos de la sociedad con el fin de visibilizar y agradecer a cada una de estas personalidades que ha participado de manera benéfica o en el sector de la educación y la comunidad. En esta ocasión, fueron el rey Carlos III y la reina Camila quienes estuvieron a cargo de ser anfitriones de este evento, que tuvo lugar en el Palacio de Buckingham.
Al lugar llegaron los reyes muy bien acompañados de la princesa Ana, quien una vez más retomó su lugar como una de las personalidades más icónicas del mundo de la realeza. Como es costumbre para ella, su presencia no pasó desapercibida, no sólo a través de su emblemático e impecable atuendo, sino también por la joya que la acompañó —que además tiene un valor emocional incalculable—.
Los detalles de la joya favorita de la princesa Ana
La hermana del monarca reinante siempre se ha distinguido como una de las figuras más relevantes de la Familia Real Británica, destacando por su imparable labor en funciones oficiales. Es por eso que su presencia en actos oficiales siempre es un deleite para asistentes y espectadores. Recientemente, con motivo de la primera Garden Party del año, la princesa fue vista llegando al evento con un look compuesto por un abrigo vestido en color crema, combinado con un sombrero estilo pamela a juego.
Lo que realmente se robó todas las miradas fue el broche elegido por la princesa para la ocasión, el cual ha sido parte de su joyero durante muchos años y ha sido visto y utilizado en múltiples eventos de alta importancia. Se trata del “stalactite brooch”, una pieza que le fue regalada por su madre, la reina Isabel II, con motivo de su boda con Mark Phillips en 1973. Esta pieza está creada en oro y diamantes y destaca por su elegancia.
Desde que la joya llegó a sus manos, la princesa se ha dado a la tarea de utilizarla en múltiples eventos oficiales. Incluso cuando el matrimonio terminó hace algunas décadas, la princesa la mantuvo entre sus posesiones más preciadas, confirmando que el valor de una joya reside en la nostalgia y los recuerdos que transmite. En el caso de Ana, seguramente le ayuda a recordar y mantener presente a su madre.








