Hay un hotel en la esquina de Madison Avenue y la calle 77 que, cada primer lunes de mayo, se convierte en el vestíbulo más famoso del mundo. The Mark, ese edificio de 1927 rediseñado por Jacques Grange con muebles de Karl Lagerfeld y Vladimir Kagan, ha visto desfilar por su lobby de mármol blanco y negro a celebridades como Rihanna y Zendaya camino a la Met Gala. Las revistas de moda lo han llamado “el lobby más estrellado del planeta”.
No es un hotel cualquiera: es el lugar donde la moda neoyorquina se quita la armadura y se muestra tal cual es. Por eso lo elegimos como escenario para fotografiar a Mariana Peralta Tort, vestida con looks completos de las colecciones primavera–verano 2026 de Chanel, Max Mara, Zimmermann, Ferragamo y Louis Vuitton junto a joyas de Cartier con algunos de los nuevos lanzamientos de la colección Clash.
The Mark, enclavado en el Upper East Side —a unos pasos del Metropolitan Museum of Art y de la Quinta Avenida—, es la embajada no oficial de la moda en una de sus cuatro capitales mundiales: el punto donde convergen la elegancia americana, el diseño francés y la energía irrefrenable de Manhattan. Un escenario perfecto para una joven mexicana que, a diferencia de lo que podría sugerir su apellido, no se conforma con heredar un mundo: quiere construir el suyo.
El lenguaje de la moda
Mariana Peralta Tort tiene veintidós años, más de cuatrocientos mil seguidores en TikTok y un título de una de las escuelas de moda más prestigiosas del mundo. Es hija de Carlos Peralta Quintero y Mariana Tort. Creció en la Ciudad de México antes de cruzar la frontera académica hacia Miami para formarse profesionalmente en la industria que siempre la había fascinado.
¿En qué momento la moda dejó de ser algo que simplemente usaba para convertirse en algo que quería entender desde adentro? “Fue cuando entendí que la moda no es solo una estética, sino también un lenguaje”, responde Mariana con la seguridad de quien ha pensado mucho en esa pregunta. “Me di cuenta de que a través de lo que usas puedes construir una narrativa, una identidad, y eso fue lo que me hizo querer entenderla desde adentro, no solo consumirla”.
Ese entendimiento se profundizó en sus primeras fashion weeks. “Antes veía la moda desde el resultado final, pero estar ahí me hizo entender todo el proceso: el concepto, el casting, el styling. Una colección no es solo ropa, es una historia construida con intención”. Hoy, habla de las prendas con otro vocabulario. ¿Qué ve en una pieza que antes no veía? “Más que nada veo intención. Ahora entiendo mejor por qué funciona una pieza: las proporciones, cómo cae, cómo dialoga con el cuerpo y con el resto del look”.
"A través de lo que usas puedes construir una narrativa, una identidad".
Cinco casas, una temporada
La sesión fotográfica reúne total looks de cinco casas en sus propuestas SS26. De Chanel, la primera colección de Matthieu Blazy como director artístico —un debut que concibió como si fuera su último desfile, con trajes sastre de seda transparente y una reinvención audaz de los códigos de la maison—. De Max Mara, la colección Rococo Modern de Ian Griffiths, inspirada en Madame de Pompadour: trincheras con coronas esculturales en los hombros y faldas de organza hechas con cientos de pétalos cortados a mano.
De Zimmermann, el romanticismo australiano en diálogo con lo femenino y lo artesanal. De Ferragamo, la herencia florentina actualizada con siluetas limpias y lujo discreto. Y de Louis Vuitton, la propuesta de Nicolas Ghesquière presentada en los apartamentos de Ana de Austria en el Louvre: una colección sobre vestirse para una misma, con drapeados refinados y ecos del siglo XVII suavizados en satén contemporáneo.
Cuando le preguntamos a Mariana si se identifica más con el estallido cromático o con la intimidad fluida, no elige un solo bando. “Me identifico más con la intimidad más fluida, algo más sutil y emocional. Pero al mismo tiempo me gusta salir de mi zona de confort y jugar con cosas más bold, como el color. Siento que ese contraste también forma parte de mi estilo, no quedarme en un solo lenguaje”.
Las joyas que guardan historias
Hay un momento revelador en la conversación. Ghesquière dijo, a propósito de su colección SS26, que el verdadero lujo es vestirse para una misma. Le trasladamos la frase a Mariana y su respuesta sorprende: “Definitivamente mi joyería. Mis anillos, mis cadenas, collares, son piezas que uso todos los días y que no dependen de un look o de una foto. Es algo muy mío, como una extensión de mi identidad, y no lo pienso en términos de contenido, sino de cómo me hacen sentir”.
La joyería, para Mariana, no es decoración: es un anclaje emocional. Su primera memoria ligada a una pieza importante es un anillo de rubí que su padre le regaló a su madre cuando ella nació. “Tiene un valor emocional muy fuerte, y creo que desde ahí empecé a ver la joyería como algo que guarda momentos e historias”. Y hay otra pieza que ya siente suya antes de serlo: un collar de esmeraldas de su madre. “Es de esas piezas que sientes que ya es parte de tu historia, antes de que sea tuya”.
¿Las joyas se heredan o se eligen? “Ambas. Hay piezas que heredas cargadas de historia, y otras que eliges porque conectan contigo en un momento específico”. Y cuando le preguntamos qué papel juega la joyería en un look completo, responde con visión de estilista: “Depende de la intención del look, pero es clave. Para mí, es uno de los elementos más estratégicos dentro de un styling”.
“Comparto lo que se siente auténtico y que suma a lo que quiero construir; pero hay una parte que me gusta mantener para mí”.
“¡Hola blog!”
Si has abierto TikTok en los últimos meses, probablemente te hayas encontrado con un video que comienza con un “¡Hola blog!” entusiasta, seguido de una cascada de imágenes: yates, outfits impecables y una joven que lo narra todo con naturalidad. Ese saludo se convirtió en la firma digital de Mariana, y hoy le preguntamos cómo encuentra el balance entre lo espontáneo y lo calculado. “Casi todo es muy orgánico. No planeo demasiado mis videos, me gusta grabar en el momento. Creo que ahí está el balance: entender qué quiero comunicar, pero no sobreproducirlo”.
¿Hay algo que haya decidido no mostrar? “En general soy una persona muy abierta, pero siempre desde un lugar muy consciente. Comparto lo que se siente auténtico y que suma a lo que quiero construir, pero hay una parte que me gusta mantener solo para mí”. Es una respuesta breve, pero dice mucho sobre una generación que ha aprendido a negociar la frontera entre lo público y lo privado en tiempo real.
Una voz propia
Cuando le pedimos que nombre diseñadores mexicanos o latinoamericanos que deberíamos tener en el radar, Mariana no recurre a nombres seguros ni a respuestas genéricas. “Me encanta el trabajo de Willy Chavarria”, dice. “Siento que tiene una forma muy poderosa de mezclar cultura, identidad y sastrería con una visión muy contemporánea. Sus colecciones no son solo estéticas, también cuentan historias”. Y añade, ampliando el panorama: “Hay una nueva generación de diseñadores latinoamericanos que están reinterpretando su herencia de una forma muy moderna, llevándola a un nivel global. Es una escena que vale la pena seguir de cerca”.
Esa claridad aparece cuando le preguntamos por su portada soñada. Si pudiera vestir la edición de ¡HOLA! Fashion con cualquier look y cualquier joya, ¿qué elegiría? “Un look archival de Gucci de la era de Tom Ford. Tiene esa sensualidad muy precisa, muy segura de sí misma. Lo llevaría con joyería vintage de Cartier, algo icónico, que no compita pero que tenga presencia. Esa mezcla entre el sex appeal noventero de Tom Ford y la elegancia clásica de Cartier es muy effortless, muy yo”.
Lo que viene
¿Qué sigue después de la formación profesional? “Eventualmente me encantaría tener mi propia marca”, confiesa, “pero me motiva crear algo que se sienta auténtico, con una visión fuerte y coherente en cada detalle”. La ambición es grande pero medida. Cuando le preguntamos cómo imagina su evolución en la industria, la respuesta se siente como un manifiesto generacional: “La veo cada vez más definida, pero también más libre. Quiero moverme entre distintos espacios y posicionarme desde una perspectiva muy personal. Al final, lo más fuerte es tener una voz propia y hacerla imposible de ignorar”.
Mientras nuestra sesión toma lugar, Nueva York sigue haciendo lo suyo al otro lado de las ventanas de The Mark. Mariana confiesa que lo primero que hace cuando llega es comer —“Nueva York se vive mucho a través de eso”— y después perderse caminando, observando el street style. Es, en ese sentido, la materialización de lo que Ghesquière propuso en el Louvre: alguien que lleva su manera de ser a cualquier lugar al que viaja. Alguien que entiende que el verdadero lujo no es lo que usas, sino cómo lo haces tuyo.
A los veintidós años, Mariana Peralta Tort ya tiene el linaje, la formación, la plataforma y, sobre todo, la claridad. Lo que resta por ver es qué hará con todo eso. Si algo dejó claro esta conversación en Nueva York, es que no piensa dejarlo al azar.
Créditos:
Por: Pedro Zurita
Realización: Daniela Von Wobeser
Fotos: Emilio G Hernández
Coordinación: Samia Ruiz
Peinado y maquillaje: Jamie Harper
Asistente de peinado y maquillaje: Priscilla Pérez
Asistente de moda Mexico: Padme Mariana Sánchez Cruz
Asistente de moda NY: Soni WithanEYE
Asistente de foto: Nathalie Basoski
Digital Tech: Techcone inc












