La temporada de entrega de premios y sus alfombras rojas suelen marcar el pulso cultural del momento. Y este año, Bad Bunny volvió a demostrar que, como icono que se ha convertido en un momento coyuntural muy específico, entiende la moda como un lenguaje de largo alcance y parte de su estatus. El artista apareció con un smoking de alta costura hecho a medida, convirtiéndose en el primer hombre en vestir Schiaparelli en una gran alfombra roja, bajo la dirección creativa de Daniel Roseberry.
Un gesto que no solo elevó el estándar del menswear en los premios, sino que abrió oficialmente un nuevo capítulo para la maison Schiaparelli.
Un smoking clásico… con el giro inesperado que define a Schiaparelli
De frente, el traje respetaba el lenguaje más puro del tuxedo: negro y blanco, camisa de piqué, moño impecable y una silueta precisa. Pero fiel al ADN surrealista de la casa, la verdadera sorpresa estaba en la espalda: un sistema de lazado tipo corset que ajusta la chaqueta y transforma la prenda en un híbrido entre sastrería masculina y alta costura en su sentido más literal.
La inspiración detrás del diseño: un perfume convertido en traje
Como toda pieza couture bien construida, el look tiene una narrativa interna. Schiaparelli reveló que la chaqueta de terciopelo negro se inspiró en la botella original del perfume “Shocking”, uno de los íconos históricos de la maison. La referencia no es decorativa: habla de volumen, estructura y del diálogo constante entre objeto, cuerpo y moda.
Alta costura en los detalles
Más allá del impacto visual, el traje incorpora una serie de elementos artesanales que justifican su estatus como pieza couture: Chaqueta de terciopelo negro con construcción de atelier, bordado de cinta métrica en la solapa —uno de los símbolos recurrentes de la casa—, botones negros con efecto “vidrio roto”, trabajados a mano y camisa blanca de piqué de algodón con moño de satín negro. Cada componente suma a una pieza pensada para trascender la alfombra roja.
Cartier como remate de estilo
Pero el look no terminó en el traje. Bad Bunny completó el conjunto con una elección de relojería tan precisa como significativa: un Cartier Tortue “Collection Privée” modelo 2498E en oro rosa.
Lejos de optar por una pieza evidente o masiva, el artista eligió uno de los relojes más cultos de la maison, reconocido por su caja tonneau —una silueta curva, elegante y poco común—, manecillas azuladas y proporciones refinadas. Es un reloj que revela conocimiento, archivo y criterio.
Moda, relojería y discurso cultural
La combinación no fue casual. El smoking de Schiaparelli y el Cartier Tortue dialogan desde el respeto por la tradición, la reinterpretación contemporánea y una clara intención de permanencia. En este caso específico, no se trató de “vestirse para los Grammys”, sino de construir una imagen que quedará archivada en la historia visual de la moda.
Más que un look, un precedente
El debut masculino de Schiaparelli en una alfombra roja —de la mano de Bad Bunny— marca un precedente. No solo para la maison, sino para la conversación alrededor del menswear, la alta costura y el papel de los artistas como agentes culturales.









