La Semana de la Alta Costura en París Primavera-Verano 2026 no solo celebró vestidos extraordinarios: se convirtió en una de las ediciones más comentadas de los últimos años. Primero, por la rara y comentadísima aparición de Athina Onassis, una figura que rara vez se deja ver fuera del ámbito ecuestre. Después, por los debuts más esperados, como el de Matthieu Blazy y Jonathan Anderson, que marcaron una nueva era dentro de la alta costura. A eso se sumó la presentación poco convencional de Valentino, que bajo la dirección de Alessandro Michele apostó por una narrativa distinta a la pasarela tradicional.
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En medio de este contexto cargado de titulares, reinvención y nostalgia, una propuesta terminó por encender el debate más profundo de la temporada: una colección de alta costura creada sin telas, sin pasarela y con la inteligencia artificial como protagonista.
Un desfile que no existió en el mundo real
Cuando Alexis Mabille reveló su colección, lo hizo a través de un film digital inmersivo. No hubo modelos ni prendas físicas. En su lugar, siluetas etéreas, volúmenes imposibles y personas creadas digitalmente habitaron un universo visual que parecía más cercano al cine que a la pasarela.
Ninguno de los looks existe en el mundo real. Aun así, el diseñador defendió que todos fueron concebidos como realizables: piezas pensadas desde el oficio, los tejidos y el saber hacer, antes de ser interpretadas visualmente por la inteligencia artificial.
Para Mabille, la IA no es autora ni sustituta del trabajo humano, sino una herramienta dentro del proceso creativo, una extensión técnica al servicio de una visión.
La reacción inmediata: entre la fascinación y el rechazo
La respuesta fue casi instantánea. En redes sociales y foros especializados, la colección generó tanto admiración como rechazo. Algunos celebraron la audacia y la imaginación; otros cuestionaron si una propuesta sin prendas físicas puede considerarse alta costura y llegaron incluso a pedir la retirada de la firma del calendario oficial.
La incomodidad no es menor. La alta costura no solo promete belleza: promete prueba. Prueba de tiempo, de técnica, de ateliers activos y de un legado que se transmite de generación en generación.
¿Qué dicen las reglas de la alta costura?
Para entender la magnitud de la polémica, hay que recordar que la alta costura no es solo una categoría creativa, sino una denominación legalmente protegida en Francia.
El uso del término “haute couture” está reservado a un grupo muy reducido de casas que cumplen con reglas estrictas, revisadas de forma periódica. Entre las más importantes se encuentran:
- Diseñar prendas hechas a medida para clientas privadas.
- Contar con un atelier propio en París, con un equipo estable de artesanos y costureros.
- Demostrar un alto nivel de trabajo artesanal, con técnicas de confección, bordado y patronaje realizadas a mano.
- Presentar colecciones durante la Semana de la Alta Costura, siguiendo los criterios establecidos por el calendario oficial.
Estas reglas existen para proteger un saber hacer único en el mundo y garantizar que la alta costura siga siendo sinónimo de excelencia, tiempo y oficio.
Hasta ahora, no existe ningún pronunciamiento oficial que indique una sanción o exclusión de Alexis Mabille. De hecho, su colección figura dentro del programa oficial de la Semana de la Alta Costura, lo que confirma que, por el momento, su propuesta fue aceptada como parte del diálogo creativo de la temporada.
Es importante subrayar que la revisión del estatus de alta costura no responde a polémicas inmediatas, sino a evaluaciones formales que se realizan en ciclos establecidos.
La reacción inmediata: entre la fascinación y el rechazo
Con este contexto, se entiende mejor la reacción del público y de algunos sectores de la industria. Para muchos, una colección sin prendas físicas visibles pone en duda el elemento más sagrado de la couture: la prueba tangible del trabajo artesanal.
Mientras algunos celebraron la audacia y la visión futurista de Mabille, otros cuestionaron si una propuesta completamente virtual puede representar aquello que la alta costura promete desde hace décadas.
El verdadero debate: ¿qué define hoy a la couture?
Más allá de reglamentos y calendarios, la conversación que abrió esta colección es mayormente emocional.
¿La alta costura se define por el objeto final o por el proceso?
¿Debe mostrarse siempre una prenda física para demostrar oficio?
¿O puede existir también como una idea, una visión, un laboratorio creativo?
Para algunos, sin telas no hay costura posible. Para otros, la couture siempre ha sido el espacio donde la moda se permite imaginar lo imposible antes de hacerlo realidad.
Una pregunta que ya no se puede esquivar
La propuesta de Alexis Mabille no fue solo un experimento visual. Fue una provocación elegante que obligó a la industria a mirarse al espejo. En una semana marcada por debuts, regresos simbólicos y narrativas inéditas, su colección puso sobre la mesa una certeza: la tecnología ya forma parte del presente de la moda, incluso en sus territorios más sagrados.
Tal vez la pregunta no sea si la inteligencia artificial puede convivir con la alta costura, sino cómo hacerlo sin perder aquello que le da alma.
Porque si algo dejó claro esta temporada en París, es que la couture sigue viva… precisamente porque todavía es capaz de generar reacciones.
