La pasión de Emily Álvarez por los caballos se ha convertido en mucho más que una afición dentro de su vida. La hija mayor de Saúl “Canelo” Álvarez encontró en la equitación un camino propio, alejado de los cuadriláteros que hicieron famoso a su padre y enfocada en un deporte que le ha enseñado disciplina, constancia y fortaleza mental. A través de los entrenamientos, los concursos y los sacrificios que exige la alta competición, la joven amazona construye una carrera basada en el esfuerzo diario, aprendiendo que el éxito no llega únicamente con talento, sino con horas de trabajo, perseverancia y la capacidad de levantarse después de cada caída.
La historia de Emily con los caballos inició cuando era apenas una niña. Su mamá, Karen Beltrán, la llevó a sesiones de equinoterapia para ayudarla con su estabilidad física y emocional, pero lo que ninguna de las dos imaginó es que ahí también encontraría la experiencia que marcaría su destino para siempre.
Emily, quien el pasado 12 de octubre celebró su cumpleaños 19, siempre tuvo un gusto por los animales, y su favorito desde pequeña ha sido el caballo. En sus sesiones, realizaba ejercicios de gimnasia sobre los caballos y comenzó a descubrir la conexión que podía crearse entre el animal y la persona. Pero hubo otra cosa que le llamó la atención de aquel lugar, pues no dejaba de ver a otros jinetes practicar salto ecuestre en una pista cercana. La curiosidad pronto se transformó en pasión, y aunque el centro de la equinoterapia cerró sus puertas, ella pidió seguir montando, lo que la llevó a un rancho especializado en donde encontró su camino.
Su trayectoria, al igual que las pistas que recorre sobre los caballos, no ha estado exenta de obstáculos. En una etapa especialmente exigente de su vida, las obligaciones escolares comenzaron a absorber gran parte de su tiempo y energía. Entre clases, tareas, exámenes y competiciones, Emily llegó a sentirse saturada y a cuestionarse si realmente quería seguir montando. Al no poder entrenar con la frecuencia necesaria, los resultados en los concursos ya no eran buenos, y con ello llegó la baja en motivación y ánimo.
La joven amazona pensó en abandonar el deporte, pero entendió que si de verdad le apasionaba, tenía que encontrar un equilibrio entre sus responsabilidades. Esa disciplina fue lo que ha hizo organizar su agenda sin renunciar a aquello que tanto ama.
Emily ha aprendido más que disciplina con los caballos, también ha encontrado una conexión emocional con ellos, necesaria para poder montar. Los animales perciben el miedo, los nervios y el estado de ánimo de quienes los rodean; una lección que le tocó aprender cada vez que montaba un cuaco llena de nervios o inseguridades que le transmitía a su animal.
Pero no todas han sido malas experiencias en el ámbito emocional, pues recuerda con cariño a una yegua reacia que, en una ocasión en la que se sintió abrumada y no paraba de llorar, buscó refugio en el establo en donde se encontraba el animal que poco a poco se acercó a ella y permaneció tranquila, logrando calmarla por completo. Esa conexión entre caballos y humanos es la que hace aún más difícil la dolorosa decisión de sacrificar a algunos de ellos cuando sufren una lesión, pues Emily entiende que aunque se busque ayuda médica, el animalito sufrirá más en la recuperación que no será completa, por lo que evitan ese martirio.
Emily Álvarez y sus propios triunfos
La primera vez que Emily compitió aún era una jinete muy joven montando un pony. Los nervios eran tan intensos que incluso llegó a vomitar antes de entrar en la pista. Aquella experiencia se convirtió en una auténtica prueba emocional, pues al subir al caballo llena de tensión y miedo, notó cómo el animal también comenzó a alterarse, rechazando algunos movimientos y reaccionando de forma inusual. Más allá del resultado deportivo, aquella competencia le enseñó una lección fundamental de cómo el caballo refleja muchas veces el estado emocional de quien lo monta. Desde entonces entendió que competir no consiste únicamente en superar obstáculos físicos, sino también en mantener la mente fría y enfocada para transmitir seguridad desde el primer instante.
Los años de trabajo han dado frutos importantes para la joven deportista. Emily ha conseguido títulos de campeona y subcampeona nacional, además de subir al podio en distintas competencias de alto nivel. También ha representado a su equipo en concursos celebrados en Estados Unidos, donde obtuvo destacados resultados internacionales tanto en pruebas colectivas como individuales. A ello se suman participaciones en eventos de gran prestigio y su incursión en recorridos cada vez más exigentes dentro del salto ecuestre.
¿Un futuro en el modelaje?
A la par de sus estudios y la equitación, Emily también ha incursionado en el modelaje. En febrero pasado, la vimos desfilar en la New York Fashion Week, cerrando el desfile de Alonso Máximo con un vestido de la colección 'Morelia', inspirado en la memoria de la perrita schnauzer del diseñador. "Me empezaron a hablar de diferentes marcas o así, diseñadores y me di la oportunidad y me empezó a ir bien", revela en el podcast de El Compa Ozz. A pesar de que sus desfiles han sido un éxito, la joven no se ve en un futuro sobre las pasarelas, aunque tampoco cierra las puertas a esa opción.










