Corrían los años de la Segunda Guerra Mundial, 1942-1945, y el estallido de la misma provocó que la mayoría de la fuerza laboral masculina de la fábrica de guitarras Gibson en Kalamazoo, Michigan, sea reclutada por la milicia. Por ello, la empresa se vio en la urgencia de contratar a más de 200 mujeres para que se encarguen de continuar con la producción y cumplir con los contratos de guerra que, en escasa medida, aún tenía la famosa compañía.
Es aquí que este grupo de heroínas anónimas (muchas de ellas costureras y tejedoras locales) pasan a tener un papel protagónico en la historia. Aunque muchas mujeres se incorporaban a las fábricas para contribuir al esfuerzo bélico, hubo un grupo de ellas que se dieron a una tarea inesperada, que fue la fabricación de guitarras Gibson.
Esta hazaña femenina, que ayudó notablemente a mantener vivo el legado de la conocida marca de guitarras, se dio a conocer gracias al trabajo de John Thomas, un profesor de leyes y periodista musical, con su libro Kalamazoo Gals: A Story of Extraordinary Women & Gibson's "Banner" Guitars of WWII, el cual se publicó el 26 de enero de 2013.
Fue así como el fino trabajo de luthería (el arte y oficio de construir, reparar, restaurar y ajustar instrumentos musicales de cuerda) llevado a cabo por estas mujeres toma un valor medular no solo en el compromiso laboral para reflotar una marca; sino, también en el esfuerzo casi quirúrgico en la elaboración de los diseños.
Según conocedores en artesanía legendaria, historiadores del instrumento y coleccionistas, afirman que estas mujeres aportaron un nivel de detalle, meticulosidad y delicadeza excepcional en el lijado y construcción de estas guitarras.
Por esta razón, las guitarras de la era "Banner" (nombre que lleva la línea de estas guitarras acústicas ensambladas por las chicas de Kalamazoo) están consideradas como una de las piezas con mejor sonido de la historia.
Las "Banner" son mundialmente famosas por llevar una pequeña calcomanía dorada en el clavijero con el lema "Only a Gibson is Good Enough" (Solo una Gibson es suficientemente buena). Debido a las restricciones gubernamentales en el uso de metales y maderas para la guerra, estas guitarras se construyeron de formas muy creativas.
Una vez terminada la guerra en el 45, los hombres regresaron a los talleres. El eslogan y la pancarta dorada se retiraron por completo de la línea de producción. En la actualidad, Gibson rinde homenaje a esta época dorada a través de reediciones históricas en su Custom Shop, replicando fielmente las especificaciones de los modelos "Banner" de 1942.
Un secreto y falta de reconocimiento
John Thomas encontró una fotografía en blanco y negro de la época de guerra, que fue tomada en la fábrica de Gibson en Michigan. En ese documento visual, vio que entre las 75 personas que posaban para la instantánea, casi todas eran mujeres. El periodista hizo su investigación y finalmente encontró a las chicas del anonimato de esa imagen.
Asimismo, Thomas descubrió que Gibson nunca reconoció oficialmente a las mujeres que fabricaron las guitarras durante los años de la guerra. El armado de guitarras se había detenido por completo para fabricar suministros militares y municiones.
De hecho, la historia oficial de la Gibson sugiere que la producción cesó por completo en ese lapso bélico. Al reflexionar sobre los motivos de este secretismo, Thomas propone que los ejecutivos temían que los posibles compradores no aceptaran los instrumentos fabricados por mujeres.
Las historia de las chicas de Kalamazoo pasa a ser un testimonio de empoderamiento que la da una profundidad emotiva a esta investigación llevada a cabo por Thomas. Mujeres que vivían dentro de un mundo de hombres, en época de guerra y que mantuvieron vivo el legado de la Gibson, en la oscuridad.
Un claro testimonio del espíritu femenino y esa inagotable capacidad para convertirse en dadoras de vida por naturaleza. Sin lugar a dudas, una gran contribución que llegó a salir a luz.









