En una generación en la que los niños están acostumbrados a crecer rodeados de pantallas y aplicaciones, Adamari López ha dejado claro que en su hogar la educación y los valores tradicionales tienen prioridad sobre la tecnología. La actriz puertorriqueña insiste en que la disciplina y el respeto a las reglas son pilares fundamentales en la crianza de su hija de 11 años, Alaïa; pues reveló que la niña lleva castigada casi un año sin celular como una forma de poner límites luego de que su hija tomara decisiones adultas sin medir las consecuencias.
Adamari reveló que una su hija perdió no sólo el privilegio de tener un teléfono, sino también la confianza de mamá al no tomar en cuenta su autoridad. Según relató la presentadora, todo sucedió hace un año, cuando se encontraba en Uruguay grabando ¿Quién Caerá?. "Yo le di teléfono a Alaïa para poder comunicarme con ella después de la separación de Toni", dijo durante el reciente episodio de su podcast Ada y Chiqui, de show.
Alaïa llegó temprano a casa luego de pasar un día con su padre, y al tener tiempo libre, tomó el teléfono para charlar con el hijastro de Chiquibaby, quien en ese entonces tendría 19 años y la invitó a jugar videojuegos con otro amigo. Aunque todo fue de la manera más inocente, Alaïa tomó la decisión de ir, sin pedirle permiso a su mamá a pesar de que podía comunicarse con ella y mucho menos solicitar que alguien la acompañara, pues no estaba sola en casa.
Según recuerdan, Chiquibaby, su esposo e hija no estaban en el país, pero en su casa también había otras personas de confianza que conocen bien a Adamari y a Alaïa. "Javi sigue siendo un adulto, un niño más grande y Alaïa sigue siendo una niña menor de edad", recalcó Adamari.
Una decisión, una consecuencia
"Esa decisión de ella, sin contar conmigo, hizo que yo perdiera confianza en Alaïa", agregó López sobre lo mucho que afectó a las reglas en el hogar. "Fue una gran sorpresa para mí que ella, a los 10 años se sintiera tan empoderada y dijera: ‘Yo tengo la libertad de irme a casa de Chiquibaby, solamente anunciándole a mi mamá que me voy a ir’, sin que yo le diera permiso", expresó.
Y es que en casa las reglas para una niña menor de edad son claras, y el no haber tomado en cuenta a la autoridad tuvo consecuencias: "Alaïa no sale sola de la casa, Alaïa no se va sola a ningún sitio. Ella de repente tomó una decisión de una persona adulta. ¿Y sabes qué? No le he dado el teléfono hasta el sol de hoy y no se lo pienso dar". Decidida a seguir con el castigo, agregó: "Perdió privilegios porque una conducta que no tiene una consecuencia es una conducta que se repite".
Para Adamari, el celular no es un derecho adquirido, sino una herramienta que debe usarse con responsabilidad, y por eso no duda en imponer límites estrictos cuando siente que su hija necesita recordar quién marca las normas en casa.










