Cuando las luces se encendieron en el Levi’s Stadium de Santa Clara para el medio tiempo del Super Bowl LX, el espectáculo que se desplegó no fue solo un concierto: fue una narración que tejió música, símbolos y paisajes en una sola experiencia. Bad Bunny, el artista puertorriqueño que llegó a este espacio tras años de dominio global y momentos definitorios -como su victoria histórica en los Grammy con Debí Tirar Más Fotos, el primer álbum íntegramente en español en ganar Álbum del Año- convirtió los minutos del descanso en una cartografía de identidad y presencia latinoamericana.
Desde el primer paso sobre el escenario, Benito Antonio Martínez Ocasio llevó la narrativa mucho más allá del estadio. La escenografía, construida a partir de paisajes que remitían a la costa, la montaña y el mar de Puerto Rico, funcionó como un hilo conductor entre su historia personal y uno de los escaparates más vistos del planeta. Tití me preguntó marcó el arranque del show: vestido completamente de blanco, Bad Bunny caminó entre campos de caña mientras el estadio se transformaba en una postal de su infancia. “Mi nombre es Benito Antonio Martínez Ocasio, si estoy aqui es por que nunca deje de creer en mí, así que tu tambien tienes que creer en ti”, expresó el artista conmovido, mientras la atmósfera festiva se iba apoderando poco a poco de los corazones de los asistentes.
A ese inicio le siguieron Yo perreo sola, Safaera y VOY A LLeVARTE PA PR, canciones que detonaron la euforia colectiva mientras la icónica ‘Casita’ se consolidaba como el eje visual del espectáculo. Más que un elemento escenográfico, fue una evocación directa a la memoria doméstica y comunitaria. Desde ese espacio, figuras como Jessica Alba, Pedro Pascal , Cardi B, Karol G y Young Miko se sumaron a la celebración al ritmo de temas como EoO y MONACO.
Uno de los momentos que marcó un quiebre emocional llegó con la aparición de Lady Gaga, quien tomó el escenario para interpretar una versión salsa de Die With a Smile. El gesto cobró una dimensión especial al tratarse de dos artistas cuyas trayectorias están atravesadas por historias de migración, identidad y reinvención cultural, convirtiendo la colaboración en algo más que un simple dueto.
La carga simbólica se intensificó cuando apareció en pantalla la frase: “Mientras haya vida uno debe amar lo más que pueda”, antesala de BAILE INoLVIDABLE. En ese instante, Bad Bunny tomó de la mano a Gaga y la invitó a bailar, sellando el momento con una cercanía que desbordó el guion del espectáculo. El segmento cerró con NUEVAYoL, reafirmando el cruce constante entre raíces latinas y experiencia migrante que ha atravesado su obra reciente.
Tras ese clímax, Ricky Martin emergió entre los campos de caña, también vestido de blanco y portando un sombrero tradicional puertorriqueño. Su interpretación de LO QUE LE PASÓ A HAWAii añadió otra capa de lectura al show, conectando distintas generaciones de artistas boricuas en un mismo escenario y subrayando la continuidad de una narrativa cultural compartida.
El recorrido musical continuó con El apagón y CAFé CON RON, reforzando la idea de un setlist concebido como viaje emocional. Las canciones dialogaron entre distintas etapas de su carrera y los temas de Debí Tirar Más Fotos, álbum leído como una carta íntima a los afectos, los recuerdos y las referencias culturales que han moldeado su identidad artística. Ritmos urbanos, reguetón, salsa, plena, bomba y ritmos caribeños convivieron sin perder coherencia ni centro.
Hacia el cierre, Bad Bunny mencionó a todos los países del continente americano, un gesto que amplió el mensaje de pertenencia y comunidad. El espectáculo culminó con una gran fiesta en el centro del estadio al ritmo de DtMF, rodeado de personas de todas las identidades, como una imagen final de diversidad y celebración colectiva, mientras en las pantallas del recinto se proyectaba la frase: "Los único más poderoso que el odio, es el amor", una mantra que Benito ha tomado como su bandera en el recorrido que ha hecho por el mundo con su gira Debí Tirar Más Fotos.
Una boda en medio el show
Antes de la aparición de Lady Gaga, el espectáculo regaló uno de los momentos más emotivos de la noche. Lo que en un inicio parecía una representación escénica de una boda boricua terminó siendo, en realidad, una ceremonia auténtica y legal, celebrada en pleno escenario y ante millones de espectadores.
El impacto del show de Bad Bunny
La narrativa del medio tiempo se sostuvo en cada decisión visual y coreográfica. La puesta en escena, lejos de ser decorativa, habló de comunidad, pertenencia y de la potencia de contar historias desde una posición cultural específica. En ese sentido, el show operó también como un acto de resistencia artística: visibilizar la cultura latina con orgullo y profundidad simbólica en uno de los espacios mediáticos más poderosos del mundo.
Más allá del impacto inmediato, el espectáculo dialogó con la propia trayectoria del artista. Las imágenes y la música recordaron que el camino de Bad Bunny no se explica solo desde el éxito comercial, sino desde una afirmación constante del idioma, los paisajes y las narrativas de su mundo. Cuando las luces se apagaron, quedó la sensación de haber presenciado algo más que un show: una declaración de presencia cultural que resonó mucho después del último acorde.













