En los últimos años, las cirugías estéticas han dejado de ser un tema reservado solo para adultos, convirtiéndose en una conversación cada vez más frecuente entre jóvenes. Las redes sociales, el uso de filtros y estándares de belleza que se replican en la web nos hacen presas fáciles de mandíbulas definidas, mejillas hundidas y rostros angulados considerándolos sinónimo de “belleza.
En este sentido, uno de los tratamientos que más ha ganado popularidad en los últimos años es la bichectomía, una cirugía que consiste en le retiro parcial de las bolas de Bichat, cúmulos de grasa ubicados en las mejillas, debajo de los pómulos que dan al rostro una apariencia más redonda. Aunque su nombre suena técnico, el procedimiento se ha vuelto muy conocido —y solicitado— gracias a la gran cantidad de celebridades, e influencers que se han sometido a este procedimiento.
Sin embargo, hay algunas consideraciones que debes conocer antes de darle el "Sí" a la bichectomía, y no olvides que no existe un solo tipo de belleza. Cada persona la encarna a su manera, más allá de modas, filtros o expectativas externas.
¿Qué es la bichectomía y cuándo está indicada?
La bichectomía no es un procedimiento nuevo ni, por sí mismo, negativo. De acuerdo con especialistas en estética facial, puede ser una opción válida cuando está bien indicada y es realizada en pacientes que son candidatos. Generalmente, se recomienda en personas jóvenes con rostros redondeados, que tienen buena calidad de piel y no presentan signos de flacidez.
“El problema no es la cirugía en sí, sino cuando se realiza por moda y no por una verdadera indicación médica”, explica el doctor Eduardo Cardona, profesor y especialista en estética avanzada.
La influencia de las redes sociales
El auge de la bichectomía coincide con la tendencia a compartir imágenes del rostro perfecto. Los filtros que afinan facciones y algoritmos que repiten un mismo tipo de belleza han influido directamente en la percepción que las personas —especialmente las más jóvenes— tienen de sí mismas.
Cada vez es más común que adolescentes y mujeres en sus veintes consideren procedimientos permanentes sin que su rostro haya terminado de madurar. Sin embargo, aunque en estos casos los efectos no deseados no siempre aparecen de inmediato, esto no es garantía de que no se manifiesten con el paso del tiempo.
Menos no siempre es más
Las bolas de Bichat cumplen una función estructural y protectora en el rostro. Su eliminación excesiva o innecesaria puede derivar en consecuencias como hundimiento prematuro del tercio medio facial, apariencia envejecida, asimetrías, pérdida de soporte e incluso daño a estructuras nerviosas o glandulares.
Hoy, la estética moderna apunta hacia un enfoque más conservador, donde se prioriza la preservación del volumen natural, la calidad de la piel y la armonía a largo plazo. La idea ya no es transformar el rostro para que se adapte a una tendencia, sino acompañar sus rasgos de forma respetuosa.
Decisiones informadas
Más que desalentar o promover procedimientos estéticos, la intención es invitarnos a reflexionar y promover la toma de decisiones más informadas. Entender que no todo lo que está en tendencia nos viene bien a todos es imprescindible, pues un buen resultado estético no responde a modas, sino a criterios médicos y decisiones reflexionadas.
La responsabilidad es compartida. Por un lado, los profesionales de la salud tienen el deber de evaluar, informar y orientar con honestidad. Por otro, los pacientes —sin importar la edad— merecen espacios de información clara que les permitan reflexionar antes de optar por cambios permanentes.
En un mundo donde la imagen se consume en segundos, detenerse a pensar puede ser el acto de autocuidado más importante. Porque la verdadera armonía no siempre está en la supuesta perfección o en parecerse a otros, sino en respetar y celebrar la historia, la edad y la anatomía de cada persona.








