Seis historias y una nueva vida

Cómo un arquitecto, una maestra y una informática se convirtieron en leyendas de la costura


Descubre los inverosímiles comienzos de algunos de los diseñadores más reconocidos y cómo reinventaron su carrera y su vida… para mejor


Una imagen del desfile de Paco Rabanne de Alta Costura P/V en 1991© Getty Images
6 de enero de 2026 - 7:05 CET

No todo el mundo tiene la suerte de poder decir que su carrera está realmente alineada con su verdadera pasión. Por eso, las historias de personas que decidieron reinventarse y dar un giro radical a su vida profesional nos resultan tan inspiradoras, especialmente cuando tomaron esa decisión en un momento en el que parecía “demasiado tarde” para empezar de cero. El 1 de enero, cuando el reloj marca las 00 h, comienza para muchos algo más que un nuevo año: se abre una ventana para replantearse caminos, recuperar propósitos olvidados y volver a conectar con ese sueño que quizá quedó guardado en un cajón durante mucho tiempo. No es un proceso sencillo, y contar con referentes que se atrevieron a dar el salto puede convertirse en un impulso motivador. 

Una imagen del desfile de Paco Rabanne de Alta Costura P/V en 1991© Getty Images
Una imagen del desfile de Paco Rabanne de Alta Costura P/V en 1991

Descubrimos seis historias de grandes nombres de la moda que, aunque hoy son auténticos iconos, iniciaron su trayectoria en ámbitos muy diferentes a esta industria vibrante, exigente y creativa. Ellos eligieron reimaginarse, incluso cuando el destino parecía apuntar hacia otro lado. Si ellos pudieron, tú también puedes. El momento perfecto siempre es ahora. Atrévete a dar el primer paso y a escribir tu propia historia desde la pasión.

Paco Rabanne

“El metalúrgico de la moda”. Así es como Coco Chanel apodaba -despectivamente- a Francisco Rabaneda y Cuervo, un título que lo acompañaría hasta el fin de sus días. Nació en 1934 en Guipúzcoa, aunque pasó la mayor parte de en Francia donde tuvo que exiliarse con su familia a los 5 años. Observando su legado, no resulta demasiado sorprendente descubrir que el modisto en realidad se formó en Arquitectura en la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes de París. 

Un retrato del modisto, Paco Rabanne, en su taller© Getty Images
Un retrato del modisto en su taller

Y es que, aunque su carrera poco tiene que ver con la edificación, su forma de entender el vestido innegablemente tenía algo de arquitectónico y escultórico. La moda ejercía un poder de atracción sobre el español superior al de la construcción y, sin duda, también ayudó el hecho de que su madre fuera la jefa de costureras de Cristóbal Balenciaga. “Hijo mío, no tienes derecho a estropear la belleza de una mujer”, le repetía siempre. 

Sin embargo, Francisco lo tenía claro: estaba dispuesto a romper con la forma de entender la moda que había imperado hasta el momento, cambiando las telas, las agujas y los hilos por las chapas de metal, el plástico, los martillos y los remaches. A los 30 años dio vida a su primera colección y, aunque no fue fácil, hizo historia. “Cualquier reconocimiento a mi trabajo me merece una importancia enorme, debido a las dificultades que he tenido. Al principio, la gente no comprendió nada, me insultaron… Pero seguí trabajando con mucha energía”, aseguraba el modisto a esta cabecera unos años antes de fallecer.  

Jane Fonda caracterizada de Barbarella© Getty Images
Jane Fonda caracterizada de Barbarella

Su debut fue en 1964 y en aquella época la conquista espacial estaba en plena efervescencia; solo cinco años más tarde el hombre pisaría la luna y Rabanne “tocaría las estrellas” con sus trajes galácticos de metal, que incluso dieron el salto a la gran pantalla con Jane Fonda como Barbarella (1968) y Audrey Hepburn en Dos en la carretera (1967). Un hombre visionario que hizo oídos sordos a las críticas y que demostró que seguir tu intuición puede llevarte a lo más alto.

Vivienne Westwood

Graduarse en Magisterio, casarse, dar clases en una escuela de primaria, formar una familia y vivir una vida “digna” y de lo más corriente era el camino que Vivienne Isabel Swire (Londres, 1941) estaba destinada a seguir. Paradójicamente, terminaría convirtiéndose en uno de los iconos más irreverentes, provocadores y rebeldes del fashion system, además de una de las primeras en denunciar públicamente los efectos negativos de la industria en el medio ambiente. Pero… ¿qué catalizador puede haber en tu vida para dar un giro así de radical? 

La trayectoria de la reina del punk no fue nada lineal, y es que dio varios saltos hasta dar con su verdadera vocación. Se formó como herrera en una escuela local de Londres, trabajó en una fábrica y, posteriormente, se graduó en Magisterio para ejercer de profesora de primaria unos pocos años. Su vida sentimental jugó un papel fundamental en su carrera profesional. Después de un breve matrimonio con Derek Westwood -de quien tomaría su icónico apellido-, comenzó lo que solo sería el principio de una nueva (y mejor) vida. Porque, como se suele decir, cuando una puerta se cierra otra se abre, y ante una pérdida o adversidad suelen surgir nuevas oportunidades. 

La top Carla Bruni en el desfile de Vivienne Westwood prêt-à-porter P/V en1997© Getty Images
La top Carla Bruni en el desfile de Vivienne Westwood prêt-à-porter P/V en1997

Para Westwood, esta puerta fue conocer a Malcolm McLaren, mánager de la banda de rock Sex Pistols, quien se convertiría en su segundo marido, además de su socio. Juntos emprendieron la aventura de abrir una boutique en el 430 de la King’s Road de Londres bajo el nombre Let It Rock. Fue mucho más que una tienda, pues este espacio se convirtió en un punto de encuentro para los punks más famosos de la época. Sus diseños con eslóganes provocativos captaron la atención de un público juvenil y rebelde y de algunas de las bandas de rock más emblemáticas de la época. En poco tiempo, dio el salto a las pasarelas. París y Londres se convirtieron en los escaparates de una creatividad excéntrica, anárquica y sin límites. Así nació la leyenda de Vivienne Westwood, demostrando que incluso los caminos más anodinos pueden terminar en destinos extraordinarios.

Isabel Sanchís

Se podría decir que la diseñadora ha tenido dos vidas, claramente separadas y definidas. Originaria de Benaguasil, Valencia, siempre tuvo claro que su verdadera pasión era la moda -ya en su adolescencia disfrutaba diseñando y confeccionando vestidos para sus amigas-. Sin embargo, la vida no la llevó directamente por ese camino, y antes de dedicarse a la confección que tanto anhelaba pasó mucho tiempo trabajando en las oficinas de unos grandes almacenes. 

Modelos en los desfiles de O/I 2025 y colección nupcial P/V 2026 de Isabel Sanchís© Getty Images

En los 80 se armó de valor y dejó su trabajo para abrir un pequeño taller de costura en Valencia. Este fue el primer paso para convertirse en la diseñadora reconocida internacionalmente que es hoy. En 1990 presentó su primera colección y, desde ese momento, su éxito ha sido imparable. Sus creaciones tardaron poco en conquistar su entorno, y su fama en expandirse por todo el país y ¡más allá de nuestras fronteras!

Tom Ford

El tejano es la prueba viviente de que cuando varias disciplinas te llaman la atención, ¿por qué no tantearlas todas hasta dar con la tuya? Aunque no acertó a la primera, si algo tenía claro es que, de una forma u otra, acabaría trabajando en un ámbito creativo. Antes de convertirse en la leyenda de la moda que es hoy, exploró varios caminos. Pasó su infancia en los suburbios de Houston y San Marcos, y ya en esa época apuntaba maneras destacando por su exquisito y perfeccionista gusto a la hora de vestir. A los 17 años se mudó a Nueva York para estudiar Historia del Arte. 

El diseñador Tom Ford en una fotografía© Getty Images
El diseñador Tom Ford

Después, decidió probar suerte como actor en Los Ángeles y tras una breve, pero exitosa carrera -más adelante seguiría explorando la industria como director-, decidió regresar a la universidad. Se graduó como arquitecto y diseñador de interiores en Parsons School of Design. Después, fue a la capital francesa a probar suerte en la moda, un universo que siempre le había llamado la atención y consiguió unas prácticas en Chloé, donde terminó de enamorarse de la industria. 

Pero si algo lo llevó a lo más alto fue su perseverancia y confianza en sí mismo. Llamó (varias veces) a las puertas de los diseñadores Cathy Hardwick y Perry Ellis hasta conseguir captar su atención y colaborar con ellos. Y el resto ya es la leyenda que conocemos hoy y que llevó a Gucci y Saint Laurent a lo más alto con su sofisticada sensualidad a finales de los 90 y principios de los 2000.

Vera Wang

Cuando recibimos una mala noticia, a veces creemos que es el fin del mundo y parece que nada tiene solución. Vera Wang, la mente detrás de los vestidos de novia más codiciados de los últimos tiempos, tuvo que escuchar varios “noes” a lo largo de su vida que fueron trazando su camino para llegar hasta donde está hoy. Nacida en Nueva York en 1949 de padres chinos inmigrantes, Vera disfrutó de una infancia privilegiada en el Upper East Side de Manhattan. A los seis años comenzó a patinar sobre hielo, pero tras no lograr clasificarse para los Juegos Olímpicos, decidió abandonar el patinaje para centrarse en sus estudios. Se formó en Historia del Arte, pero su pasión por la moda la llevó a buscar unas prácticas de redacción en la edición norteamericana de Vogue, donde permaneció dieciséis años. 

Adriana Lima en el desfile prêt-à-porter de Vera Wang P/V de 1999© Getty Images
Adriana Lima en el desfile prêt-à-porter de Vera Wang P/V de 1999

Sin embargo, en 1985, después de “perder la batalla” contra Anna Wintour por el puesto de editora jefe, decidió abandonar la publicación para seguir ligada a la moda de otra manera completamente distinta. De nuevo, las grandes crisis son grandes oportunidades y la experiodista buscó la suya en el otro lado de la moda. Vera se unió al equipo de Ralph Lauren como directora de diseño y dos años más tarde se lanzaría a abrir su propio taller, revolucionando el universo de la moda nupcial y del prêt-à-porter. En alguna ocasión, diseñó trajes para patinadoras artísticas, cumpliendo de otra manera el sueño que ella no pudo alcanzar, pero que, sin embargo, la llevó a lo más alto de la moda.

Paul Smith

El destino es caprichoso e impredecible y suele ponernos delante una serie de curvas y quiebros antes de alcanzar nuestra meta final. De no haber sufrido un accidente de bicicleta a los 17 años -que le provocó varias fracturas y le obligó a pasar seis meses ingresado en el hospital- es muy probable que el fenómeno de Paul Smith nunca hubiera existido. 

Un retrato del diseñador Paul Smith en su estudio de Londres, en 1992.© Getty Images
Un retrato del diseñador Paul Smith en su estudio de Londres, en 1992.

Nacido en Nottinghamshire en 1946, su futuro parecía encaminado hacia el ciclismo profesional. Sin embargo, aquel suceso le “arrojó”, nunca mejor dicho, al mundo del diseño. Durante su convalecencia hizo nuevas amistades que le abrieron los ojos a las artes visuales y la moda. 

Fue entonces cuando conoció a su mujer, Pauline (sí, son Paul y Pauline), quien se había graduado en moda en el Royal College of Art de Londres, y en 1970 le animó a abrir una pequeña tienda de sastrería en el número 6 de Byard Lane, en Nottingham. De esos primeros trajes y camisas con apliques divertidos y botones de colores nació un estilo propio, marcado.

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