Ideas para sacarle el jugo a Londres en 48 horas

La capital británica da tanto de sí que es difícil abarcarla entera en un fin de semana. Nosotros vamos a intentarlo con esta ruta llena de planes para no perderse nada, desde el shopping a los imprecindibles monumentales.

by hola.com

VIERNES
Covent Garden y el West End [4 h]
Vital haberse pedido libre en el trabajo al menos la tarde del viernes para disfrutarla ya en Londres, donde podrá estrenarse el fin de semana zambulléndose en el ambiente de Covent Garden antes de asistir a un espectáculo en la Royal Opera House o alguno de los famosísimos musicales del West End. A la salida todavía estará abierto en la zona el restaurante más antiguo de la ciudad, Rules, en el que probar esa rara avis que es la buena cocina inglesa. Covent Garden y el vecino barrio del Soho, con sus restaurantes italianos y sobre todo chinos de muy buena calidad, rebosan siempre de animación para salir a cenar o tomar una copa.


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SÁBADO
De Buckingham al Soho [5 h]
Quienes no hayan estado nunca en Londres difícilmente podrán resistirse a plantarse ante el Palacio de Buckingham donde, si se coincide, incluso asistir a su archifotografiado cambio de guardia. Desde la residencia oficial de Su Graciosa Majestad, un paseo a través del parque de St. James conduce hacia los grandes iconos a orillas del Támesis: la Abadía de Westminster, en cuya verticalidad gótica se corona a los monarcas ingleses y se celebró la boda de Kate Middleton y el príncipe Guillermo, o, justo al lado, las aristocráticas Casas del Parlamento, el Big Ben o, entre tantos edificios con historia, el 10 de Downing Street, en el que reside el Primer Ministro. Cerca, la igualmente célebre plaza de Trafalgar Square, presidida por la columna del almirante Nelson y entre cuyas monumentales fachadas se encuentra la National Gallery, con una apabullante colección de pintura entre la que hay joyas del Renacimiento italiano o el Siglo de Oro holandés, o cuadros tan señalados como La Venus del Espejo o Jarrón con tres girasoles. A tiro de piedra se estará de lleno en el meollo de Piccadilly Circus, a cuyas espaldas los restaurantes del Soho se presentan como la opción más apetecible para comer sin perder tiempo unos deliciosos dim sum. 

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Compras, el British o grandes paseos [5 h]
Tras callejear por este barrio lleno de animación, las posibilidades de las inmediaciones son casi infinitas: desde curiosear por las mil y una librerías de Charing Cross o pasmarse ante el kitsch de China Town hasta ir a tomar el té a lugares tan exquisitos como el hotel Claridge’s o concederse unas horas de compras por las exclusivas Bond Street y Regent Street –en cuyo número 210 se encuentran los primorosos almacenes Liberty– o en la minúscula Savile Row, cuyos sastres llevan más de dos siglos vistiendo a la medida a reyes, magnates y celebrities. Mucho más asequibles y también cerca, las tiendas de Oxford Street, la calle comercial más larga de Europa o, para quienes tengan sed de más cultura, una breve incursión en el también relativamente próximo British Museum. En él, puestos a seleccionar lo mejor de lo mejor, enfilar hacia la sala que custodia la piedra de Rosetta que permitiera descifrar los jeroglíficos egipcios, la que alberga los mármoles del Partenón o las que exhiben los más magníficos relieves asirios, la Momia de Katebet o las piezas más señaladas del aqueménida Tesoro del Oxus. 

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A la noche, los fanáticos del jazz seguro tendrán en mente reservar una mesa en Ronnie Scotts, uno de los clubs más legendarios del planeta, en el que de paso cenar –sin esperar gran cosa de las viandas, eso sí– o simplemente tomar una copa. Y si el jazz no es lo suyo, quizá entonces mejor dejarse guiar por el paladar y seguir sondeando la cara más multirracial de la ciudad, en la que la comunidad hindú tiene un rol esencial. En el East End londinense, el barrio ya bengalí de Brick Lane es todo un must, con infinidad de instituciones con aroma a curry como los asequibles Aladin y Preem, además de una vida nocturna de lo más trendy por sus inmediaciones. Pero si se prefiriera una mesa en un indio al más alto nivel, pocos con el encanto de Bombay Brasserie y Chutney Mary, por cuyos alrededores tomar luego una copa entre los sloaneys, que es como le dicen con sorna a la gente bien de la zona de Chelsea. 

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DOMINGO
Un crucero por el Támesis [4 h]
Cuanto más tarde se tenga el vuelo de regreso más jugo podrá sacársele a esta última jornada, que los madrugadores podrían comenzar con una incursión en alguno de los grandes museos que no diera tiempo de ver ayer. Si se prefiriera tomárselo con algo más calma, entonces mejor encaminarse al embarcadero junto al Big Ben para emprender un crucero por el Támesis rumbo al barrio de Greenwich, cuyo mercadillo resultará bastante más auténtico que el famosísimo de Camdem, aunque, claro, éste siempre es otra opción. Durante el trayecto –muy turístico, sí, pero aun así precioso– irán aflorando a cada orilla del río el pasado y el más rabioso presente de la ciudad. Entre una barbaridad de edificios centenarios despuntan desde la cúpula de la Catedral de St. Paul hasta la Torre de Londres, desde la inmensa noria del London Eye y la Tate Modern al London Bridge, el Tower Bridge o el peatonal Millennium Bridge que diseñaran Norman Foster y Anthony Caro a la altura del distrito financiero de la City. 

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Una vez en Greenwich podrá recalarse por el Observatorio y el parque que cruza de medio a medio el famoso meridiano que le da nombre o, imprescindible, elegir la Trafalgar Tavern para una típica comida de pub en un local fundado en 1837, frecuentado por Charles Dickens y todavía hoy con un encanto que enamora. En función del tiempo que se tenga convendrá o no regresar al centro en barco, pero, si se hiciera, quizá sería éste el momento de despedirse de la ciudad por todo lo alto, y nunca mejor dicho. A los pies del embarcadero, la galáctica noria del London Eve asciende hasta 135 metros; un auténtico mirador desde el que se abarcan las descomunales hechuras de la ciudad y en el que jurarse, desde tan arriba, volver a por más en cuanto se tenga ocasión. 

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GUÍA PRÁCTICA

CÓMO MOVERSE
Dadas las distancias, probablemente se use mucho el transporte público, por lo que interesará adquirir una Travelcard para uno o tres días, cuyos precios varían según las zonas por las que se vaya a viajar, o la tarjeta inteligente Oyster Card, en la que se paga en función de lo que se use. La Travelcard se puede combinar con la London Pass [londonpass.es], otra tarjeta inteligente válida para 1, 2, 3 o 6 días con la que ahorrar en el acceso a las principales atracciones.

DÓNDE DORMIR
Lo peor de Londres es el alojamiento, ya que conseguir un hotel agradable, céntrico y no demasiado caro es tarea cuando menos complicada. Los presupuestos sin fisuras no tendrán sin embargo problemas dado que la ciudad anda sobrada de grandísimos hoteles como el Mandarin Oriental Hyde Park [mandarinoriental.com] –atención a su restaurante de Heston Blumenthal–, el Claridge’s [claridges.co.uk] o, entre tantísimos otros, hoteles boutique tan estilosos como el Relais Châteaux The Connaught [the-connaught.co.uk], tan bien situados como el Radisson Edwardian Mercer Street [radissonedwardian.com] o los seis deliciosos escondites integrados en Firmdale Hotels [firmdale.com]. Una opción interesante para encontrar alojamiento con estilo y a precio razonable es contactar con Up Town [uptownres.co.uk], que proporciona bed&breakfast en residencias privadas de alta gama por unos 140 € la habitación doble.

DÓNDE COMER
Puramente british, la estupenda cocina de St. John [26 St. John Street ] o Rules [35 Maiden Lane], el restaurante más antiguo de Londres, o, más asequible, una típica comida de pub en un local tan lleno de encanto como Trafalgar Tavern [Park Row], en Greenwich. Y para adentrarse en los sabores del Londres más étnico, restaurantes indios del prestigio de Bombay Brasserie [Courtfield Road], Chutney Mary [535 Kings Road] y Tamarind [20 Queen Street], con una estrella Michelín, o más populares como Aladin [132 Brick Lane] o Preem [120 Brick Lane], ambos en Brick Lane. Entre los restaurantes chinos, los de la asequible cadena Ping Pong [45 Great Marlborough Street y diez más por la ciudad] hasta los más exclusivos Yauatcha [15 Broadwick Street], Barshu [28 Frith Street] y Hakkasan [8 Hanway Place].

OCIO NOCTURNO
Piccadilly, el Soho y Covent Garden
son siempre un valor seguro, con una barbaridad de pubs y discotecas o templos del jazz tan míticos como Ronnie Scott's [47 Frith Street]. Más elegante, la zona de Chelsea y South Kensington, con algunos de los mejores clubs de la ciudad. Más rompedoras, las zonas de Hoxton y Shoredich, con locales tan decadentemente a la última como Loungelover [1 Whitby Street]. Favoritos de famosos y gente bien, como el tranquilo y sofisticado Blue Bar del hotel The Berkeley [Wilton Place], en el exclusivo barrio de Knightsbridge, o adorados por la gente guapa más joven, como Lonsdale [44-48 Lonsdale Road], para tomarse un buen cóctel en el corazón de Notting Hill. La oferta realmente es inmensa. Mejor consultar locales por zonas en webs como drinksinlondon.com o londontown.com/nightlife/.

COMPRAS
La oferta en inabarcable: desde centros comerciales tan icónicos como Harrod’s y Liberty o los bastante más módicos que se suceden a lo largo de Oxford Street hasta calles que son la quintaesencia del lujo, como Bond Street, Regent Street, Sloane Street, King’s Road o Savile Row, y por supuesto divertidos mercados como los más famosos de Portobello Road, Camden, Covent Garden, Petticoat Lane o Greenwich Market, entre otros.

MÁS INFORMACIÓN
Turismo Británico
visitbritain.es

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