48 horas en… Dublín

“Si no te gusta el tiempo —dice el dublinés—, espera cinco minutos”. Cambiante como su meteorología, bulliciosa y joven, Dublín te recibe con un torrente de vitalidad. Hay mil razones para una escapada a la capital irlandesa, desde las casas georgianas a la música en cada esquina, los pubs, la pasión por los libros o el sabor de la cerveza negra.

by MIRIAM QUEROL

VIERNES
Temple Bar (3 HS)

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El alegre murmullo de Dublín resuena el viernes por la tarde, el mejor momento para zambullirse, recién aterrizado, en el ambiente jovial de su barrio insignia: Temple Bar, sanctasantórum de la cerveza negra, el whiskey —escríbase con e para diferenciarlo del escocés— y la música folk. En esta madeja de encantadoras calles medievales no hay esquina sin pub, ni pub sin Guinness tirada con toda la ciencia —y paciencia— del buen irlandés. Ya lo decía Leopold Bloom, el protagonista del Ulises de Joyce: “Buen rompecabezas sería cruzar Dublín sin pasar frente a una barra”. Lo mejor es dar un paseo primero, curiosear entre los músicos callejeros y los cientos de jóvenes de todas las nacionalidades que aquí se reúnen, antes de animarse a entrar en alguno. El que toma prestado el nombre del barrio, The Temple Bar Pub, no solo es el más fotografiado, también ofrece una buena colección de whiskeys. Mulligan's tiene fama de servir la mejor Guinness de Irlanda y es popular entre los reporteros del cercano The Irish Times, que también se juntan en Palace Bar. Oliver St. John Gogarty es célebre por las sesiones de música.

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Un poco más hacia el este, aún al sur del río Liffey, el hervidero turístico se dispersa y la ciudad muestra su cara más local y bohemia. La ‘ruta de las pintas’ recala aquí por pubs centenarios como el Stag's Head, de decoración victoriana, o tabernas culturetas como Grogan's Castle Lounge, donde también se puede tomar algo de picar. Los trasnochadores deben tomar rumbo al sur, dirección Wexford y Candem St., donde se encuentran algunos de los locales más indies, como Solas y Anseo, o discotecas como Tripod, asentada sobre una antigua estación de tren. A las tres de la mañana echan el cierre y Dublín finalmente duerme.

SÁBADO
Grafton St.-Abbey Theatre (10 HS)

Lo primero que se impone el sábado por la mañana es un buen desayuno irlandés (full irish breakfast), una versión contundente del británico que incluye black y white pudding (morcilla negra y blanca), huevos, tomate, panceta, pan de soda y, en ocasiones, porridge (papilla de avena). Es un clásico tomarlo en Bewleys, un salón de té de 1835 situado en plena Grafton St., la arteria comercial más palpitante de la parte sur de la ciudad. De nuevo, desde bien temprano, la música celta, las recurrentes versiones de U2 o un cuarteto de cuerda animan cada esquina, entre elegantes boutiques como Brown Thomas, una de las tiendas más exclusivas de Dublín.

Pero el verdadero corazón de la ciudad es mucho más silencioso que Grafton, y se esconde a la vuelta de la esquina, donde se levanta con toda solemnidad el Trinity College, bellísima universidad de estilo isabelino fundada en 1592. Es una delicia pasear por el campus rodeado de edificios victorianos, auténtico oasis de paz en medio del bullicioso centro de la ciudad, y por supuesto, entrar en su majestuosa biblioteca, donde las grandes figuras de la literatura irlandesa —Bram Stoker, Oscar Wilde, W. B. Yeats, Samuel Beckett...— pasaron largas horas estudiando. Entre los más de cuatro millones de libros que atesora, el más valioso es el de Kells, un delicado manuscrito con hermosas ilustraciones realizado por monjes celtas en el año 800.

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Quien haya disfrutado de la riqueza y exquisitez de los libros hará bien en entrar en la Chester Beatty Library, un pequeño museo ubicado junto al castillo de Dublín que reúne la colección de un magnate americano apasionado por códices, manuscritos y pergaminos de oriente y de occidente. Su jardín japonés, en la parte superior, y su agradable cafetería en el atrio acristalado invitan a un oportuno descanso. Y si no se ha encontrado ningún capricho en la tentadora tienda del museo, siempre se puede rebuscar entre los libros, vinilos y cachivaches polvorientos del George's St. Arcade, un mercadillo de ropa, joyas y antigüedades al abrigo de una elegante galería del siglo XIX, a pocas manzanas del museo. Entre sus puestos también se encuentra alguna tienda gourmet, pero para picar algo merece la pena acercarse al Meeting House Square, a solo 200 metros, un pequeño mercado alternativo donde comprar productos ecológicos y comida japonesa o india para llevar si es la hora del lunch, el mejor momento para visitar el parque St. Stephen's Green.

A escasos metros al sur del Trinity College, y flanqueado por elegantes casas de estilo georgiano, este parque con estanque, quiosco con actuaciones musicales y mucho césped es el pulmón verde de la ciudad. Menos concurrido y más romántico es Iveagh Gardens, a la espalda de St. Stephen’s, al que los dublineses llaman secret garden, con unas bonitas esculturas de piedra y un ambiente misterioso. Lo malo es que en Dublín, incluso en verano, la lluvia hace acto de presencia casi a diario, por lo que es necesario trazar un plan B. La National Gallery, con obras de Vermeer, Velázquez o Caravaggio, la National Library, con buenas exposiciones, o el National Museum, con interesantes restos arqueológicos, se encuentran en los aledaños del parque.

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En la parte norte de la ciudad, cruzando el río Liffey, también se descubren interesantes alternativas. Además de curiosear por las tiendas que abarrotan O'Connell St., la otra gran calle comercial de la ciudad dominada por The Spire, una escultura de 120 metros en forma de mástil, es recomendable visitar la Hugh Lane Gallery of Modern Art, que muestra, tal cual, el estudio del irlandés Francis Bacon. A solo unos metros, en la misma plaza, se sitúa Chapter One, restaurante de comida local que ocupa el sótano del recomendable Dublin Writers Museum. Tiene un menú pre-teatro para abrir boca de quienes hayan comprado unas entradas para el mítico Abbey Theatre, situado a escasos metros, que recogen y entregan en la mesa. Una manera literaria de rematar la velada.

DOMINGO
Catedrales- Guinness Storehouse (6 HS)

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Nada más instructivo para desperezarse el domingo por la mañana que la visita a las catedrales. Christ Church Cathedral y St. Patrick's Cathedral, a escasos metros la una de la otra, ofrecen una visión global de la historia antigua de Dublín. La primera fue construida por los normandos en 1172. De pocos años después es St. Patrick (1191), que durante la conquista de Cromwell en 1649 fue utilizada como establo. En el interior de Christ Church representan Dvblinia, una recreación del Dublín vikingo diseñado para niños. Los domingos, además, se puede escuchar la misa cantada. Después hay que hacer lo que todo parroquiano: tomarse una pinta y algo para picar en un acogedor pub. El precioso Brazen Head, fundado el siglo XII, es el más antiguo de la ciudad y está muy cerca.

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Para rematar la lección de historia hay que recorrer el tradicional barrio de Liberties, repleto de anticuarios y galerías, hasta llegar a la trágica Kilmainham Gaol, la prisión donde fueron ejecutados durante el dominio inglés las figuras más importantes del nacionalismo irlandés. Quien busque una actividad más amable, puede embelesarse en el cercano Irish Museum of Modern Art, ubicado en un antiguo hospital ajardinado del siglo XVII, antes de dirigirse al destino irrenunciable de todo turista en Dublín: la fábrica de Guinness.

Levantada sobre un antiguo almacén de grano, la Guinness Storehouse es una especie de parque de atracciones dedicado a la cerveza negra: audiovisuales, espectáculos y tiendas giran alrededor de las bondades de esta bebida, elaborada con malta de cebada tostada, que se ha convertido en el símbolo del país. No hay nada mejor que despedirse de Dublín con una pinta de Guinness en la mano desde el Gravity Bar, en el último piso de la fábrica, que regala una fantástica vista panorámica de la ciudad.

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GUÍA PRÁCTICA

Cómo moverse
El centro de Dublín es muy manejable a pie. Para distancias más largas, los dublineses usan la bici, pero hay una línea municipal de autobuses bien señalizada. Los autobuses turísticos y las principales atracciones están incluidas en la tarjeta The Dublin Pass (dublinpass.ie). Otra opción es realizar un recorrido turístico a pie como el que ofrece Walking Tours of Historic Dublin (historicalinsights.ie).

Dónde dormir
El B&B Number 31 (number31.ie), que ocupa una casa de estilo georgiano, tiene fama de servir uno de los mejores desayunos irlandeses de la ciudad. The Shelbourne (marriott.com), exquisito hotel donde se alojó Grace Kelly, está ubicado frente al St. Stephen Green. The Merrion (merrionhotel.com), un poco más alejado del centro, es el hotel más lujoso de la ciudad. Una opción original es Merrion Mews (irishlandmark.com), una casa de alquiler del siglo XVIII que ocupa las caballerizas de la guardia montada.

Dónde comer
Además del Chapter One (chapteronerestaurant.com), los restaurantes más reputados de la ciudad son el Cellar Restaurant, del Merrion Hotel, el Thorntons, del Fitzwilliams Hotel (thorntonsrestaurant.com), y el Patrick Guilbaud (restaurantpatrickguilbaud.ie). Para algo más informal, The Widding Stair (winding-stair.com), curioso bar librería a rebosar, The Church Cafe (thechurch.ie), ubicado en una antigua iglesia, o Cobalt Cafe (16 N Great Georges St), un divertido local lleno de cachivaches y antigüedades, son buenas opciones para el lunch.

Ocio nocturno
Los pubs abren desde por la mañana —permiten la entrada a niños hasta las 18.00 o 19.00—, pero por la noche programan actuaciones en directo. Hay más de mil en toda la ciudad y en casi todos la cerveza y el whiskey son de primera. Destacan The Temple Bar Pub (thetemplebarpub.com), Mulligan's (mulligans.ie), Palace Bar (thepalacebar.com), Oliver St. John Gogarty (gogartys.ie), Stag's Head (stagsheadpub.com) y Grogan's Castle Lounge (groganspub.ie) en Temple Bar y alrededores. Brazen Head (brazenhead.com) y Gravity Bar (guinness-storehouse.com), de la fábrica Guinness, en Liberties. Para los amantes del vino, la enoteca Ely Winebars (elywinebar.ie); para los trasnochadores, la zona de Wexford y Candem St; y para descubrir el Riverdance, baile tradicional irlandés, The Merry Ploughboy (mpbpub.com) y The Irish House Party (theirishhouseparty.com).

Compras
Las dos calles comerciales más concurridas de la ciudad son Grafton Street, al sur del río, y O'Connell, al norte. En el barrio de Liberties se descubren algunos anticuarios como O'Sullivan Antiques (osullivanantiques.com). La galería George's St. Arcade (georgesstreetarcade.ie) alberga desde antigüedades hasta accesorios y discos. En Temple Bar, los sábados montan en Cow's Lane un mercadillo de artesanía y diseño.

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