Una habitación con vistas a la Toscana

Qué mejor lugar para despertar al amor, o para revivirlo, que Florencia, la capital de esta región del centro de Italia. De la mano de una jovencísima Helena Bonham-Carter, que daba vida a la encantadora Lucy Honeychurch en la versión cinematográfica que James Ivory hizo de la novela de EM Foster, te proponemos un recorrido por esta aromática ciudad.

by hola.com

“Cada ciudad, permíteme que te diga, tiene su propio olor”. Con esta frase Miss Lavish, una de las excéntricas huéspedes de la Pensione Bartolini de Una habitación con vistas, aleccionaba a la inexperta Lucy durante su primer paseo por Florencia. Las calles de la capital toscana tienen ciertamente un aroma especial en el que se trenzan el poso de una de las estampas más deslumbrantes de la historia del arte y ese arte de vivir en el que los italianos han sido siempre auténticos maestros.

Florencia comparte protagonismo en esta adaptación de la novela de EM Foster con la propia Lucy, la inglesita recién llegada de la campiña de Kent que despierta a la vida, y al amor, logrando desembarazarse del encorsetamiento y los remilgos de la sociedad victoriana en la que había vivido hasta entonces. Este galardonado filme de James Ivory se rinde sin tapujos a la gran dama del Renacimiento, salpicando con panorámicas soberbias de su fenomenal casco viejo infinidad de escenas del metraje: la tumba de Dante en la Basílica de la Santa Croce, donde un florentino se ofrece a acompañar a Lucy a admirar los frescos de Giotto; la Piazza della Signoria, en la que la joven se desmaya al presenciar una pelea y es recogida por el apuesto y enigmático George Emerson; las floridas colinas de Fiésole, por las que se besan por primera vez los protagonistas, con la ciudad entera a sus pies; o la icónica cúpula del Duomo como plano recurrente. Y, por supuesto, las vistas del Arno y el Ponte Vecchio que presiden la habitación que los Emerson les ceden a Lucy y a la prima solterona que la acompaña en su viaje.

Esa habitación era, precisamente, la 22 de la desaparecida pensión Quisisana, convertida hoy en la 414 del actual Hotel degli Orafi, que hace las veces de la Pensione Bartolini en la que coinciden todos los personajes. Otros interiores de la película fueron rodados en la dieciochesca Villa di Maiano, una magnífica residencia entre Fiésole y Settignano que puede alquilarse para grandes eventos.

Aunque no aparezcan en Una habitación con vistas, bien podría también imaginarse a Lucy y al joven Emerson emprendiendo un romántico paseo entre las fuentes y esculturas que adornan los jardines de Bóboli, dándose un atracón de arte ante las colecciones que albergan el Palazzo Pitti, la Galleria dell’Accademia o los Uffizi, o compartiendo con los lugareños una copa de chianti o de brunello en las tascas florentinas. Incluso caminando del brazo ante uno de esos atardeceres rojos que brinda la ciudad junto al río Arno, y hasta eligiendo su anillo de compromiso en las joyerías del más célebre de los puentes que lo cruzan: el Ponte Vecchio. Porque la capital de la Toscana, a pesar de las hordas de turistas que la toman al asalto en casi cualquier época del año, es un lugar de cine para vivir un romance.

Como si hubiera sido diseñada por una inspirada mano creadora, por las callejuelas medievales de su casco histórico van hilvanándose plazas a cual más monumental, más refinada y sublime, acotando su cogollo esencial. Desde la Piazza de la Santissima Annunziata, que en el siglo XIII fuera edificada para acoger el mercado semanal, hasta la della Signoria, un auténtico museo al aire libre presidido por la estampa del Palazzo Vecchio y por la réplica del David de Miguel Ángel, recalando a medio camino en la piazza del Duomo sobre la que la Catedral se alza imponente a escasos pasos del Battistero y el Campanile. O en el rombo imaginario que dibujan la pretenciosa Piazza della Repubblica y la de San Lorenzo -en cuyas inmediaciones se desparraman los tenderetes del mercado más vivo de la ciudad-, la de Santa María Novella y la de Santa Trinita, orillada a esa Via de Tornabuoni por la que se suceden las boutiques de lujo.

Grandes mecenas como los Medicis permitieron que el Giotto, Brunelleschi, Donatello, Botticelli, Miguel Ángel, Vassari o Leonardo dejaran mil y una pruebas de su talento dispersas por este fenomenal entramado de palazzos, piazzas e iglesias sobre el que gravitan sus barrios con más sabor, que se suceden también por el otro lado del Arno. Aunque más discreta, en la otra orilla del río aguardan tesoros tan deliciosos como la iglesia del Cármine y la del Santo Spirito, enotecas más auténticas que las del estricto centro, talleres artesanales que se dirían de otros siglos y, aupado tras los Jardines de Bóboli y la Porta San Niccolò, el mirador de Piazzale Michelangelo, desde el que admirar las vistas de toda Florencia; esas mismas que se han convertido en la pesadilla de todo recepcionista cuando un cliente acude pidiendo, precisamente, una habitación con vistas.

GUÍA PRÁCTICA

Cómo llegar
Vuelos directos de Madrid y Barcelona a Florencia, a partir de unos 110 €, con Meridiana. Vuelos y cuatro noches de hotel, a partir de unos 300 €, con Travelplan, en agencias; o las estancias más exquisitas a través de Atlántida Viatges o UpperClass.

Cuándo ir
Todo el año, aunque en pleno verano habrá que contar con todavía muchos más turistas que de costumbre.

Cómo moverse
Como mejor se disfruta Florencia es, simplemente, caminando. Todo, o casi, queda bien a mano.

Dónde dormir
Por supuesto en la Pensione Bertolini de la película, que en realidad es hoy el Hotel degli Orafi, un cuatro estrellas a orillas del Arno en el edificio de lo que fuera antaño un convento agustino. Otro con vistas que cortan la respiración desde muchas de sus habitaciones es el NH Porta Rossa, mientras que el Annalena conserva todo el encanto de las viejas pensiones florentinas. Y si se prefiere instalarse en las colinas de Fiésole que se admiran en Una habitación con vistas, pocos alojamientos más opulentos y deliciosos que la Villa San Michele.

Dónde comer
En mesas tan de garantía como La Giostra eIl Latini, o la más formal Enoteca Pinchiorri.

La ruta
Los escenarios florentinos que se admiran en la película afloran fácilmente en un paseo a pie por el casco histórico de la ciudad y una breve excursión a las colinas de Fiésole.

No dejes de…
Visitar el Palazzo dell'Arte dei Giudici e Notai que de día es museo y de noche se transforma en un selecto restaurante, donde además de unos interesantes frescos se puede contemplar el retrato más antiguo de Dante. También degustar unos crostini, acompañados de un buen vaso de chianti, en sus mil y una enotecas. Y acercarse, a ocho kilómetros, a Fiésole, que ofrece desde su mirador la última e incomparable panorámica con la que despedirse de Florencia.

Más información
Turismo de Florencia y Turismo de Italia.

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