Caprichos de una reina en el Loira / 1

Nuestra compañera Flavia Mayoral nos llevará, en un delicioso recorrido, por el verde valle del Loira. Aquí te presentamos la primera entrega. Suntuosos châteaux, bucólicos paisajes, habitaciones de ensueño, recoletos jardines, se suceden en un prodigio ininterrumpido. La magia y el encanto de otras épocas aún pervive. La dulce Francia, en el valle del Loira, es mucho más dulce.

by hola.com

Mi familia siempre insiste en decirme que soy la reina de mi casa, y a mí, que si algo me gusta es que me halaguen, no lo había puesto en duda; lo creía a pie juntillas, porque bien es cierto que desde que la habito no he dejado de empeñarme en cumplir con mi papel. También es verdad que no todos los días es así y que hay momentos en los que más que reina ejerzo de princesa, de dama de compañía y, hasta en ocasiones, de doncella, pero hoy, tras dormir en el châteaux de Arpentis, en el verde valle del Loira, siento que sigo llevando mi corona.

Subo, bajo, entro, salgo, giro… me pierdo, me encuentro… he pasado varias horas entretenida con estos pasatiempos. Y me han resultado de lo más divertido. Todo empezó como un flechazo, cuando llegué ayer a la caída de la noche y descubrí la fachada de este recoleto castillo-hotel entre el tupido bosque. En ese instante empezó la atracción. Lo que ha seguido hasta ahora ha sido sorpresa tras sorpresa.

La más grande, casi tanto como sus dimensiones, la de encontrarme a solas en esta gran suite desde la que os escribo, en la planta más alta del castillo. Son 120 metros a mi entera disposición. ¡Quién no se siente en sitios como éste una gran dama de las que deambulaban por estas estancias en otra época! Tengo mis caprichos, bien es verdad, pero como todos los días me puedo permitir algunos tan exclusivos como éste, hoy estoy disfrutando. Desde la cama king size puedo ver el bucólico paisaje en el que se ubica el castillo, rodeado de jardines y con un pequeño lago a los pies; la piscina a un lado, por la que pasaré sin duda en un rato.

La bañera en el centro de la habitación fue mi tentación nada más entrar en ella ayer y nada resultó más reconfortante que un baño de espuma -en el que, reconozco, perdí hasta la noción del tiempo- después de un día agotador recorriendo este valle del Loira, ejemplo de la douceur de vivre.

El día había comenzado demasiado pronto, cuando el tren-hotel en el que viajaba desde Madrid se detuvo en Blois y empezó este itinerario por este valle del centro de Francia en el que estoy embarcada durante varios días. ¿Me sigues?

Y decía lo de las sorpresas porque en el châteaux de Blois, el impresionante hogar de los reyes de Francia y de la Corte en el siglo XVI, me he quedado con la boca abierta cuando me he enterado de la historia de intrigas palaciegas más escandalosa del Loira: la del apuñalamiento, por orden del rey, del ambicioso duque de Guisa, dirigente de la Santa Alianza católica.

Sorpresa también ha sido el descubrimiento entre la vegetación del recoleto parque que enmarca el castillo de Clos Lucé de las máquinas y creaciones ideadas por el gran Leonardo da Vinci, que da nombre a este parque. Aquí, el tornillo de Arquímedes; allí, el helicóptero, más allá, la hélice voladora… y, al final, la antigua fortaleza donde el genial artista soñó, pensó y trabajó.

Para acierto, la de comer en este mismo castillo, en el Auberge du Prieuré, probar las exquisitas y originales recetas de época renacentista que prepara su maître Sieur Ausin y acabar tomando un café en la terrasse Reinaissance entre rosas rosae.

Y para seducción, la del ambiente del castillo de Chenonceau, conocido también como “el de las señoras”, ya que fueron las más ilustres damas del reino las que vivieron en él: Diana de Poitiers, Catalina de Médicis… He imaginado los bailes que debieron animar su impresionante galería, pero bien es verdad que impresionada he salido del aposento negro negrísimo de Luisa de Lorena, así que para compensar el impacto me he embarcado en un paseo por sus soberbios jardines “a la francesa”, desde los que se contempla la mejor estampa de este soberbio castillo-puente levantado sobre el río Cher.

Ahora, más tranquila, escribo estas impresiones. Un momento… Os dejo, creo que un amable joven llama a mi puerta para invitarme a perderme por el bosque del castillo… Creo que no voy a poder resistirme…

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