Empieza el verano en las playas de Brasil

Brasil está de moda estos días por el fútbol pero también por sus más de 9.000 kilómetros de costa, con un catálogo de playas a cual más perfecta.

by hola.com

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Los nombres de Copacabana e Ipanema se bastan y se sobran para transportar la imaginación hacia los arenales alfombrados de cuerpos perfectos jugando al voley en la playa o saboreando el sol y el desenfado del ambiente carioca. Río, la Cidade Maravilhosa que vigilan desde los alto sus característicos morros, no se conforma sin embargo con ser dueña y señora de las probablemente dos playas más famosas del planeta, y le despacha al viajero un buen puñado de sabrosas alternativas que no le ponen nada fácil el decantarse por una u otra, como la playa de Botafogo y sus vistas al Corcovado y el Pan de Azúcar, y las de Leblón o Prainha, entre las favoritas de los surfistas.

Pero si se buscan escenarios mucho más vírgenes sin alejarse demasiado, a unas dos horas al norte de Río, aparecen una veintena de playas con regusto a edén perdido en la península de Búzios y, rumbo al sur, las nada menos de dos mil que se reparten entre las ocho bahías y 365 islas de Angra dos Reis, como si se hubiera diseñado a propósito una para cada día del año. Poco más allá, lindando casi con el estado de São Paulo, el pueblecito colonial de Paraty encandila tanto por las incursiones en barca entre las playas cercadas de bosque atlántico que salpican sus inmediaciones como por el embrujo de las callecitas empedradas de este antaño puerto colonial, desde el que se embarcaba hacia Lisboa el oro y el café.

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Aun con semejante exceso, Brasil no puede reducirse a un destino meramente de playa. Por sus descomunales dimensiones aparecen muchas más ciudades coloniales, prodigios de la naturaleza de renombre mundial y un ambiente tan único que no parece exagerado afirmar que Brasil, antes que nada, es una forma de vida. De ahí que limitarse sólo a sus playas sea quedarse con una visión muy parcial de lo mucho que encierra; aunque la visión sea la viva imagen del paraíso.

A lo largo de sus más de 9.000 kilómetros de costa van asomando playas que se dirían insuperables, hasta que se llega a la siguiente. Como, en el sureño estado de Santa Catarina, la famosa entre los surfistas praia da Rosa de Imbituba y las prácticamente desiertas que asoman por los alrededores de esta bahía, considerada entre las diez más fotogénicas del mundo y a la que cada año, entre julio y noviembre, acuden las ballenas francas a aparearse y parir a sus crías. O las de Sancho y Conceição en el archipiélago de pecado de Fernando de Noronha y las del antiguo pueblecito pesquero de Porto de Galinhas, todas dispersas por el remoto estado de Pernambuco.

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Más al norte, en el de Ceará, las dunas y roquedos junto a las aguas increíblemente turquesa de Jericoacoara y, más arriba aún, el espejismo de los Lençóis Maranhenses. Este parque nacional, sin constituir verdaderamente playas, despliega desde la costa del estado de Maranhão un emocionante ecosistema de unos 300 kilómetros cuadrados salpicado de dunas blanquísimas. Éstas alcanzan alturas de hasta cuarenta metros y lagunas de agua dulce que pasan de todas las gamas posibles de azul hasta vestirse de un rabioso verde esmeralda, en uno de los escenarios más protigiosos de todo Brasil.



GUÍA PRÁCTICA

Dónde alojarse:
Hoteles de lujo en Río de Janeiro como el Pestana Rio Atlântica (www.pestana.com), con las mejores vistas sobre la playa de Copacabana desde la mayoría de sus balcones e incluso desde la piscina y el solarium del ático. También frente a este enorme arenal cercado por los característicos morros de Río se eleva el Copacabana Palace (www.copacabanapalace.com.br), todo un icono del glamour inaugurado en 1923 y por el que llevan décadas pasando ricos y famosos de medio mundo o el Windsor Atlantica (http://windsorhoteis.com.br/) donde se aloja durante el mundial la selección inglesa de fútbol.

Todo un descubrimiento en Búzios, el Casas Brancas (www.casasbrancas.com.br) un personalísimo hotel boutique con una treintena de habitaciones y spa frente a una costa de pecado. Muy cerca de la playa de Porto de Galinhas, el Nannai Beach Resort (www.nannai.com.br), con sus bungalós sobre pilotes y techos de paja entre los palmerales, casi parece un refugio en los Mares del Sur. Más exclusivo todavía, el Ponta dos Ganchos (www.pontadosganchos.com), camuflado entre la vegetación en un exquisito escondite del estado sureño de Santa Catarina y con el prestigioso sello de Relais Châteaux.

Gastronomía:
Si en ciudades como Río abundan restaurantes al más alto nivel, como el Carême (Rua Visconde de Carabelas, 113), el Aprazível (Rua Aprazível, 62) o el Cristóvão (Rua Gonçalves Dias, 32), en el segundo piso de la mítica Confitería Colombo, por la mayoría de las playas menos urbanas lo que predominan son los restaurantes populares en los que probar delicias de la cocina costera, o caiçara, presidida por frutas tropicales y platos de pescado fresco o mariscomo como los camarão casadinho y hasta el tubalhau, con carne de tiburón, además de platos tan típicamente brasileños como las feijoadas y moquecas.

En tu viaje a Brasil no te vayas sin…
Vivir también las playas en noches tan especiales como la de Fin de Año en Copacabana, con conciertos y fuegos artificiales, además de velas, flores y otras ofrendas para honrar a Iemanjá, la diosa del mar de la religión afrobrasileña, a la que también rinden culto pescadores y devotos cada 2 de febrero en la playa Rio Vermelho de Bahía.

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