Sociedad

Cayetano Rivera acude a un encuentro sobre el mundo del toro en Sevilla

El diestro quiso arropar a su apoderado, Curro Vázquez, en un evento celebrado en la Fundación Caja Sol de la capital hispalense

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Rubén Amón y Curro Vázquez

Aunque, por motivos de salud, Cayetano Rivera se encuentra apartado de los ruedos, el toreo sigue siendo su gran pasión. La mejor prueba de ello es que no quiso perderse el ‘Mano a mano’ que la Fundación Cajasol organizó en el Teatro Cajasol en Sevilla. Se trataba de un encuentro en el que Curro Vázquez, apoderado del hijo de Carmina Ordóñez y Paquirri, y el periodista Rubén Amón abordaron todas las conexiones que existen entre el mundo del toro y el del periodismo, bajo la batuta de José Enrique Moreno.

El moderador definió a Curro Vázquez como un “torero de toreros”. En efecto, además de tratar la situación actual que vive el universo taurino, habló de sus inicios y de cuándo le llegó la vocación en su Linares natal. “Cuando empecé a torear viajaba mucho con la cuadrilla de Fuentes. Allí estaba Joaquinito Zurito… habían conocido a Pepín y Manolete y contaban cosas maravillosas de aquella época… Me habría encantado haber alternado con Pepe Luis y Manolete”, confesó.

De este modo, pasó a contar cómo fueron sus inicios, en los tiempos de la plaza de Vistalegre. De hecho, Rubén Amón, que ha sido su biógrafo, aprovechó la ocasión para recordar la faena de la lluvia a un toro de Alcurrucén en la plaza de Madrid. Aquel día toreaba con Ojeda y Finito, y el sanluqueño le dijo que él no toreaba así “ni de salón”. Curro, tal y como rememoró el comunicador, recibió la llamada de Manzanares contándole que le enseñaría esa faena a su hijo si un día decidía ser torero (como ocurrió).

El matador también quiso señalar la importancia del capote. “Es una prenda preciosa y lo primero que hay que saber es cogerlo; el lance a la verónica que más me ha gustado ha sido el de Paula, pero Ordóñez (abuelo de Cayetano) también ha sido un grande con el capote”.

Curro Vázquez consiguió triunfar en Madrid, pero no cosechó tanto éxito en Sevilla, como él mismo reconoció, “no terminé de entender a los toros o la gente no me entendió a mí, aunque un día pude torear bien un toro en la feria de San Miguel”. Frente a cerca de noventa tardes en Madrid, no se pronunció más de siete en la Maestranza.

“Entonces me quitaba el sueño y sufría mucho porque Sevilla me encanta, pero me acostumbré a vivir sin ese triunfo y me conformé con lo que me dio la vida”, apostilló.

Por último, también encontró tiempo para charlar sobre los últimos tiempos, y, en concreto, su labor como apoderado, que comenzó cuando Cayetano Rivera se adentró en la profesión.

“Nunca pensé que acabaría siendo apoderado, y en realidad, ni siquiera me gusta, pero les hablo con dureza, les exijo que estén preparados… Pero me parece desagradable decirle a un torero que tiene que arrimarse, lo que hago es hablar de toros con ellos. Cada torero es diferente…”, explicó. Y, esta vez, uno de ellos quiso arroparle en su gran tarde.

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