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La romántica y emotiva boda de Rosanna y Anaísa en Barcelona

La pareja se conoció en su Venezuela natal, pero la Ciudad Condal es su nuevo hogar, así que decidieron celebrar su boda en el espacio Can Pagés de la capital catalana

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Rosanna y Anaísa se dieron el 'sí, quiero' en una emotiva y romántica boda, que se celebró en Barcelona, su nuevo hogar.
©Dimitri Raven/ Fotoclip.es

Anaísa Eugenia López y Rosanna María Uva son dos venezolanas que pasaron por el altar el pasado 28 de septiembre en Barcelona.

Se conocieron hace nueve años gracias a una amiga en común, Isabella, y tras un tiempo de amistad, se dieron cuenta de que entre ellas existía algo más. Entonces decidieron darse una oportunidad, y descubrieron que estaban hechas la una para la otra.

Antes de mudarse a Barcelona, hicieron un viaje de cinco días a Los Roques, un archipiélago caribeño de aguas cristalinas y arena blanca. En este entorno de ensueño, Rosanna le pidió a Anaísa que se casara con ella.

Pero Anaísa también quería declararle su amor a Rosanna, así que una vez llegaron a la Ciudad Condal, le preparó a su novia una especie de ‘búsqueda del tesoro’. Le dejó pistas por todo los rincones de su piso que le condujeron hasta un anillo de compromiso.

Barcelona era su nuevo hogar, por lo que acordaron celebrar su gran día en el espacio Can Pagés, a apenas unos kilómetros de distancia de la capital catalana. Un refugio mediterráneo que enamoró a la pareja. Ambas supieron que el banquete y la fiesta debían tener lugar allí.

Un dúo de violoncelo y flauta se encargó de amenizar la ceremonia civil en la que la pareja se dio el ‘sí, quiero’.

La sobrina de Anaísa, Valentina, ejerció como la perfecta damita de honor y llevó los anillos al altar. Según cuenta la propia novia, la pequeña se tomó tan en serio su cometido que después de entregar los anillos, comenzó a preguntar cuándo pensaban devolvérselos. “¡Ya me los quiero poner!”, exclamó, provocando las risas de los invitados.

El otro momento más divertido de la boda fue el de la ‘hora loca’. Siguiendo la tradición de su país natal, Venezuela, los asistentes se disfrazaron con sombreros y diademas de flores para lanzarse a la pista de baile. Todos ellos bailaron al ritmo de temas muy noventeros, como los de la cantante Britney Spears o el grupo ‘Backstreet Boys’.

Anaísa confió en el diseñador barcelonés Zé García su vestido. Ella ya tenía una idea de cómo sería, y él fue la persona que, según explica, “la entendió desde el primer momento”. Su modelo escondía, además, un detalle muy especial: un trozo de un jersey que perteneció a su hermano, fallecido hace casi diez años. Lo guardó junto a su pecho, y comenta que los restos de esta prenda le sirvieron como su “algo viejo, algo prestado y algo azul” que suelen llevar todas las novias.

Rosanna, por su parte, escogió un vestido de Rosa Clará. Al igual que su ya mujer, en un guiño a su familia, colocó en su larga trenza algunos fragmentos del tocado que su madre usó en la boda con su padre, y en su ramo, una fotografía de su progenitor.

“Se respiraba muchísimo amor bonito y feliz, todos los invitados (y nosotras) no paraban de llorar y nos decían que era la boda más emotiva a la que habían ido”, cuentan Rosanna y Anaísa sobre su gran boda.

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