La Princesa de Asturias: secretos y claves de un cambio espectacular

por hola.com

La misma "niña", hoy princesa, de la que han hablado todos sus profesores y tutores como responsable, curiosa por naturaleza, con una fuerza de voluntad inquebrantable y un interés desmedido por aprender, no ha decepcionado, y hoy, cinco meses después de haber contraído matrimonio, puede decirse que se ha llenado de un espíritu regio y que ha aprendido a medir a la perfección cada uno de los pasos a dar para que nadie pueda decir algo en su contra. También, que de alguna forma, doña Letizia es ya más princesa que muchas de las nacidas en palacio bajo esa misma condición.

La fuerza de su espíritu camaleónico
Por respeto a su esposo, a la Casa Real, a los españoles y, por supuesto, a ella misma, la Princesa de Asturias se ha tomado muy en serio su papel y sus responsabilidades. Un papel que ha ido puliendo a base de analizar sus fallos a sabiendas de que ha de encontrar el equilibrio entre lo que fue y lo que es. Entre lo que vivió y lo que le queda por vivir... Una posición desde la que tendrá que aprender a descifrar cuánto hay de mentira en los elogios y cuánto de verdad en las críticas sobre las que debe erigirse como una de "las princesas más perfectas" del universo.
Desde su habitación de palacio, doña Letizia sabe perfectamente lo que se piensa y lo que se dice de ella. El mundo al que perteneció sigue siendo suyo. Nadie le ha vuelto la espalda y son muchos los que le hacen saber lo bueno y lo malo.
La autenticidad y la actitud desinhibida de la periodista enamorada que descubrimos de la mano del Príncipe desaparecieron bajo la fuerza de su espíritu camaleónico. Un espíritu que le ha permitido adaptarse perfectamente a cualquier situación. No importa cual sea el escenario en el que tenga que presentarse, la Princesa de Asturias defiende su condición, sin perder de vista sus objetivos ni lo que de ella se espera.

El control de las emociones
No ha sido fácil, pero doña Letizia después de aprender la primera regla: discreción por encima de todo, ha seguido aplicadamente las demás lecciones llegando a conseguir, tal y como pudimos ver durante la entrega de los Príncipes de Asturias, algo realmente difícil: el control de sus emociones. Aguantar las lágrimas que estuvieron a punto de brotar de sus ojos cuando, durante el discurso del Príncipe, y con todo un auditorio en pie, éste volvió a hacer partícipe al mundo de su inmenso amor por ella. Un momento realmente emotivo al que doña Letizia se sobrepuso de forma regia, aunque con los músculos visiblemente contraídos.

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