La nieta de la Reina de Inglaterra se ha casado en la Capilla de San Jorge del Castillo de Windsor

Eugenia de York y Jack Brooksbank, un 'sí, quiero' otoñal, lleno de 'celebrities' y sorpresas

La hija pequeña de los duques de York, una novia con esmeraldas y cicatrices, ha diseñado un enlace muy distinto al que vimos el pasado 19 de mayo cuando se casaron Harry y Meghan

by S. Acosta

Solo han pasado cinco meses desde que el Capilla de San Jorge abrió sus puertas para una Boda Real, sin embargo, en el Castillo de Windsor la emoción es la misma desde primera hora, cuando empezaron a instalarse en sus jardines los 1.200 invitados anónimos y se descubrió la decoración de Rob Van Helden que ha mezclazo flores, bayas y arbóles. En un día otoñal, que recuerda a ese 20 de noviembre de 1947 en el que la Reina de Inglaterra se casó con el duque de Edimburgo, su nieta, la princesa Eugenia de York, novena en línea de sucesión al trono británico, se ha casado con Jack Brooksbank. Un 12 de octubre de 2018 que ha hecho historia.

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Como ya adelantamos la lista de invitados ha dejado muchas sorpresas, presencia de miembros de casas reales extranjeras y y celebrities, muchas celebrities, del mundo de la moda, de Hollywood, de la música y del arte. A las 10:25 (hora local) han hecho su entrada por el Porche Galileo los miembros de la Familia Windsor con los condes de Wessex a la cabeza. Después de ellos han entrado los hermanos Petter y Zara Phillips con sus parejas, la princesa Ana con Timothy Laurence y Lady Sarah Chatto con sus hijos, Arthur y Sam, los nuevos solteros de oro de la monarquía británica. Si el desfile de invitados ha puesto el listón muy alto, los gritos se han desbordado en Windsor cuando los coches oficiales de los duques de Cambridge y los duques de Sussex aparecían a lo lejos. Meghan de azul, igual que las ex de Harry, Cressida Bonas y Chelsy Davy, y Kate de frambuesa. Ambas discretas, hoy es el día de Eugenia. Cinco minutos después, esta vez por la escalinata, son los padres de Jack Brooksbank, George y Nicola, los que son recibidos por David Conner, Decano de Windsor.

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‘Barman Jack’, el más relajado de los príncipes

Jack Brooksbank, que desde hace años es uno más tanto en la familia York como en la familia Windsor, hace su aparición acompañado por su hermano Thomas, que ejerce de best man. Los segundos se hacen eternos pero hemos visto a príncipes, de los que se crían bajo los focos, mostrar más nervios esperando en el altar pero ese no es estilo de Jack Brooksbank, que en estos ocho años de noviazgo ha compartido más de una velada con la soberana británica. El empresario de 32 años, que anoche bromeaba a su llegada al lujoso hotel Coworth Park con estar “aterrorizado”, es todo sonrisas y hace bromas con algunos de los invitados a medida que avanza por la capilla con su rosa de york en forma de aguja de corbata. 

Entonces se produce una de las llegadas más esperadas: Beatriz de York y Sarah Ferguson. La hermana y la madre de la novia hacen su entrada juntas, la fórmula más sencilla para no enfrentarse al dilema de ver a la duquesa de York entrando sola, tal y como ocurrió el mes de mayo durante la boda de los duques de Sussex. Beatriz espera mientras Sarah se para a saludar a algunos fans y, tras ser recibidas por el Decano, ocupan un lugar en el lado de los Windsor, hoy Sarah vuelve al lugar reservado para la realeza, un título que perdió tras el divorcio del príncipe Andrés.

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Mientras el adorable cortejo nupcial liderado por Lady Louise, hija de los condes de Wessex, espera a la novia en la puerta príncipal, con George y Charlotte de Cambridge como "estrellas" principales, tal y como se esperaba el príncipe Carlos de Gales llega sin Camilla, una ausencia que ha dado mucho que hablar en las últimas horas. La prensa británica ha señalado que la relación entre la duquesa de Cornualles, que este jueves estaba en Escocia en un acto oficial, y los duques de York nunca ha sido idílica y esta ausencia ha sido tomada como una prueba de ello. Tras el primero en la línea de sucesión al trono británico solo puede llegar ella, los gritos de los que siguen la boda desde el exterior y los Trompeteros del Estado auncian su presencia : la Reina de Inglaterra. Isabel II llega en compañía del duque de Edimburgo que no se ha querido perder la boda de su nieta, a pesar de que sobre su fría relación con Sarah Ferguson se han escrito ríos de tinta durante los últimos meses. 

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Una princesa británica con esmeraldas y cicatrices

Si tenemos en cuenta que Zara Phillips no tiene el título de princesa por decisión de sus padres y que han pasado ya 25 años desde que su madre, la princesa Ana, se casó en segundas nupcias con Timothy Laurence, esta es la primera boda de una Windsor en años y así ha quedado reflejado este 12 de octubre. Eugenia sorprende del brazo de su padre, llega sin velo y con un vestido que enmarca la cicatriz de su columna, esa que le quedó de la operación que le hicieron a los doce años para corregir su escoliosis, una experiencia que le ha llevado a trabajar en este campo.

¡La gran sorpresa! La tradición dice que las princesas de la casa se casan con una tiara de sus madres, por eso se podía esperar que hoy brillara la tiara York. Sin embargo, Eugenia ha tomado prestada una del impresinante cofre de su abuela, una colección de joyas que en cada boda nos deja sin palabras. La tiara de esmeraldas y diamantes, Greville Emerald Kokoshnik, una pieza de reinas, otoñal y a juego con los pendientes, regalo del novio, y los ojos de la princesa. 

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Séptimo y novena en la línea de sucesión al trono británico hacen su gran entrada en la Capilla de San Jorge, Andrés se agacha una y otra vez, quiere que la cola de su hija quede perfecta. Faltan cinco minutos para las once de la mañana (hora local), cuando Andrés y Eugenia llegan al altar. Jack se quita las gafas, Eugenia sonríe y comienza una ceremonia breve pero intensa, con un lenguaje muy formal, votos tradicionales y algún guiño de modernidad.

Un sonoro 'sí, quiero', votos tradicionales y una pizca de oro galés

“Jack, ¿aceptas a esta mujer como tu legítima esposa, para vivir juntos de acuerdo con la Ley de Dios en el estado del Santo Matrimonio? ¿La amarás, la consolarás, la honrarás, la protegerás en la salud y en la enfermedad? ¿Renunciado a todo los demás, estando a su lado mientras viváis?", pregunta el Decano. "I will", responde Jack, un "sí, quiero" en toda regla que Eugenia repite palabra por palabra, esta vez con un solo "sí, quiero". Hay que recordar que el entusiasmo y la espontaneidad de Sarah le llevaron a repetir en 1986 dos veces su "sí" al príncipe Andrés.

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El intercambio de votos es el esperado y se produce después de que el príncipe Andrés entregue la mano de su hija. “Yo, Jack Christopher Stamp (hay que recordar que el duque de Sussex fue solo Harry no Henry Charles Albert David) te tomo a ti, Eugenia Victoria Elena, como legítima esposa a partir de este día y en adelante sosteniendo esta unión en lo bueno y en lo malo, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, para amarte y cuidarte hasta que la muerte nos separe, de acuerdo con la Santa Ley de Dios. Y por eso me entrego a ti”. La Princesa los repite a continuación y entonces llega la bendición del anillo, tal y como dicta la tradición, con una pizca de oro galés cortesía de la Reina.

“Con este anillo yo te desposo, con mi cuerpo yo te honro, y comparto contigo mis bienes terrenales en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén”, dice el novio, al que el anillo se le ha resistido en el dedo de Eugenia mientras a su hermano Tom se le escapaba una risa ante el "mal trago" que estaba pasando su hermano. Jack Brooksbank, educado en colegios de la élite británica y comerciante de vinos, ha seguido los pasos del principe Guillermo y no ha lucido anillo de casado, algo llamativo ya que, a diferencia del Príncipe, al que no le gustan las joyas, en el meñique luce desde hace años un signet ring, ese tipo de anillo con forma de sello destinado a lucir iniciales, monogramas u otro tipo de emblemas. El decano une sus manos y dice: “Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”. Tras las esperadas palabras "yo les declaro marido y mujer", el Decano une sus manos y suena el Ave María de Johann Sebastian Bach en la voz del portentoso tenor italiano Andrea Boccelli, acompañado por la orquesta dirigida por Carlo Bernini.

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El momento de Beatriz

Eugenia ha querido que su hermana mayor, la princesa Beatriz, tuviera un espacio destacado el día de su boda. Así que tras la Carta del Apostol San Pablo a los Coloneses que ha leído Charles Brooksbank, Beatriz se ha dirigido al púlpito y ha sorprendido a todos leyendo un fragmento de El gran Gastby, la novela escrita en 1925 por el estadounidense F. Scott Fitzgerald y una de las grandes novelas del siglo XX. Este no ha sido el único punto de vanguardia de la boda, los novios, por ejemplo, han elegido como fotógrafo a Alex Bramall, el que fotografió a Eugenia en el año 2016 para Harper’s Bazaar y han diseñado una boda eco friendly sin presencia de plásticos.

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En la boda de la princesa de York no podía faltar el Arzobispo de York, John Sentamu, que se ha puesto en pie para pronunciar en presencia de los novios, de los duques de York y de sus 850 invitados unas plegarias y unas palabras escritas personalmente por él para este día: "Dios de nuestra peregrinación, gracias por tu fidelidad y amabilidad. Que tu amor firme y constante sea el fuego que guíe a Eugenia y Jack en su amor el uno por el otro; Sé la estrella que les guíe en todo lo que está por venir, que sea el Buen Pastor que les llame una y otra vez por el camino de tus promesas de amor que nunca terminan. Que el Espíritu Santo les haga leales, amables, generosos y preparados para ayudar y rápidos en el perdón. Ojalá tus ángeles les rodeen, vigilen, defiendan y protejan contra todo mal. Mantenlos en la alegría, sencillez y compasión de tu Santo Evangelio".

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Tras la bendición final, la nieta de la Reina de Inglaterra, ya convertida en Señora de Jack Brooksbank, se retira junto a su marido para el momento de la firma. Hay que recordar que este fue el momento que Sarah aprovechó para quitar las flores de su tiara y mostrarse ya coronada como Alteza Real, no ha sido el caso de Eugenia, que ya nació siendo princesa y ha lucido desde el principio una de las tiaras más impresionantes que hemos visto en una novia de la realeza británica en décadas. Suena una pieza de Maurice Duruflé y la guinda de la ceremonia, como no podía ser de otro modo, la pone el Himno Nacional con su "Dios salve a la Reina". Eugenia y Jack ponen rumbo a su nueva vida, sin olvidar ese beso, a pie de escalinata, que todos quería ver. 

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