Planificar la fertilidad. Pareja en la consulta del ginecólogo

Fertilidad

¿Cuándo es recomendable empezar a planificar tu fertilidad?

El retraso de la maternidad conlleva una mayor dificultad a la hora de concebir. Pensar si quieres tener hijos y evaluar algunos factores reproductivos pueden ayudarte en un futuro. Y hay una franja de edad perfecta para ello

por hola.com

Planificar la fertilidad no significa, como hace unos cuantos años solíamos pensar, evitar un embarazo. Es algo que va mucho más allá, sobre todo, cuando el retraso de la maternidad actual necesita de una cierta organización si no queremos encontrarnos con problemas reproductivos en el futuro. La edad, en este caso, es experiencia y madurez a la hora de afrontarlo, sí; pero también juega en nuestra contra. Como nos dice la Dra. Juana Crespo, ginecóloga y obstetra especializada en reproducción asistida y medicina reproductiva de alta complejidad, “nadie nos había contado que retrasar la maternidad supone también la aparición de problemas reproductivos”.

Por eso, organizarse y realizar lo que llamamos una  planificación de la fertilidad  es importante si queremos ser madres en el futuro. Con ella, podemos prever qué órganos debemos cuidar y cómo para que envejezcan de una manera adecuada, además de posibilitar la gestación cuando una persona decida que es el momento óptimo para hacerlo. La doctora ha querido explicarnos en qué consiste, cuándo es recomendable que la iniciemos y qué factores debemos tener en cuenta para poder explicarla paso a paso.

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¿Qué es y cómo se realiza?

Una planificación de fertilidad es “aquel procedimiento en el que buscamos prever las consecuencias del envejecimiento reproductivo  detectando aquellos factores de riesgo individuales que, más adelante, podrán comprometer la fertilidad de la paciente ”, nos cuenta la doctora. Es, nos dice, “como trazar una línea temporal para evaluar el envejecimiento reproductivo”. Se consigue a través de una serie de pruebas (físicas y psicológicas, con evaluación de antecedentes) que ayudan al médico a conocer un posible problema a fondo y elaborar, en su caso, el tratamiento ideal para cada caso, siempre de forma individualizada. Para ello, los factores que entran a examen son, en el caso de la mujer:

  • Cualquier enfermedad o defecto genético que, con el tiempo, empeore el estatus reproductivo de la paciente. Es importante, en este caso, conocer la historia y herencia familiar.
  • La existencia de posibles enfermedades adquiridas, como son las enfermedades de transmisión sexual, las enfermedades autoinmunes (se detecta una posible endometriosis) y enfermedades ginecológicas, como una menopausia precoz, miomas o pólipos en el útero.
  • Se realiza, además, un amplio estudio de hábitos y estilos de vida: tabaquismo, sedentarismo, estrés o cualquier aspecto que pueda comprometer la salud reproductiva de la paciente (por ejemplo, trabajar con productos tóxicos).
  • Por último, se hace también una revisión reproductiva, “diferente a una revisión ginecológica”, nos aclara la doctora. Con ella, no solo decidimos si congelamos o vitrificamos óvulos antes de los 35 años, sino que “buscamos proteger el resto de órganos reproductivos: los ovarios, las trompas de Falopio, el cérvix, el útero y la vagina”. De esta forma, nos aseguramos un mayor éxito en la búsqueda del embarazo.

En el caso de los hombres, nos cuenta la doctora, “todo es mucho más sencillo, pues basta con realizar un espermiograma (es un examen que mide la cantidad y calidad, tanto del semen como de los espermatozoides) y congelar semen en el caso de ser necesario”.

Por último, nos dice, “no existe un calendario como tal con unos pasos que dar, uno detrás de otro, para planificar la fertilidad”. Después del estudio y chequeo exhaustivo e individualizado de la paciente, y siempre en función de su diagnóstico, se marcan las pautas a seguir y el tratamiento más adecuado”.

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¿Cuándo debo comenzar?

Según nos comenta la doctora, “a los 30 años hay que pensar: primero, si se quiere tener hijos y, segundo, cuántos hijos se quieren tener”. De esta forma, podemos actuar entre los 30 y los 35 años, ya sea con una gestación espontánea o no. Porque, nos advierte, “siempre debería ser antes de los 35 años si no queremos perder los mejores óvulos”.

Tenemos que tener en cuenta que la etapa de mayor fecundidad es durante la década de los 20’ y hasta los 30 años. A partir de aquí, la reserva ovárica comienza a descender. No ocurre en todas las mujeres, hay otros muchos factores, pero es lo más general. En el caso de la paternidad, “el tema es menos dramático, sería suficiente con actuar entre los 35 y los 40 años”.

Sin embargo, nos apunta la experta, “la planificación de la fertilidad es un concepto reciente y que no tiene apenas resultados demasiado amplios”. Hasta el momento, nos cuenta, “las mujeres y hombres con enfermedades autoinmunes u oncológicas sí que tenían esta previsión, debido a las consecuencias de sus tratamientos en la reproducción”. Sin embargo, poco a poco ha empezado a extenderse la planificación de la fertilidad entre las deportistas de élite o personas con alto nivel educativo, siendo la preservación de óvulos el tratamiento más recomendado finalmente.

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