Niña pequeña abrazada a las piernas de su madre

Bebés

‘Mi hijo no quiere separarse de mí’

Algunos niños muestran más dificultades que otros para estar lejos de sus padres. Hay algunas etapas vitales en que esto puede ser normal, pero en otros momentos no es tan frecuente ni deseable y puede esconder algún problema del pequeño. ¿Cómo actuar? 

por Terry Gragera

Todos los padres sueñan con una buena vinculación con sus hijos. Una relación de apego, confianza y amor donde se disfrute de la mutua compañía. Sin embargo, hay momentos en que esa cercanía se vuelve imprescindible para el niño, que no tolera estar lejos de sus figuras de referencia.

¿Cómo distinguir cuándo es algo pasajero de un problema de mayor importancia? ¿Por qué hay niños más inseguros con otros que no pueden estar separados de sus padres?

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La angustia de separación de los bebés

Cuando nacen, los bebés pasan unos meses de vida creyendo que son la misma persona que su madre (o su cuidador de referencia). No distinguen que son dos seres independientes. Y se sienten seguros así. Pero, poco a poco, conforme va pasando el tiempo, van adquiriendo la noción de que tienen entidad propia. Un tiempo después aparecerá lo que se llama la “angustia de separación”.

“Es habitual en todos los bebés”, destaca Irene Brotons, psicóloga sanitaria y jurídica (www.psicologa-valencia.es). Pero ¿en qué consiste esta angustia por la separación? Es el sentimiento de miedo que pueden sentir los bebés entre los ocho meses y el año de edad “cuando se les separa de sus padres o cuidador principal y se les deja con otra persona”, explica.

Así, el bebé que había sido sociable y risueño, que le echaba los brazos a cualquiera, comienza a ser más precavido y ya solo quiere estar con su madre o con su padre. A esa edad no dominan el concepto de tiempo y desconocen cuándo va a volver su figura de referencia. No sabe si en unos minutos o si se ha ido para siempre, y eso le genera miedo.

Afortunadamente, se trata de una etapa pasajera, pero se puede ayudar al bebé con estas pautas:

  • Despedirse siempre de él (marcharse sin decirle nada es peor, porque puede pensar que no vas a volver).
  • Hacer una despedida corta y positiva, sin alargarla en exceso.
  • Mostrar calma en la despedida.
  • Practicar con él habitualmente juegos como el “cu-cu-trás”, en que los padres “desaparecen” momentáneamente para que se vaya acostumbrando durante unos segundos a no verlos.

¿Por qué a algunos niños les cuesta más?

En la etapa infantil, algunos niños son más apegados a sus padres y otros llevan mejor estar con otras personas y separarse de ellos. En esta vivencia juegan un papel determinante otras realidades.

“Hay niños a los que les cuesta más separarse de sus padres y hay otros que nunca lo llegan a sentir”, advierte la experta (@psicologa.valencia, en Instagram). “Depende de la personalidad del niño y de la existencia de acontecimientos vitales estresantes, que pueden generar ansiedad por separación de sus padres, como el nacimiento de un hermano o conflictos en el hogar”, explica.

En determinados periodos de estrés familiar, como un divorcio o una pérdida, ante un cambio de domicilio o en el momento en que se incorporan al colegio, estas angustia por la separación puede hacerse más palpable.

También hay que tener en cuenta que, a partir de los seis años, los niños suelen tener ya conciencia de la muerte y algunos pueden experimentar miedo al fallecimiento de sus padres o a una pérdida de la salud.

Conviene estar atentos a sus reacciones, porque en niños más sensibles y con una personalidad más introvertida, estos episodios de miedo por la separación pueden aparecer con más frecuencia o incluso mostrarse en forma de somatizaciones (dolor de tripa, de cabeza...).

¿Cuándo pedir ayuda?

En general, todos los niños van a pasar por periodos en que les cuesta más alejarse de sus padres. Suelen ser breves y autolimitados (se resuelven por sí solos). No obstante, para ayudarlos, si el pequeño muestra dificultades, se puede ir acostumbrándolos a pequeñas separaciones, dejándolos con personas de confianza y volviendo en un breve periodo de tiempo. También ayuda, cuando tienen capacidad verbal, hablar de sus miedos concretos.

Sin embargo, en otros menores estos miedos se vuelven incapacitantes. Por ejemplo, les impiden acudir a cumpleaños de sus amigos por no estar unas horas sin sus padres, o les limitan otro tipo de actividades como las excursiones escolares o los campamentos de verano.

¿Qué hacer en ese caso? “Cuando la ansiedad por la separación permanece durante la etapa preescolar y primaria, interfiriendo en la vida del niño, sería necesario contactar con un psicólogo”, recomienda Irene Brotons. “En este caso estaríamos hablando del trastorno de ansiedad de separación”, concreta.

La importancia de tratarlo con un profesional es que “por normal general, este trastorno no desaparece sin tratamiento psicológico y puede producir otros trastornos de ansiedad en la edad adulta”, destaca.

Por lo tanto, conviene estar atentos a la evolución de estos miedos y si en algún momento se vuelven paralizantes, pedir ayuda especializada.

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