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Embarazo

¿Puede el embarazo afectar a nuestra forma de pensar?

Los cambios en nuestro cuerpo y en nuestra cotidianidad cuando nos quedamos embarazadas son claros, pero nuestra mente también se adapta a esta nueva situación; ¿sabes cómo?

por hola.com

La transformación de nuestro cuerpo cuando nos quedamos embarazadas es algo que nos preocupa mucho y sobre lo que nos informamos al máximo antes incluso de ponernos a ello. Además, son muy visibles y, aunque no tengamos gran interés, todos podemos enumerar unos cuantos. Y los cambios fisiológicos también: en el primer trimestre, por ejemplo, aparecen las náuseas y la fatiga durante la mañana o el sueño a por la tarde. Sin embargo, se producen un tercer tipo de cambios que están ahí, pero en los que no pensamos ni antes ni muchas veces durante el propio embarazo: son los cambios psicológicos.

De ellos nos habla María Martín Gómez (doctora y profesora de filosofía española en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Salamanca) en su libro Diario de una filósofa embarazada, entre los que se encuentran los cambios de humor (el síndrome pre-menstrual y el embarazo se parecen bastante en este sentido), pudiendo reír de felicidad feliz en un minuto y ponerte a llorar en el siguiente, con cambios repentinos e importantes fluctuaciones de hormonas.

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Por eso, con María, vamos a preguntarnos qué es lo que nos está ocurriendo, qué cambios piscológicos se producen en estos meses y darles la importancia que se merecen.

¿Qué cambios, ya no físicos, sino psicológicos se producen en la mujer durante el embarazo?

Son muchos los cambios que una mujer experimenta durante el embarazo. Además de los puramente físicos y corporales, hay otros menos visibles, como la ilusión por lo que se espera, la intriga de lo que está por llegar y otros, como el miedo a no ser buena madre o la incertidumbre ante el parto.

¿Cuándo empiezan esos cambios, somos conscientes de ellos?

Yo intuí que estaba embarazada casi desde el primer día de la concepción. Sé -y conozco en primera persona- que existen mujeres que no se percatan de su embarazo hasta pasadas varias semanas, pero en mi caso, y en el de las mujeres que me rodean, fue algo inmediato. Creo que es la intuición femenina de la que tanto nos han hablado. Simplemente algo hace click en nuestro interior.

¿Podemos decir que nos cambia como personas el hecho de estar embarazadas antes incluso de tener a nuestro bebé en brazos?

Claramente. Durante el embarazo nos volvemos mucho más cuidadosas, atentas a las necesidades del bebé, pero también más solidarias con otras mujeres. En general, es muy bonito apreciar el respaldo de la sociedad. Jóvenes que te ceden el asiento en el autobús, tenderas que te llevan las bolsas de la compra, taxistas que te ayudan a subir al coche… Muchas veces, durante mi primer embarazo, me pregunté si yo me habría comportado así en el pasado: ¿Ayudé a las mujeres embarazadas? ¿Las esperé en el ascensor? ¿O era de las que agachaba la cabeza y miraba para otro lado?

Y de este pensamiento saltaba a analizar mi trato hacia las personas que tenían algún tipo de necesidad en general. Porque, cuando tienes 18 kilos encima, no te puedes agachar sin perder el equilibrio y el nervio ciático te duele con toda tu alma, un simple “¿necesitas ayuda?” es más reconfortante que cualquier otro remedio.

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¿Cuáles serían los sentimientos que más nos afloran?

El de la solidaridad y sororidad con otras mujeres es uno de ellos. De pronto quieres entablar conversación con todas las mujeres que han sido madre antes que tú, escuchar sus relatos, compartir experiencias… Y, por supuesto, también está la ilusión palpitante de estar a la espera, de querer hacerlo bien. Es importante asimismo que haya una buena dosis de felicidad, aunque reconozco que esto depende de cómo marche el embarazo: dependiendo de las molestias, la gestación puede disfrutarse más o menos. Y lo dice alguien que ha sufrido hiperémesis gravídica y ha estado vomitando durante 16 semanas…

¿Cómo podemos afrontar el desconcierto, incertidumbre o desconocimiento durante el embarazo?

Para mí ha sido muy importante recurrir a mi círculo cercano, lo que llamamos “tribu” de seguridad: amigas que ya han sido madres, hermanas, madres, abuelas… También considero muy importante dejarse aconsejar por los profesionales y recurrir a la experiencia de los médicos y las matronas.

¿Por qué existen los cursos de preparación al parto y no al embarazo? ¿Crees que esto es simplemente un proceso interno e individual?

En cierto modo sí existen. En las consultas de ginecología te van informando de lo que tienes que hacer, de cómo cuidarte… En mi caso, también estuvo presente la literatura y la filosofía. Leer libros y narraciones sobre el embarazo y la maternidad me ayudaron a prepararme. Con todo, debo confesar que en mi disciplina, la filosofía, todavía queda mucho trabajo por hacer en el estudio del origen de la vida humana y de ahí que me decidiera a escribir un libro.

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¿Nos ayudaría contar con apoyo?

Como en todas las cosas de esta vida. Decía Aristóteles que el ser humano es un ser social por naturaleza, que necesita del contacto con otros seres iguales por lo que el apoyo siempre viene bien. Más todavía si se necesita, como suele ser en el caso del embarazo, el postparto y la maternidad.

¿Cómo ha cambiado el embarazo y su visión de unos años hacia aquí?

No conozco cómo era ser madre hace unos años y tampoco me parece justo que se diga que ahora es más complejo. Conozco a muchas mujeres, de otras generaciones, que no contaban con el apoyo de sus maridos o que tuvieron que hacerlo solas. Además, si algo he aprendido en este tiempo, es que en la maternidad y en el embarazo no hay fórmulas universales.

En cualquier caso, desde mi experiencia, yo creo que ahora disponemos de más información que permite a las mujeres tener más opciones y libertad de decisión. Sin embargo, la tarea pendiente de nuestra época es aprobar medidas políticas y sociales efectivas que realmente faciliten la maternidad y la conciliación.

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