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Maternidad

'¿Lo estoy haciendo bien?' ¡Fuera miedos e inseguridades!

La maternidad es capaz de sacar las máximas dudas acerca de quiénes somos y cómo nos comportamos con respecto a los hijos. Esto puede llevar a un bloqueo que conviene saber romper.

por Terry Gragera

La inseguridad, las dudas y la culpabilidad parecen consustanciales a la tarea de ser madre. Muy pocas mujeres se libran de esa sensación de ‘no llegar’, no saber si lo están haciendo bien y no sentirse lo suficientemente perfectas para sus hijos. Las comparaciones con otras familias o con otras imágenes idílicas que suelen ofrecer las redes sociales tampoco ayudan. Porque hasta los asuntos más triviales pueden preocupar, y mucho, en relación a la maternidad.

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El peligro de la autoexigencia

Desde el momento del nacimiento, pasando por el estilo de crianza, las relaciones entre hermanos y el modo de educar, todo es susceptible de generar dudas e inquietudes.

Cuando se tiene un hijo no se quiere ‘fallar’ en nada, no se contempla la posibilidad, más que probable, de errar. Pero los fallos van a suceder y son inevitables, por eso la autoexigencia no es buena compañera.

“Tenemos que diferenciar entre ser responsables y autoexigirnos. La persona responsable se hace con las riendas de la situación, toma decisiones, actúa en consecuencia, resuelve, busca opciones...”, explica Aída Rubio, psicóloga y coordinadora del equipo de psicólogos de TherapyChat, psicólogos online.

Según la experta, ser responsables en la paternidad es siempre bueno, “pero ser autoexigente es dañino para el padre que, ante un desliz o fallo, una pérdida de paciencia, se va a exigir de forma imperiosa y desmedida no actuar de esa manera, se va a sentir culpable y le va a costar perdonarse”, detalla. Esto implica también responder ante los hijos de un modo muy reactivo (reacción inmediata), movidos por la presión y la propia ansiedad.

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Ensayo y error

Criar a un hijo y educarlo es una concatenación de ensayos y errores. Es todo un aprendizaje y, como resalta la experta, los padres van aprendiendo a serlo a la vez que los hijos van aprendiendo a ser hijos y personas.

Es normal tener dudas, casi tanto como equivocarse. Se aprende en el proceso y no hay que pedirse el cien por cien. “Exigirte ser buen padre inmediatamente es una expectativa elevadísima, irrealizable y desajustada. Simplemente, lo harás lo mejor que puedas. Y hacerlo lo mejor que puedas implica fallar y rectificar, y pedir perdón a tu hijo si hace falta”, subraya Aída Rubio.

Los fallos en la crianza nos hacen más humanos y ayudan a los hijos en su desarrollo. Porque, tal como apunta la coordinadora de TherapyChat (www.therapychat.com), está bien que ellos vean que sus padres son humanos y que fallar no es fracasar, lo que les ayuda a ser más benévolos consigo mismos y más realistas.

El propio estilo de crianza

Una de las cosas más importantes que hay que determinar en relación a la maternidad es el estilo de crianza. Es importante que se trate de una línea educativa consensuada entre los dos y ser coherente con la misma. Como explica la psicóloga, si cada día se siguen unas directrices diferentes, el niño no se adapta, no hay margen para ver cómo reacciona y no se puede valorar si es bueno o no para él.

Es bueno cambiar de estrategia, según las demandas y las necesidades del niño, pero sin “bandazos”. “Esto aporta seguridad a los padres acerca de las decisiones que van tomando aunque cueste y generen momentos complicados, y les permite testarlas”, indica Aída Rubio.

La inseguridad y las dudas pueden llevar a querer imitar a otras familias y a caer en comparaciones. Pero no es un buen método, ya que, según destaca la experta, “ninguna familia está exenta de esas dudas, de fallar, de levantarse de nuevo, de sentirse culpable al perder la paciencia... Tu realidad no es diferente a la de los demás”.

Hay que asumir, por tanto, que ser madre conlleva dudar, pero que esas dudas no pueden paralizarte ni hacerte sentir mal, porque se trata de un aprendizaje en el que vas de la mano con tu hijo.

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