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Embarazo más allá de la semana 40: ¿qué riesgos tiene?

Algunos embarazos sobrepasan las 40 semanas de rigor marcadas para que nazca el bebé. ¿Qué sucede en esos casos? ¿Hay que inducir el parto? ¿Corren peligro madre e hijo?

por Terry Gragera

La gestación dura 40 semanas, aunque se considera que el parto puede desencadenarse en un embarazo normal entre las semanas 37 y 42. El niño será prematuro si nace antes de la semana 37, está a término a partir de esa semana y se considera postérmino cuando va más allá de la 42.

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¿Cómo se calculan las 40 semanas?

Para determinar la fecha probable de parto, el médico se vale de una calculadora obstétrica. Ahí señalará el día en que comenzó la última regla de la madre y, a partir de ese momento, se contarán las 40 semanas. Ese sería el día estimado de parto. Estos cálculos sirven también para fijar de cuántas semanas está la madre, es decir, la edad gestacional.

Al margen de los datos que aporta la madre, la ecografía de las 12 semanas permite corregir esas valoraciones en función del tamaño del bebé para ajustar mejor las semanas de embarazo y, con ello, la fecha de finalización del mismo.

¿Por qué se prolonga el embarazo?

La mujer puede ir más allá de la semana 40 por varios motivos, pero uno de ellos puede ser que no se haya estimado bien la fecha probable de parto. “Un buen diagnóstico, antes de las 13 semanas, reduce el embarazo postérmino al 2%, aproximadamente”, indica la Dra. Marta Sánchez-Dehesa Rincón, directora de HM IMI Toledo y coordinadora del grupo de ginecólogas en el citado centro.

Pero, además, la experta explica que en mujeres que ya han tenido parto postérmino anterior y obesidad, se observa “con más frecuencia el nacimiento de sus bebés después de la 41-42 semanas”.

¿Qué riesgos tiene para la madre y el bebé?

Cuando el embarazo sobrepasa la semana 41 hay una serie de riesgos aumentados tanto para la embarazada como para su hijo. Son los siguientes, según detalla la Dra. Sánchez-Dehesa:

  • Bebé de mayor peso.
  • Parto con más complicaciones.
  • Menor líquido amniótico.
  • Líquido amniótico con meconio.
  • Necesidades de cuidados intensivos neontales.
  • Más riesgo de cesárea.
  • Mayor uso de fórceps, espátulas o ventosas en el parto por vía vaginal.
  • Lesiones en el canal del parto.
  • Hemorragias posparto.
  • Más riesgo de muerte fetal.

¿Cuándo se induce el parto?

Cuando la embarazada no se pone de parto de forma natural y ya ha sobrepasado la barrera de las 40 semanas, cabe el recurso de la inducción. “La inducción del trabajo de parto debe considerarse desde la semana 41 y se recomienda después de la 42”, indica la ginecóloga. Lo habitual es pensar en la inducción a partir de la semana 41 y 4 días.

Desde la semana 41 se hará un seguimiento muy estrecho del embarazo, con controles cada 72 horas. Hay que tener en cuenta que la función de la placenta puede disminuir en gestaciones tan prolongadas. “El máximo rendimiento placentario ocurre sobre la semana 36; desde ese momento la función placentaria va disminuyendo, lo que puede influir en la disminución de líquido amniótico y del crecimiento del bebé”, advierte la especialista. “En la placenta postérmino hay disminución de la masa placentaria, mayores calcificaciones y trombosis arterial”, expone.

Todo ello hace que, pasados unos días desde la semana 41, los obstetras valoren detenidamente qué es lo más conveniente para madre e hijo.

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