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Bebés

Qué es el síndrome del niño zarandeado y por qué es tan peligroso

El bebé es muy inmaduro cuando nace. Necesita un tiempo para que ciertos órganos y tejidos se acaben de formar o se fortalezcan. Por eso, es más frágil y hay que protegerlo frente a determinados daños. El síndrome del niño zarandeado es uno de ellos y de los más graves.

por Terry Gragera

Cada año, cien niños recién nacidos pueden sufrir en España las consecuencias del síndrome del niño zarandeado, según datos de la Asociación Española de Pediatría (AEP).

Se denomina síndrome del niño zarandeado a todas las secuelas que puede sufrir un bebé cuando es sacudido de forma vigorosa por un adulto. “Uno de cada diez niños que sufre un zarandeo grave fallece. De los supervivientes, la mitad queda con secuelas graves o irreversibles, como parálisis cerebral, retraso mental, ceguera o epilepsia. En casos de menor intensidad, pueden manifestar retrasos en el desarrollo, junto con problemas de aprendizaje o de conducta”, detalla la Dra. María Sánchez, e-Health medical manager de Cigna España.

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Por qué se producen estos daños

Cuando nace y unos meses después, la cabeza del niño tiene un tamaño desproporciono con respecto a su cuerpo. Su volumen es muy grande, por eso a los recién nacidos les cuesta sostenerla y tardan un tiempo en hacerlo. Además, la musculatura del cuello no tiene suficiente fuerza.

Todo ello hace que cuando el bebé es zarandeado se ocasionen importantes lesiones cerebrales y daños en la médula espinal. “Cuando se producen movimientos bruscos, el cerebro del bebé, mas vulnerable, se desplaza con violencia e impacta contra las paredes del cráneo, lo que puede provocar lesiones de distinta magnitud”, explica la Dra. Sánchez. “A esto se añade, además, el hecho de que cuando se agita al niño su cabeza puede rotar sin control, ya que los músculos del cuello están poco desarrollados y dan poco soporte”, detalla.

Cómo evitar el síndrome del niño zarandeado

Las sacudidas vigorosas que pueden causar el síndrome del niño zarandeado suelen producirse, en la mayoría de las ocasiones, por dos motivos:

  • Los adultos al cuidado del niño pierden los nervios si este no para de llorar y acaben zarandeándolo para que se calle.
  • Si el bebé se atraganta, deja de respirar o tiene un ataque de tos, lo sacuden para salir de esa situación.

Por tanto, para prevenir el síndrome del niño zarandeado habría que evitar esas situaciones. Si el niño llora constantemente, hay que investigar la causa con el pediatra o pedir ayuda para cuidarlo si los adultos se sienten desbordados. En el caso de que estén solos con él y teman perder el control, es mejor dejar al niño seguro en la cuna y que el adulto salga de la habitación hasta serenarse.

En la segunda situación, en la que se intenta hacer reaccionar al bebé, en lugar de moverlo enérgicamente, por ejemplo ante un atragantamiento, hay que colocarlo boca abajo apoyado en los padres para intentar que vuelva a respirar. No hay que agitarlo ni darle golpes fuertes en la espalda.

En todo caso, si se produjera el episodio, el niño necesita asistencia médica urgente, ya que, como explica la Dra. María Sánchez, de Cigna, “una rápida intervención puede llegar a salvar la vida del menor o disminuir las posibles secuelas”.

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