Niña con cáncer

Día Internacional del cáncer infantil

Cáncer infantil: motivos para la esperanza

Cada 15 de febrero se celebra el Día Mundial del Cáncer Infantil. En los últimos años, las tasas de supervivencia han aumentado considerablemente, gracias a nuevas técnicas para diagnosticar, tratamientos innovadores y una mejora en el cuidado de los niños enfermos.

por Terry Gragera

Ocho de cada diez niños que enferman de cáncer logran curarse. En esta cifra se incluyen tanto los cánceres infantiles que tienen una curación del cien por cien, como otros que tienen unas tasas mucho más bajas.

El cáncer más frecuente en el niño es la leucemia linfoblástica aguda que, junto a los linfomas, representa casi el 30% del cáncer infantil”, explica la Dra. Blanca López-Ibor, jefe de Oncología Pediátrica de HM Hospitales/CIOCC. “Otro 30% del cáncer infantil está constituido por tumores cerebrales, en su mayoría benignos, y el resto agrupa a una serie de tumores de distintos tipos: neuroblastoma, osteosarcoma y tumor de Ewing, tumor de Wilms…”, explica la experta. Los niños no padecen los tumores más frecuentes en el adulto, que son los de mama, colon, próstata y pulmón.

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Las señales del cáncer infantil  

Muchos síntomas del cáncer en niños son inespecíficos, por lo que se diagnostican de manera casual en la consulta del pediatra. Sin embargo, y dependiendo del órgano en el que se originen, pueden ofrecer una sintomatología u otra, aunque los tumores infantiles suelen diseminarse.

“En general, la fiebre prolongada, intermitente, sin un foco infeccioso; el dolor, la pérdida de peso inexplicada; la astenia o que ‘algo no está bien’ puede orientar al pediatra. Por eso es importante escuchar a los padres, realizar una buena historia clínica y siempre una exploración física completa durante las consultas y revisiones del pediatra”, señala la oncóloga.

¿Cómo se trata el cáncer infantil?

En el tratamiento del cáncer infantil no es habitual que se extirpe el tumor como primera opción (a excepción del caso de los tumores cerebrales), como así ocurre en el cáncer de adultos.

Para diagnosticar el cáncer en un niño se emplean los métodos menos invasivos posible y luego suele aplicarse quimioterapia “cuya intención es disminuir el tamaño del tumor y modificar su biología para después extirparlo y continuar con quimioterapia, radioterapia, inmunoterapia…”, explica la jefe de Oncología Pediátrica de HM Hospitales/CIOCC.

Pero, además, hay que tener en cuenta que curar el cáncer infantil tiene una doble dimensión: acabar con la enfermedad y evitar secuelas a largo plazo. Aunque hay algunas que pueden ser inevitables, dependiendo del órgano afectado, los tratamiento actuales están concebidos para minimizar al máximo esas secuelas.

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¿De qué manera se enfrentan los niños al cáncer?

“El niño no quiere dar pena ni se da pena. Tampoco ser un héroe. Quiere ser un niño como los demás, no un cáncer”, subraya la Dra. López-Ibor. Por eso, el objetivo del equipo médico es integrar la enfermedad en la vida del niño, tratando de que no sea un paréntesis. Para ello, tal como cuenta la especialista, es muy importante involucrar a toda la familia, especialmente a padres y hermanos, en el cuidado del niño enfermo. El objetivo final, además de la curación de la enfermedad, es que el desarrollo madurativo el pequeño no se vea interrumpido y para eso se necesita una atención integral desde todos los puntos de vista: psicológico, educativo, social y espiritual.

Las particularidades en la adolescencia

Si a la ya de por sí difícil adolescencia se le suma una enfermedad como el cáncer, la situación puede complicarse. El adolescente necesita comprender lo que le sucede y conocer el tratamiento. En la medida de lo posible es fundamental que mantengan la relación con sus amigos. Además hay que “respetar sus tiempos, contestar a sus preguntas y reconocer que no lo sabemos todo ni podemos curar todo”, indica la especialista, que recomienda exigirles continuar con sus estudios porque “es la mejor manera de que comprendan que estamos apostando por su vida”.

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Investigación: la llave del futuro

La investigación en cáncer infantil ha avanzado mucho en los últimos años. Una de sus líneas más importantes es la de determinar lo que se denominan ‘grupos de riesgo’. Así, se trataría de, aplicando técnicas de diagnóstico cada vez más sofisticadas, “definir qué niño necesita ‘poco tratamiento’ para curarse y qué niño necesita más tratamiento para este resultado”, explica la Dra. Blanca López-Ibor, que desarrolla su labor investigadora gracias al soporte de la Fundación Intheos.

Además, los nuevos avances científicos en este campo están posibilitando, entre otros, detectar de forma precisa la respuesta al tratamiento aplicado, buscar fármacos específicos para cada tumor concreto, diseñar tratamientos personalizados, aplicar nuevas técnicas de radioterapia e implantar la inmunoterapia. Por otro lado, en España ya se están realizando ensayos clínicos para niños y adolescentes, lo que abre una puerta fundamental al futuro médico de la enfermedad.

Cuando el cáncer infantil entra en la familia

“Cuando un hijo enferma, enferma toda la familia”, expresan los padres de una de las pacientes de la Dra. López-Ibor. Su hija ya está curada desde hace cinco años y sin secuelas físicas ni psicológicas. Pero el camino hasta este punto fue duro. “Supuso un punto y final en nuestra vida, literalmente de un día para otro. El diagnóstico fue brutal, no hay palabras que definan esa sensación. Fue algo más físico que emocional, literalmente nos dolía el alma”, explican al recordar el momento de la noticia.

Luego tuvieron que comunicarlo a los hermanos, abuelos y demás familiares y “construir un mundo de normalidad para la peque: que no te vea llorar, que no intuya un gesto de preocupación, que viva la estancia en el hospital como algo ‘normal’, que tenga esperanza…”, rememoran.

¿Dónde quedan los hermanos en ese mundo? “Si para los padres ya es duro, para los hermanos es devastador. De la noche a la mañana no hay tiempo para ellos o el poco que hay es con papá o mamá, nunca los dos juntos”, confiesan. “En estas situaciones dar apoyo a la familia es vital. Permitir que los hermanos estén juntos, dar un respiro a los padres, ofrecer apoyo psicológico o posibilitar que la familia esté en el hospital todo el tiempo que sea posible es importantísimo”, recalcan.

Su hija se curó y el proceso de la enfermedad cambió la forma de estar en el mundo de sus padres: “Pasa el tiempo y sales adelante. Algunos lo llaman resiliencia; para nosotros simplemente fue y es vivir. Aprendes a hacerlo de otra manera, dejas de ser tan categórico, te vuelves más empático, ves con los mismos ojos una realidad tan diferente. Al final es una lección de vida con mayúsculas”.

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