Niña enferma

Psicología

Tener un hijo enfermo, ¿cómo impacta en sus hermanos?

La experiencia de tener un hijo muy enfermo es de las más duras por las que se puede pasar. Si en la familia hay más niños, los padres deben multiplicarse para atenderlos a todos y no siempre es fácil. ¿Cómo viven los hermanos esta situación?

por Terry Gragera

La enfermedad grave de un hijo impacta de manera sustancial en la vida de la familia. Los padres tienen que dedicarse a cuidarlo, viven situaciones muy delicadas, malas noticias, hospitalizaciones... Y en mitad de esa "tormenta" deben seguir atendiendo al resto de sus hijos. Para los hermanos, no resulta nada fácil. Sus padres dejan de estar en casa, surgen algunos miedos e incluso muchos se enfrentan, por primera vez, a la posibilidad de la muerte de alguien tan cercano y querido.

No es fácil saber actuar como padres en estas circunstancias ya desde el primer momento. "Una de las cosas que más cuesta es contar al resto de tus hijos que su hermano tiene una enfermedad grave", confiesa María Teresa Robles, presidenta de la asociación Juntos Contra el Cáncer Infantil. Madre de siete hijos, uno de ellos con leucemia, ha vivido muy de cerca esta realidad. Pero que sea difícil comunicar la noticia al resto de hermanos no significa que haya que esconderla: "Es necesario contársela porque ocultar la verdad es ocultar la realidad y eso crea más incertidumbre y más miedo". Su consejo es explicar lo que sucede, teniendo en cuenta la edad y la madurez de cada hijo y dando siempre un visión de esperanza.

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¿Cómo suelen reaccionar los hermanos?

Ante la enfermedad grave de un hermano caben casi todos los sentimientos. Cada niño reaccionará a su manera, dependiendo de su personalidad. Hay algunos que expresarán abiertamiente sus miedos; otros, su rabia, otros su incredulidad o la negación de lo que está sucediendo. Es un momento de crisis familiar y vital en el que los padres deben estar especialmente atentos, al margen de la preocupación por el hijo que está malo. "Es importante estar muy pendientes de ellos para resolver todas sus dudas y que no sea un amigo de clase el que las resuelva", apunta María Teresa Robles. Los niños pueden tener imágenes sesgadas de lo que puede suceder por algo que hayan oído o visto en alguna película. Por eso hay que hablar abiertamente con ellos para que expresen sus inquietudes. 

También es muy frecuente que pueda producirse un descenso en el rendimiento académico y que los hermanos pasen una etapa de mayor introversión. Por un lado, no quieren cargar con más preocupaciones a sus padres y suelen esconder su propio sufrimiento y, por otro, se enfrentan a emociones nuevas para ellos. En niños más pequeños es habitual que intenten llamar la atención de los padres cuando están juntos, para reclamar su sitio, ya que si hay hospitalizaciones por medio ese tiempo desciende bruscamente. Los hermanos necesitan de sus tiempos y sus rutinas para normalizar la enfermedad.

Fomentar la relación con el hermano hospitalizado

Muchas enfermedades graves conllevan hospitalizaciones largas o más cortas pero de forma constante. La relación entre los hermanos puede resentirse. ¿Cómo protegerla? "Si es posible, los hermanos pueden visitar al que está hospitalizado, también pueden hacerle un dibujo, jugar a algo cuando estén juntos o simplemente permanecer a su lado. Un hermano necesita tratar al otro", destaca la presidenta de Juntos Contra el Cáncer Infantil (juntos_contra_cancer_infantil, en Instagram).

La relación que se establece con un hermano muy enfermo es muy peculiar, confiesa María Teresa Robles. "Si el hermano es consciente de la gravedad de la enfermedad, se crean lazos especiales de cercanía y complicidad que permanecerán siempre", señala. "La incertidumbre y la dificultad añadida de no saber qué pasará, algo que de entrada es aparentemente negativo, puede crear una unión profunda entre los hermanos que beneficia a todos", explica.

Y llega la culpabilidad

Los padres de niños enfermos suelen tener que lidiar con la culpa por ocuparse menos del resto de los hijos. Así lo confiesa la experta: "Es casi inevitable sentirte culpable: está dejando durante muchos días, incluso meses, a tus hijos en casa, viéndoles muy poquito. En algunos casos incluso hay que desplazarse de ciudad para poder atender a tu hijo enfermo, lo que impide que los puedas ver, hablar, besar y escuchar como necesitan, o como tú crees que necesitan. Pero es momento de ayudar al más débil". Para recuperar el tiempo perdido hay que esperar a volver a casa, momento en que hay que dar la atención que precisa cada hijo, intentar descubrir si hay algo que no cuentan y procurar rebajar su sufrimiento. 

En ocasiones, las hospitalizaciones coinciden con momentos clave como algún cumpleaños u otra fecha señalada. ¿Qué se recomienda hacer en estos casos? "Es fundamental no dramatizar. Hay que pensar y hacer ver que tendremos muchas ocasiones de celebrar y que serán mejores", indica. Esto no significa acallar la queja o sus sentimientos al respecto, "ningún niño debería quedarse con algo dentro que le pueda doler", resalta María Teresa Robles. 

¿Y si hay malas noticias?

La tentación de ocultar las malas noticias médicas a los hijos puede estar ahí, pero no es aconsejable. "Hay que hablar a los hijos en positivo, aunque cueste. Y si no se puede dar una noticia buena, se dulcifica, pero nunca se les debe mentir", recalca.

Muchos niños se enfrentan por primera vez a la posibilidad de la muerte ante la enfermedad de un hermano. En general, es un tema tabú, ante el que la presidenta de Juntos Contra el Cáncer Infantil tiene su propia opinión: "Es bueno hablar a nuestros hijos siempre de la muerte, como una compañera más de la vida, porque forma parte de ella".  Por su experiencia, los niños que han vivido de cerca el miedo a un prematuro final pueden transformar ese sentimiento en una "oportunidad para disfrutarse más en cada momento".

La enfermedad grave es una prueba muy dura para toda la familia. Padres, hermanos y el propio afectado viven en un mundo radicalmente distinto después del cual posiblemente no sean los mismos. En casos en que las emociones se disparen y haga falta ayuda profesional, las asociaciones de apoyo suelen contar con especialistas para atender a todos los miembros de la unidad familiar y con materiales orientativos para abordar las complejas situaciones por las que se pasa.

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