Hacer la pinza de bebés

Aprendizaje

Por qué es tan importante que el bebé haga la pinza con los dedos

La posibilidad de agarrar objetos con el índice y el pulgar, lo que se denomina pinza digital, es una habilidad propia del ser humano. Cuando no aparece en el momento evolutivo indicado puede estar alertando de otros problemas.

por Terry Gragera

El ser humano tiene varias habilidades esenciales, como son andar sobre las piernas (bidpedestación), hablar y hacer la pinza con los dedos. Hacer la pinza es un movimiento preciso que permite que los dedos pulgar e índice se junten para agarrar objetos y para aplicar más o menos fuerza en el agarre.

Habitualmente los padres se alarman cuando el bebé, pasados unos meses, tiene problemas para andar o no habla, pero de igual manera la ausencia de pinza digital puede alertar de que algo no va bien en su desarrollo.

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Cuándo deberían saber hacer la pinza

La habilidad para hacer la pinza se consolida en el primer año de vida. Por eso conviene estar atentos a si el bebé lo logra o no. "Entre los nueve y los doce meses casi todos los niños serán capaces de oponer el pulgar al índice para formar una pinza y coger objetos pequeños. Si no puede hacerlo, es un signo de que el desarrollo de la motricidad fina no está bien y podría ser indicativo, aunque no siempre es así, de una lesión en el sistema nervioso central, como en la parálisis cerebral infantil o de un trastorno del neurodesarrollo, como el autismo o la discapacidad cognitiva", indica la Dra. Mª José Mas, pediatra especialista en Neuropediatría y autora del blog Neuronas en Crecimiento.

Aunque conviene consultar con el pediatra por si hubiera algún problema y el niño necesita atención especializada, no hay que alarmarse siempre, pues en ocasiones hará la pinza en más tiempo y simplemente hay un retraso madurativo que se corrige. En este sentido, hay otro límite temporal y son los 14 meses. "Si pasa de los 14 meses y no lo hace, la consulta es obligada, pues sería más difícil que se tratara sólo de un retraso madurativo", advierte la neuropediatra y autora de varios libros entre los que están El cerebro en su laberinto (Ed. Next Door Publishers), en el que trata este tema con profundidad.

Vista, motricidad y propiocepción en juego

Una tarea que puede parecer tan sencilla como coger un objeto con el pulgar y el índice precisa de la colaboración de distintos órganos. Así, para hacer la pinza se necesita que estén alineados la vista, la mano y la propiocepción (sentido que informa al cerebro sobre la posición de las distintas partes del cuerpo y sobre sus movimientos).

"Aunque las distintas partes del sistema nervioso central, y en particular el cerebro como su órgano principal, están especializadas en realizar distintas tareas, en realidad todas ellas se ven involucradas en cualquier cometido que emprendamos. Esto también es así durante el neurodesarrollo, si bien en cada tarea unas regiones estarán más implicadas que otras y así sucede en las tareas manuales", indica la Dra. María José Mas. Este es el motivo principal por el que ante la ausencia de la capacidad para hacer la pinza hay que consultar con el pediatra. No es solo una habilidad manual, sino que pone en juego otras más complejas que pueden estar alteradas.

Para hacer cualquier movimiento, la mano debe coordinarse fundamentalmente con la vista. Ese proceso de coordinación no es innato, el bebé no lo tiene nada más nacer, sino que surge en los primeros meses, gracias a la consecución de una serie de fases, como explica la experta: 

  • Movimientos reflejos y sin control. Al nacer, el bebé no controla sus movimientos de forma voluntaria. Se mueve de forma refleja y automática sin darse cuenta. Así, sus manos, independientes del sentido de la vista, ejecutan movimientos sin propósito y ajenos a lo que ve.
  • Movimientos más fluidos y voluntarios. Cuando el niño cumple tres meses de edad, sus sentidos ya están más desarrollados y comienza a dirigir la mirada a lo que más le interesa, que son los objetos en movimiento. En ese momento, mueve las manos, pero aún desconoce que son suyas y que puede controlarlas. Se limita a seguir con la vista sus desplazamientos. 
  • Coordinación ojo-mano. Tras un tiempo, el bebé aprende a coordinar la vista y la mano y aprende a agarrar el objeto sin tener que mirar a la mano. Es decir, la mano le obedece y puede coger un objeto sin estar mirando a ese lugar.

Cómo actuar si no hace la pinza

La habilidad para hacer la pinza va surgiendo con los meses. Por lo tanto, si no hay ningún problema del neurodesarrollo, el niño aprenderá solo a hacerla, al igual que aprende a andar o a hablar. No obstante, "si algún obstáculo impide el neurodesarrollo normal, sí será necesario que el niño reciba atención especializada para ayudarle a mejorar el agarre manual", explica la neuropediatra María José Mas. 

Ante la duda, lo mejor es consultar para que sea el pediatra u otro especialista el que indiquen los pasos a seguir e indiquen la terapia más conveniente en el caso de que el niño pudiera necesitarla.

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