Niño comiendo uvas

Por qué no hay que dar uvas a los niños menores de 5 años esta Nochevieja

Los pediatras advierten de que son muy peligrosas para ellos. Te explicamos los motivos

por Ana Caaveiro

Apenas quedan unas horas para despedirnos de este atípico año. Pero por mucho que esta Nochevieja sea distinta a las demás, existen tradiciones que se mantienen, como, por ejemplo, la de comer las 12 uvas para dar la bienvenida al nuevo año. Lo que algunos no saben es que puede convertirse en todo un riesgo, especialmente, si en la familia hay algún niño menor de cinco años. Una vez más, los pediatras nos advierten del peligro de atragantamiento y asfixia en los pequeños. Así que hablamos con la doctora Magdalena Pérez Ortín, especialista en otorrinolaringología, para saber los motivos por los que es mejor no darles esta fruta a los niños… Aunque sea 31 de diciembre.

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Su sistema deglutorio todavía es inmaduro

La doctora Pérez Ortín nos explica que los niños menores de cinco años tienen una anatomía un poco diferente a la de los adultos. “Todavía tienen una laringe que está en proceso de desarrollo, y todo eso hace que su sistema deglutorio no haya alcanzado la madurez, que llegará a los cinco-seis años”, expone. A esto suma que sus dientes no están formados, por lo que no son capaces de masticar igual que lo hacemos nosotros, y, además, muchas veces, cuando están comiendo, lo hacen jugando, lo que puede dar lugar a despistes, risas… En ese momento, revela, aumenta el riesgo de una aspiración que para el niño es complicada de controlar, favoreciendo, de este modo, que tengan más episodios de asfixia.

Por último, resalta que los más pequeños pasan de tomar la leche de su madre (lactancia) a tomar alimentos sólidos, por lo que, al principio de este proceso, es muy frecuente que tenga arcadas, se atragante con algún alimento, y lo expulse.

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Ni darles agua ni más comida: cómo hay que actuar en caso de atragantamiento

La doctora nos comenta que, si los padres detectan un episodio de asfixia, lo primero que deben hacer es llamar al servicio de urgencias para pedir ayuda. Sobre todo, si desconocen cómo manejar una situación de este tipo.

Asimismo, han de comprobar si el alimento está en su boca, y, de ser visible, extraerlo con sumo cuidado, cerciorándose de que no se empuja hacia dentro. Por el contrario, en caso de que no vean nada en el interior de su boca (o no puedan sacarlo), la Asociación Española de Pediatría indica que, con el talón de la mano, deberán dar 5 golpes en la parte alta de la espalda, entre los omóplatos.

Si esto no surte efecto, entonces, tendrían que realizar la maniobra de Heimlich. Un procedimiento de primeros auxilios que, advierte, no es igual para los adultos que para los niños. “Debe hacerse con el niño tumbado boca abajo, y haciendo una compresión desde la espalda hacia arriba, para intentar que expulse el alimento”, expone.

Eso sí, si el pequeño tiene menos de doce meses, de nuevo, será necesario ponerse en contacto, de forma inmediata, con el servicio de Urgencias, y la maniobra de Heimlich contemplará cinco compresiones torácicas en el centro del pecho, justo debajo de la línea que une los pezones.

Cabe la posibilidad, también, de que el niño esté inconsciente. En este supuesto, la Asociación Española de Pediatría recomienda abrir la vía aérea, sujetando con una mano la frente del niño, y tirando, ligeramente, de la barbilla hacia arriba, para después comprobar si respira. De ser así, tiene que colocarse al niño de costado, asegurándose de que no deje de respirar mientras aguardan la llegada del equipo de emergencias.

Si no es así, insta a cerrar la nariz del niño con los dos dedos de la misma mano que se colocó sobre la frente, poniendo la boca sobre la suya para darle aire (se puede abarcar la boca y nariz del pequeño). Y se puede repetir hasta en cinco ocasiones. En todo este tiempo, hay que fijarse si el niño mueve el pecho.

Si el tórax no se eleva, tendrán que darse 30 compresiones torácicas en el centro del tórax, debajo de los pezones, alternando con dos respiraciones boca a boca, y, cada dos minutos, comprobando que respira y si se divisa algún objeto.

Lo que sí avisa la doctora Pérez Ortín es que, en caso de atragantamiento, no se les debe dar comida o agua para solucionarlo. 

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Vigilarles en todo momento y darles alimentos que puedan masticar

“Cualquier alimento que nos cueste masticar mucho a nosotros, como adultos, hay que pensar que al hijo le va a costar más”, asevera la doctora. “Y si es un alimento que se resbala, como, por ejemplo, las ostras, las uvas o los guisantes, todos ellos alimentos redondos y resbaladizos, es más fácil que se pueda atragantar porque no maneja bien su deglución”, añade.

Así que la mejor forma de prevenir cualquier tipo de susto navideño es no dárselo, pero también vigilarles en todo momento. No deben de comer sin la supervisión de un adulto, y, asimismo, es muy importante mantener fuera de su alcance estos y otros productos, como, por ejemplo, las pilas. Unos artículos que son muy corrosivos. “Además del riesgo de atragantamiento, producen quemaduras, y no nos damos cuenta de que están presentes en muchos objetos cotidianos, como, por ejemplo, el mando de la televisión”, detalla.

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Cortar las uvas en trozos pequeños o darles mandarina, algunas alternativas

Realmente, no es necesario que tomen las doce uvas. La experta conseja que se partan en trozos pequeñitos, por la mitad, quitándole la piel para que deje de ser resbaladiza.

Otra buena opción es la de sustituir esta fruta por gajos de mandarina, que a pesar de que tener líquido, no es tan peligrosa.

Muchos seguro que habrán sopesado la idea de las gominolas, pero no hay que olvidar que éstas requieren mucha masticación, por lo que, si se comen seguidas, también supondrá un riesgo para ellos.

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