No quiere más hermanos

Psicología

'¡No quiero tener más hermanitos!'

Los planes de los padres para aumentar la familia pueden ir por un sitio... y los de los hijos, por otro. Es frecuente que los niños expresen su deseo de no tener más hermanos. ¿Qué hay detrás: miedo, celos, otros problemas?

por Terry Gragera

¿Cuál es el tamaño perfecto de familia? ¿Hay un número ideal de hijos? ¿Por qué hay niños que no quieren tener más hermanos o que prefieren quedarse como hijos únicos? Son cuestiones que pueden surgir en la mayoría de los hogares. Llega un momento en que hay que decidir si se amplía el núcleo familiar o no, y ahí los más pequeños también suelen tener su propia opinión.

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¿Hay que preguntar a los hijos su opinión?

"¿Quieres tener un hermanito?". Los padres pueden hacer la pregunta con la decisión ya firme o para ver las reacciones de su hijo una vez que ya han tomado una determinación. No es malo consultarles, pero no conviene dejar la responsabilidad de una iniciativa tan importante en manos de un pequeño que, muy posiblemente, ni siquiera sabe las reperecusiones de la misma. Pero si la decisión de ampliar la familia es firme no está de más ir preparándolos. "Desde que el niño tiene la conciencia suficiente, aproximadamente desde los dos años, ya les podemos decir que en algún momento vendrá una nueva persona a la familia", recomienda Gabriel Pozuelo, psicólogo general sanitario, en mispsicologomadrid.es.

¿Por qué no les apetece tener más hermanos?

Hay niños que piden a sus padres tener algún hermano y hay otros que están muy cómodos como hijos únicos o que han hecho piña con el hermano o con los hermanos que ya tienen y no quieren ningún nuevo factor que pueda alterar la situación. "La familia va a cambiar y aceptarlo para un niño puede ser difícil, ya que su posición va a ser distinta y va a tener que compartir muchas cosas, entre ellas el tiempo de los padres", indica el especialista.

En la negativa a tener más hermanos suele haber miedos, por ejemplo, a perder la atención de los padres, a no poder disponer de sus juguetes o su habitación, o "incluso puede tener el miedo por no saber si su hermano le va a querer, por lo que optan por rechazarlo primero para protegerse", destaca Gabriel Pozuelo. En la mente de un niño cabe casi cualquier cosa, por lo que es importante que, ante la negativa, los padres investiguen cuáles son los motivos para ese rechazo.

La edad también importa, y cuando el pequeño lleva varios años solo con sus padres, se le hace más duro compartirlos. Esto sucede espacialmente en la franja de edad de entre cuatro y ocho años. Es mucho más fácil que el pequeño acepte la llegada de otro hermano si tiene dos o tres años.

 

Un truco: hacerle partícipe de la situación

El niño ya ha expresado que no le apetece la idea de ampliar la familia, pero los padres están decididos a ello. ¿Cómo ayudarlo para que viva mejor el proceso? El secreto está en implicarlo, tal como recomienda el especialista de mispsicologomadrid.es; esto es, en "incluirle en pequeñas tareas para hacerle participe, ir eligiendo nombre, la ropa, el color de la habitación, como vamos a poder cuidarlo…".

Además, es importante que se sienta partícipe del proceso de embarazo, por ejemplo, dejándolo tocar la tripa de la madre o contándole que cuando su hermanito oye su voz en la tripa se mueve porque se pone muy contento. 

¿Y si no lo acepta al nacer?

Puede que esa negativa se vaya diluyendo a lo largo del embarazo, o que, por el contrario, se agudice cuando nazca el bebé. Es una situación complicada, ante la que Gabriel Pozuelo recomienda calma y algún truco: "No hay que hacer que el niño tenga que quererle desde el primer momento; tenemos que propiciar las situaciones necesarias para que vaya aceptándolo, pero puede que necesite más tiempo y eso no esta mal".

En todo caso, hay que adaptarse a esos ritmos del niño, y a la vez favorecer que se vayan conociendo. Además, "demasiada angustia por este tema puede hacer que los padres muestren excesiva atención sobre la aceptación del niño hacia su futuro hermano, el niño se dé cuenta de esto, y se cierre aun más porque ve que tiene más atención si dice que no le gusta", aclara.

A veces es necesaria la ayuda profesional

Dependiendo de las vivencias y del carácter del niño, aceptar que ya no es hijo único o que ha dejado de ser el hermano pequeño puede costar más o menos. Y en algunas ocasiones la situación se enquista, haciendo necesaria la ayuda de un profesional. "Podemos pedir ayuda cuando vemos que el comportamiento del niño ha cambiado, afecta a nivel familiar y no varía en meses", subraya el psicólogo. Un plazo adecuado podría ser seis meses: si en este tiempo el niño sigue sin aceptar la llegada de su hermano y hay mucha negatividad al respecto, habría que estudiar qué está sucediendo. 

En todo caso, no es una situación muy frecuente, y los niños suelen acostumbrarse a la llegada de sus hermanos, con mayor o menos esfuerzo, algo que les resultará positivo para ir avanzando emocionalmente.

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