La placenta en el embarazo

Embarazo

Qué es la placenta y qué funciones tiene en el embarazo

La placenta es un órgano fundamental para que el embarazo se desarrolle bien. Hace de pulmón, de hígado, de riñón... del feto, por lo que es vital que funcione correctamente. ¿Cuáles son sus secretos?

por Terry Gragera

La placenta es un órgano exclusivo de los mamíferos como el ser humano. Gracias a ella, el embrión va a crecer y desarrollarse dentro de la madre. Durante la vida intrauterina, tiene una gran variedad de funciones vitales para el bebé que acaban justo en el momento del alumbramiento. Por este motivo, es un órgano muy complejo del que depende, en gran medida, la buena marcha de la gestación.

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Así es la placenta

El embrión humano pesa 0,08 nanogramos. Para que llegue a los tres o cuatro kilos de media en el momento del parto necesita de la placenta, que es la que le va a suministrar los nutrientes que necesita, favorecer el intercambio de gases y eliminar los desechos fetales, entre otras muchas funciones.

La placenta tiene forma de disco. Al final del embarazo, medirá unos tres centímetros de espesor, 20 centímetros de diámetro y pesará alrededor de medio kilo. En la primera mitad del embarazo, es la placenta la que crece a un ritmo más alto que el bebé, pero en la segunda mitad del embarazo, es el feto el que crece más rápido.

Un órgano vital y muy complejo

La placenta asegura que se pueda mantener la gestación. Hace de pulmón, de hígado y de riñón para el niño en su vida intrauterina. Como, gráficamente, señala la Dra. Anna Mallafré Vilar, ginecóloga experta en fertilidad y especialista en la Clínica Sagrada Familia de Barcelona y en Doctoralia, la placenta "lo es todo". "Aporta agua por difusión simple, aminoácidos, ácidos grasos, glucosa, vitaminas, minerales... y elimina productos del metabolismo", destaca. Es decir, la placenta alimenta al bebé, lo oxigena y le ayuda a desechar lo que no necesita.

Además, también realiza las funciones del sistema hormonal e inmunológico del feto y segrega líquido amniótico hasta el quinto mes de gestación, imprescindible para que el niño se mantenga en las condiciones necesarias. Todo ello es parte de un complejo engranaje que hace que "actúe tanto de forma independiente como combinada con el sistema endocrino materno", señala la ginecóloga.

"El embarazo se mantiene al principio por las hormonas que segrega el ovario, pero a partir de las semana 10-12 de gestación, la placenta toma el relevo del ovario y es ella la que mantiene el embarazo", explica. Por si todo esto fuera poco, a través de la secreción de progesterona, la placenta evita el parto prematuro.

¿Dónde se sitúa la placenta?

La placenta es "ese todo" que definía la Dra. Mallafré (www.dramallafre.com), y el cordón umbilical es el "canal" que va a suministrar todo lo que la placenta genera para el bebé. Comienza a formarse en la primera semana tras la fecundación, con células de la madre y otras de la unión del óvulo y el espermatozoide, y se implanta en el útero, habitualmente sin tapar el canal del parto.

Pero ¿cambia de posición a lo largo del embarazo? Puede haber lo que se denomina migración placentaria, "lo que quiere decir que, al crecer el útero, la placenta se aleja del orificio cervical interno", concreta la especialista. "Por ejemplo, si al principio del embarazo el porcentaje de placentas de implantación baja es del 10%, al final del embarazo es tan solo del 1%: a esto se le llama migración placentaria. El útero es como un globo con una 'mancha de tinta' (la placenta), que cuando se hincha, hace que la mancha se aleje del cuello uterino", detalla.

¿Envejece la placenta?

La placenta suele situarse en su lugar definitivo a partir del quinto mes de gestación. En cuanto a su funcionalidad, lo normal, si no hay ningún problema, es que no se deteriore en las 40 semanas. "La placenta empieza a 'envejecerse' muy hacia el final del embarazo. Este deterioro progresivo se puede objetivar en algunas placentas por ecografía (presencia de calcificaciones) y puede ser más frecuente en las semanas 40-41, aunque puede 'deteriorarse' antes con una intensidad variable", apunta la Dra. Mallafré. Un motivo más para acudir a todas las revisiones ginecológicas.

¿Cómo se detecta que la placenta no está funcionando bien?

Hay algunas señales que alertan al equipo médico de que la placenta no está cumpliendo bien su función. Así, puede observarse:

  • Escaso líquido amniótico o exceso de líquido amniótico (polihidramnios).
  • Alteraciones en el crecimiento del feto (algunas se producen por problemas en la placenta, que no le suministra los nutrientes necesarios).
  • Calcificaciones en la placenta y otros problemas que se detectan mediante ecografía.

¿Qué problemas son los más comunes?

El funcionamiento de la placenta puede verse comprometido por algunas enfermedades de la madre, como diabetes, alteraciones tiroideas, enfermedades renales, hipertensión, obesidad, enfermedades autoinmunes y trombofilias. "Sin embargo, una vez diagnosticadas y tratadas no tienen por qué dar más problemas, aunque el embarazo seguirá siendo de alto riesgo", señala la ginecóloga de Doctoralia.

En cuanto a los problemas que presenta propiamente la placenta, están la preeclampsia, el crecimiento intrauterino restringido y alteraciones en la situación o la implantación de la placenta. Así, advierte la experta: "La situación previa de la placenta puede dar lugar a partos prematuros y cuadros hemorrágicos maternos, igual que la implantación de una placenta accreta, increta o percreta, que pueden requerir en ocasiones la extirpación del útero tras el nacimiento del bebé".

¿Cuándo deja de funcionar?

La placenta deja de actuar en el parto, pero en ese momento lleva a cabo una misión fundamental y es la de desencadenar el mecanismo hormonal que provocará la puesta en marcha de la lactancia materna. Sucede con el alumbramiento, que es la fase del parto en que se expulsa la placenta. Primero sale el niño y luego este órgano tan importante para culminar todo el proceso. 

En ese momento del parto, es posible obtener células madre de la placenta tras pinzar el cordón umbilical. Estas células se emplean, básicamente, para curar leucemias y para regenera tejidos. Un órgano vital hasta el final. 

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