Descubrir el secreto de la Navidad

'Mamá, lo sé'... Qué hacer cuando descubren el secreto de la Navidad

La magia de los Reyes Magos es uno de los mejores tesoros de la infancia. Pero un día da paso a otra realidad que suelen descubrir por ellos mismos. ¿Cómo debes reaccionar? Y, sobre todo, ¿qué hacer para mantener la ilusión?

por Terry Gragera

Hacia los 10 años, la gran mayoría de los niños ha descubierto el secreto de la Navidad. Las fechas próximas a la llegada de los Reyes Magos suelen coincidir con el "hallazgo". Es un momento en que los niños hablan entre ellos del tema, surgen las dudas, las hipótesis, las conversaciones entre compañeros, y puede que tu hijo se te acerque diciendo que ya lo sabe, o que tiene dudas. ¿Cómo debes reaccionar?

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La importancia de la verdad

La verdad no tiene por qué ser dura, pero los niños sí pueden decepcionarse con la mentira. Esto no significa que haya que descubrirles, sin más, los secretos de la Navidad. Son ellos los que van marcando el ritmo con sus preguntas y sus vacilaciones. Como en otros aspectos importantes de su evolución, hay que dejar que sea el pequeño el que indique el camino y responder siempre según sus necesidades y características.

"Cuando el niño pregunta hay que atenderle, preguntarle si quiere saberlo y si responde que sí, decirle siempre la verdad, de una forma adecuada y que él puede entenderlo. Quizás se puede dulcificar haciendo un paralelismo con la muestra de amor en forma de ofrendas de los Reyes a Jesús: ahora los padres regalan a sus hijos para demostrarle que le quieren, a fin de que el niño entienda el regalo cómo lo que es: una muestra de amor y no una mentira. Este mensaje puede ajustarse a las creencias de cada uno", explica Buenaventura del Charco, psicólogo sanitario y psicoterapeuta.

¿Y si manifiesta solo dudas?

Conforme se van haciendo mayores, los niños albergan más dudas. Pero en muchas ocasiones no quieren saber, a pesar de ellas. Prefieren mirar hacia otro lado, o bien porque no quieren perder la ilusión o bien porque temen que el número de regalos ya no sea el mismo... Pero puede que te interrogen para ver tu reacción. ¿Qué se debe hacer si te hace llegar su incertidumbre? "Preguntarle qué ha oído exactamente para saber si tiene sospechas fundadas o no, y saber qué sospecha exactamente", recomienda el psicólogo. En este caso, hay que preguntarle "qué quiere saber en concreto y responder a sus preguntas (es sorprendente como muchas veces el niño dice de forma clara que no desea saber algo)", concreta.

Cuando confiesa que lo sabe

Pero también es probable que el niño no muestre dudas, sino que se dirija a sus padres directamente dicendo que "lo sabe". Puede surgir entonces la tentación de negarlo y de decirle que está equivocado, o, como aconseja Buenaventura del Charco, "preguntarle qué sabe y luego acogerlo, sin regañarle o juzgarlo". Es un momento difícil y temido a partes iguales para padres e hijos, así que conviene preguntarle al niño cómo se siente, "validar ese sentimiento y preguntarle si hay algo más que quiere saber al respecto, que los niños vean que mostramos interés por saber cómo se sienten", destaca el especialista.

Por supuesto, están fuera de lugar expresiones como "ya era hora" o "has sido el último en enterarte". Es una situación delicada para el pequeño y la verdad no tiene por qué ir acompañada de dureza. Es más, se puede recurrir a algunas de las historias que circulan por la Red y que explican de un modo delicado la tradición de los Reyes Magos.

¿Se puede mantener la ilusión?

Se puede y se debe mantener la ilusión. Cuando lo descubren suelen ser aún muy pequeños. No hay que hacerlos adultos prematuros. Las reacciones ante la revelación puede ser muy diferentes: desde los niños que muestran pena hasta los que manifiestan cierto alivio porque había algo en la historia que les resultaba extraño y, por fin, pueden encajarlo todo. Pero de entre todos los sentimientos, se debería intentar evitar el desengaño. El niño no debe asumir que ha vivido en una "mentira" sino en un acto de generosidad y de amor en el que él ahora puede pasar a ser cómplice. 

"Hay que asumir que una vez que lo saben algo se pierde. Forma parte del proceso de crecimiento y no pasa nada, igual que un día dejaron de tomar el pecho, es una etapa que una vez finaliza, no se puede alargar (ese es un deseo más de los padres que del niño)", advierte Buenaventura del Charco. Sin embargo, destaca cómo "los regalos, las cabalgatas, la decoración, el alumbrado… suelen emocionar a niños (y no tan niños), con independencia de la existencia de los Reyes Magos".

Así pues, ese: "¡Mamá, lo sé!", puede ser el inicio de una nueva etapa en la que el niño aprenda a pensar también en los demás, sin perder el encanto de la magia de la Navidad.

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