Una niña con una rabieta

Educación

Si tu hijo tiene rabietas, tranquila; es buena señal

Que un niño se tire al suelo y patalee, que llore sin parar y proteste podría parecer un problema. Pero las rabietas son una fase de su desarrollo por la que deben pasar. ¿Qué función tienen las rabietas?

por Terry Gragera

Las rabietas comienzan en el primer año de vida, se agudizan hacia los dos años, y pueden prolongarse hasta los cuatro. El niño protesta, llora, coge un berrinche, se tira al suelo, no quiere caminar... todo completamente normal. Al menos, desde el punto de vista de su desarrollo. Es cierto que es una situación incómoda para los padres, en especial si se produce en un lugar público, y que a veces se acaban los recursos para gestionarlas, pero cumplen una función, y es necesario que estén ahí.

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Qué función tienen las rabietas

Deberías preocuparte más si tu hijo no tuviera nunca rabietas, que en el caso de que las tenga. Las rabietas tienen un sentido y el niño ha de pasar por esa etapa. Cualquier situación es susceptible de provocar una: no quiere comer o tiene hambre, quiere jugar más, no le apetece volver a casa y desea quedarse en el parque, no ve el momento de irse a la cama...

En definitiva, las rabietas son un instrumento de comunicación. "Los niños utilizan las rabietas para manifestar una frustración. Los motivos pueden ser muy diversos: sueño, hambre, incomodidad, un deseo no satisfecho. No tienen la capacidad ni el desarrollo suficiente para expresarlo de otra manera", explica Elena Notario, psicóloga perinatal, infantil y de la adolescecia y especialista de la Clínica HLA Nuestra Señora del Rosario de Albacete. 

"Otro motivo común que desemboca frecuentemente en rabieta se produce cuando el niño quiere ser más independiente de lo que puede", explica la experta. "Empezará a tener actos de rebeldía al llevarnos la contraria porque quiere ser autónomo. Intenta defender sus propias ideas. Además, hay que tener en cuenta que las necesidades de los niños y las de los adultos no son las mismas", añade.

Es decir, con la rabieta el niño nos expresa lo que desea o necesita, que en muchos casos, y sin que los adultos se den cuenta, puede ser lo contrario a lo que los mayores piensan. Y, por otra parte, es la forma en la que el pequeño dice "quiero crecer", "quiero ser autónomo". Por tanto, es una fase positiva en su evolución. Significa que tiene capacidad para expresar lo que le gusta y lo que no, y que está desarrollándose para pasar de una etapa a otra.

¿Cuándo las rabietas dejan de ser normales?

Algunos niños tienen rabietas con mucha frecuencia, y otros, muy pocas. Las rabietas difieren en intensidad, duración y frecuencia, según el pequeño. "Algunos niños perderán su estado de tranquilidad muy a menudo por casi todo, y otros, apenas tendrán. Las dos cosas resultan igual de normativas", destaca la psicóloga.

Pero llega un momento en que las rabietas deberían dejar paso a otra forma de comunicación. El niño va madurando y se expresa por otras vías. "Dejarán de ser funcionales cuando el niño esté preparado para usar otras estrategias y siga utilizando las rabietas. O cuando la intensidad y la frecuencia supongan un malestar familiar importante, apareciendo una irritabilidad crónica", apunta Elena Notario. Además, en las rabietas hay que valorar un aspecto importante y es la agresividad. "Cuando nuestro pequeño se autolesione o nos agreda a nosotros, hay que ponerse en manos de un especialista", recomienda.

Cómo calmar una rabieta

Si hay un comportamiento infantil que pone en juego la paciencia de los padres, esas son las rabietas. ¿De qué manera se debe actuar? Estos son los consejos de la especialista.

  • Ante todo, calma. Los padres no deben perder los nervios... al igual que lo ha hecho su hijo. Si los padres gritan o se enfada, la situación se agrava y se consigue el efecto contrario.
  • Dejar espacio al niño. El pequeño puede necesitar espacio para calmarse, o, por el contrario, puede necesitar contacto físico para serenarse. Se le debe ofrecer lo que mejor le vaya en ese momento.
  • Si la rabieta ocurre en un lugar público, se le retira a un sitio más tranquilo.
  • Cuando ya esté calmado, hay que ir a hablar con él, agachándose a su altura y validando sus sentimientos de esta manera: "Entiendo cómo te sientes, pero lo que me pides, no puede ser".
  • En lugar de lo que pide, se le puede ofrecer una alternativa, pero si lo que que ha generado la rabieta no es conveniente, no hay que ceder a su deseo.

¿Las rabietas deben tener consecuencias?

El castigo enseña poco, sin embargo, que los actos tengan consecuencias, puede suponer un aprendizaje. En el caso de las rabietas, "podemos dar una explicación de por qué no le hemos dejado hacer algo (por ejemplo: "no te he dejado salir al patio sin abrigo porque hace frío y puedes ponerte enfermo")", detalla Elena Notario. En este sentido, se les pueden explicitar las consecuencias de su acción: "Como hemos tardado en volver del parque porque no querías marcharte, ahora no nos da tiempo a hacer la manualidad". 

En todo caso, hay que tener en cuenta que las rabietas son una etapa transitoria en la que el niño demuestra sus gustos, sus preferencias, sus necesidades y su deseo de ser independiente. Si las rabietas no se convierten en la única forma que aprende de lograr todo lo que quiere, irán desapareciendo tal como llegaron cuando vaya adquiriendo madurez.

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