Madre sujetando a su bebé en brazos mientras está en una esterilla

Lactancia

Por qué no deberías de dar el pecho justo después de hacer deporte

¿Has notado que el bebé rechaza la toma tras haber hecho ejercicio? Te explicamos el motivo y qué debes hacer para evitarlo

por Ana Caaveiro

Hacer deporte es un hábito saludable que los expertos recomiendan en cualquier etapa, incluido el embarazo. Por ello es lógico que, tras dar a luz, las madres intenten recuperar su rutina de actividad física lo antes posible. Y aunque no se trata, ni mucho menos, de una práctica que sea incompatible con la lactancia, lo cierto es que puede llegar a influir a la hora de dar el pecho. Te explicamos cuál es el motivo y por qué deberías dejar de dar el pecho a tu pequeño justo después de realizar una actividad muy intensa.

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Tras practicar deporte, el sabor de la leche puede cambiar de dulce a salado

La doctora Susana Ares, del Comité de Nutrición y Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría (AEP), explica que, en general, la leche materna es dulce, pero existen algunas circunstancias que favorecen que esto cambie y sea salada. Sobre todo, al principio de la lactancia, cuando todavía está produciendo calostro (que tiene un bajo contenido en lactosa y la leche todavía no ha subido), hay una mastitis, empieza el destete o se vuelve a quedar embarazada.

Sin embargo, a todas estas circunstancias hay que sumar la práctica de deporte. Y es que se han dado casos de bebés y niños que no quieren tomar el pecho después de que su madre haya hecho ejercicio de forma intensa. A pesar de que no está demostrado el principal motivo del rechazo, según nos detalla la doctora Ares, los expertos atribuyen el cambio de sabor de la leche al descenso de la concentración de algunos factores como la inmunoglobulina A o IgA, y al incremento del ácido láctico, puesto que el cuerpo de la mujer quemará más azúcares (lactosa). La producción de sudor tampoco ayuda, ya que el bebé, al succionar el pezón, notará ese regusto salado que le llevará a no querer la toma.

Aun así, la asesora de lactancia Elisabeth Grimaldi coincide con la médico en que la lactancia y el deporte son compatibles. De hecho, tal y como se detalla la propia Asociación Española de Pediatría (AEP), entre sus beneficios cabe destacar:

  • La mejora de la función cardiovascular y la calcificación de los huesos.
  • Contribuye a perder la grasa que se acumuló a lo largo de la gestación.
  • Se incrementa la fuerza y la flexibilidad muscular.
  • Estimula el sistema inmunitario.
  • Aumenta su autoestima, reduciendo la sensación de estrés.

Es decir, que si el bebé se niega a tomar el pecho después de que haya hecho ejercicio, la madre no tiene por qué preocuparse. Simplemente, debe probar a seguir ciertos hábitos como:

  • Hacer deporte después de amamantar al pequeño.
  • Practicar actividades baja intensidad para que no se produzca tanto sudor.
  • Tomar duchas con jabón natural tras hacer ejercicio.
  • Utilizar ropa que sea de algodón.  
  • Mantener una dieta lo más completa posible.

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La dieta también influye en el sabor de la leche

La doctora Ares nos expone que, durante la lactancia, las sustancias que dan sabor a los alimentos que ingiere la madre, pasan a la leche. De este modo, dependiendo del tipo de dieta que ella mantenga, la leche cambia de sabor. De ahí que la mayoría de niños que han tomado el pecho de pequeños acepten mejor nuevos alimentos: al fin y al cabo, están acostumbrados a esos diferentes sabores.

No obstante, la médico advierte que esto no significa que deba quitar de su dieta algún alimento. Tan sólo debe hacerse si se da cuenta de que el bebé tiene vómitos, diarreas o cólicos, tras haber comido algún alimento específico. Es más, en caso de que tenga esa sospecha, será necesario que primero compruebe qué es lo que sucede si no lo toma: si esas molestias remiten o, por el contrario, reacciona de forma normal.

De todos modos, la médico incide en que no es necesario que la madre lactante se imponga una dieta específica. Tanto es así que una dieta sana para ella será la misma que para cualquiera. Deberá incluir una base de cereales, sobre todo, integrales (como el pan, el arroz, la pasta), y legumbres (lentejas, guisantes, garbanzos y alubias), complementándose con frutas y verduras. La proteína magra (pollo, huevos, pescado y carne de vacuno) también será necesaria, al igual que grasas saludables (como el aceite de oliva, frutos secos). A lo que añade que no debería tomar más de dos raciones (unos 140 gramos aproximadamente) de pescado azul (como salmón o caballa) porque podría contener elementos contaminantes.

Por último, es conveniente que no abuse de azúcares, dulces, alimentos procesados y grasas, y que ponga atención en la hidratación (un litro y medio aproximadamente al día).

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