Niño tiene una pesadilla

Consejos para ayudar a los niños a superar las pesadillas y terrores nocturnos

Después de meses de tensión, incertidumbre y grandes cambios, es normal que el sueño de los más pequeños se haya visto afectado

por Ana Caaveiro

Aunque ya vislumbramos, poco a poco, la ansiada 'nueva normalidad', numerosos expertos han advertido de las secuelas que dejará la pandemia del coronavirus a nivel psicológico. Una crisis que también ha afectado a los más pequeños, y en especial, su calidad de sueño

Tal y como nos explica María García, psicóloga de Blua de Sanitas, estos días los niños "pueden experimentar emociones como incertidumbre, miedo, ansiedad, problemas de conducta, irritabilidad, desobediencia, enuresis, abuso de las nuevas tecnologías, y por supuesto, problemas del sueño". Ya que, según comenta, "suele ser la parte más vulnerable de las personas", y en cuanto aparecen factores como la ansiedad o el estrés, es habitual que sufra alteraciones.

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Pesadillas y terrores nocturnos, los episodios más comunes

Para los niños, la pandemia también ha supuesto una situación excepcional. Confinados en casa y sin poder ir al colegio, se vieron obligados, de repente, a limitar sus actividades cotidianas, sus relaciones con familia y amigos... Y, sobre todo, "han estado expuestos ante el malestar de su entorno", detalla la psicóloga, lo que ha podido condicionar su descanso.

Los problemas más comunes son las pesadillas y los terrores nocturnos, que, a pesar de la creencia general, no son lo mismo:

  • Las pesadillas son episodios desagradables y angustiosos que se dan en la segunda mitad del sueño, en la fase REM, y se caracterizan por ser una manifestación de ansiedad o preocupaciones que se libera durante la ensoñación.
  • Los terrores nocturnos aparecen con menor frecuencia que las pesadillas, que se producen en la fase no REM del sueño. Es decir, en el primer tercio del descanso.

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La importancia de diferenciarlos

La psicóloga apunta a que es muy importante discernir entre uno y otro para actuar en consecuencia, pero, ¿cómo pueden identificarlos los padres?

Si se trata de una pesadilla

Se caracterizan por una manifestación de angustia menor, pero suelen provocar el despertar de los niños más fácilmente, y recuerdan lo que han soñado de tal forma que el niño llega a creer que ha ocurrido de verdad. 

Es habitual que las sufran entre los 4 y los 8 años, un período al que se le conoce como la 'edad de los miedos', y van desapareciendo de forma natural con el paso del tiempo.

Si es un terror nocturno

Son sueños más vívidos y angustiosos. El niño está profundamente dormido, aunque tenga los ojos abiertos, grite o se mueva; y al despertar, no se acordará de nada. No duran más de 10 minutos, y se manifiestan en niños de entre 1 y 4 años.

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Cómo actuar en cada caso

El protocolo de actuación es diferente si se trata de un episodio u otro, según afirma María García, quien nos da los siguientes consejos:

  • Después de una pesadilla es importante tranquilizar y dar seguridad a los niños, explicarles que han tenido un sueño, que lo que han experimentado no es real y es normal que sientan miedo y ayudarles a volver a sentirse seguros en su cuarto y en su cama. Para ello debemos dejarles expresar su angustia, sus miedos, permitirles hablar de lo que han soñado, escucharlos y validar y normalizar su temor y preocupaciones. Les ayuda comprender que todas las personas soñamos y que a veces esos sueños dan miedo, pero sólo son eso, sueños y no son la realidad.
    Además, podemos utilizar elementos reconfortantes, como juguetes u "objetos mágicos" que les ayuden a ganar esa seguridad y tranquilidad necesarias para volver a dormir o no temer el sueño.
  • La forma más recomendable de actuar ante un terror nocturno es acercándose tranquilamente al niño para intentar calmarle y consolarle. Podemos decirle, suavemente, que todo está bien, que solo está soñando, acariciarle... siempre esperando pacientemente a que se despierte. No se recomienda provocar el despertar, ya que aumenta su estado de confusión y desorientación, haciendo aun más difícil que se tranquilice. Generalmente, tras despertarse, suelen volver a dormirse pasados unos minutos.
    Es fundamental acompañarles y consolarles en su agitación y angustia mientras tienen el episodio, no sólo para calmarles, sino para cerciorarse de que no se hacen daño si realizan algún movimiento brusco. Asimismo, también resulta esencial estar a su lado en el despertar para facilitar que concilie el sueño de nuevo.

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Consejos para evitarlos

La psicóloga asegura que para prevenir tanto los terrores nocturnos como las pesadillas, es recomendable que los niños tengan una buena higiene del sueño.

  • Unos horarios de acostarse y levantarse.
  • Una rutina de sueño que implique también actividades relajantes, como, por ejemplo darse un baño caliente antes de dormir, leer un cuento o hablar tranquilamente del día.
  • El papel del dormitorio. Es importante que su cuarto les genere bienestar y tranquilidad para conseguir que asocien la cama al descanso y el sueño.
  • Ayudar a los niños a regular sus emociones, en especial la ansiedad y el miedo, y facilitar un ambiente familiar saludable y tranquilo donde se sientan seguros y acogidos.

"Tanto los terrores como las pesadillas se consideran hasta cierto punto parte del desarrollo de los niños", señala María García. No obstante, si se dan de forma frecuente y van aumentando también en intensidad, provocando problemas en la calidad y cantidad de sueño, afectando a otras áreas, o están acompañados de otras alteraciones del comportamiento, es recomendable acudir a un especialista para valorar la situación.

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