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Cómo ayudar a los niños con las tareas del colegio sin perder la paciencia

Alzar la voz sólo conseguirá que los pequeños se bloqueen y lo tomen como un ataque, así que los expertos recomiendan usar la disciplina positiva

por Ana Caaveiro

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, confirmó ayer que los más pequeños no volverán a las aulas hasta el próximo mes de septiembre, aunque, tal y como adelantaba la ministra de Educación, Isabel Celaá, habrá excepciones. Las escuelas infantiles de menores de 6 años podrán abrir (para facilitar la conciliación de los padres que no puedan teletrabajar), se darán clases voluntarias para los estudiantes de 4º de la ESO, 2º de Bachillerato o 2º de FP Media y Superior, y se impartirán actividades de recuperación. Todo ello a partir de la 2ª fase. Es decir, que habrá que esperar hasta el próximo 25 de mayo.

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La mayoría de alumnos, por tanto, deberá continuar estudiando y haciendo sus deberes desde casa. Una nueva realidad que se ve acentuada por la constante incertidumbre, que causa estrés y nerviosismo en muchos niños y padres. Es habitual que durante la cuarentena, los progenitores procuren ayudar a sus hijos con sus tareas, pero en muchas ocasiones, las buenas intenciones dejan paso a la impaciencia y los gritos. Reacciones que "generan una atención y una reacción negativa en el niño", tal y como detalla Celia Rodríguez, asesora pedagógica de Rubio.

"Su cerebro interpreta el grito como un ataque, y ante este ataque reacciona con diferentes emociones: el miedo, el enfado...". Además, si se alza la voz porque ha cometido un fallo, "se estará poniendo un obstáculo en su aprendizaje, y lo único que se conseguirá será bloquearle".

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Una tensión innecesaria y evitable

Por lo tanto, con el grito, se consigue el efecto contrario al deseado, generando una tensión que puede dejar una "huella importante en la personalidad de los niños", que perdurará hasta su vida adulta

La pedagoga explica que tampoco los padres deben sentirse mal si alguna vez pierden la paciencia, puesto que, al fin y al cabo, "todos somos humanos". Para evitar estas situaciones incómodas, desde Rubio, nos dan una serie de consejos:

  1. Intentar mantener la calma.
  2. Pensar antes de actuar. Ser capaces de detectar cuándo empieza a agotarse nuestra paciencia, y en cuanto esto suceda, expresar lo que estamos sintiendo para no alzar la voz. Al contrario de lo que se suele imaginar, hay que perder el miedo a pedir perdón. Si ellos ven que nosotros nos disculpamos, asimilarán la conducta, y comprobarán que todos nos equivocamos. A la hora de hacerlo, la pedagoga recomienda hablar en primera persona, utilizar el 'yo' y no el 'tú'.
  3. Aplicar una disciplina positiva. Consiste en respetar las emociones del niño, que no debe confundirse con una permisividad absoluta. Para evitarlo, lo mejor es establecer unas normas y pautas previamente. Si no se cumple, se estipularán una serie de consecuencias para que aprendan. Por ejemplo, en caso de que no se terminen los deberes, no podrá ver los dibujos. También le estaremos dando una responsabilidad porque saben qué ocurrirá si no obedecen.
  4. Empatizar con el pequeño. Ponerse en su lugar y 'sintonizar' con sus emociones. "El niño no está fallando en los deberes ni lo hace para incordiar a los padres. Debemos realizar el ejercicio con ellos, intentar comprenderles. De esta manera, entenderemos si están cansados, aburridos... Lo que no implica que tengamos que consertirles todo. Si está cansado, no lo podemos solucionar diciéndole que no lo haga", apunta.
  5. Establecer rutinas para ayudar a normalizar esta nueva realidad. 
  6. Escuchar y fomentar que se exprese. Dado que algunos niños son más introvertidos que otros, podemos lograrlo, invitándole, por ejemplo, a dibujar.
  7. Los deberes son importantes, pero las actividades lúdicas también. Jugando y divirtiéndose, también aprenden.
  8. Recordar que se predica con el ejemplo. Los niños aprenden de nosotros, así que si dejamos de gritar, ellos asimilarán que no hay que hacerlo. Además, se le estará brindando una herramienta poderosa de cara a su futuro.

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