Los revueltos se convierten en una de las soluciones más prácticas y, podríamos decir, más ‘efectistas’ a la hora de elaborar un menú. Y es que, en la mayoría de los casos, con muy poco tiempo y de manera muy sencilla, podemos obtener un plato realmente delicioso. El único secreto: batir bien los huevos y añadirles un chorrito de leche para que queden bien esponjosos. Y a partir de ahí, echar a volar la imaginación con el resto de los ingredientes, en función de los gustos personales. 
 

 

Desde productos más ‘humildes’, pero no por ello menos sabrosos (guisantes, ajetes, pimientos...), hasta grandes delicatessen como jamón, trufa, setas…Éstas de aquí debajo son sólo algunas sugerencias: