Cenar demasiado tarde, una pésima idea para la salud… ¡y para la línea!

La experta en nutrición Marta Garaulet nos explica las consecuencias que tiene para el organismo esta costumbre tan española

por hola.com

Siempre hemos escuchado lo poco recomendable que resulta cenar demasiado tarde, una costumbre que en España se produce con mucha más frecuencia de la deseada. Pero, ¿por qué se trata de un hábito que debemos intentar desterrar?, ¿qué consecuencias tiene para la salud?

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Al dar respuesta a estas cuestiones no tardan en aparecer palabras como ‘obesidad’ o ‘diabetes’. Así nos lo explica en esta entrevista la nutricionista Marta Garaulet, autora de libros como ‘Pierde peso sin perder la cabeza’ o ‘Método Garaulet para niños’, y encargada del desarrollo de un interesante estudio que relaciona los efectos que tienen sobre la dieta y el organismo el hecho de cenar demasiado tarde.

-¿En qué consiste, a grandes rasgos, esta investigación?

Se trata de una colaboración con el doctor Frank Scheer, director del departamento de cronobiología y sueño de Harvard. Estamos investigando sobre la relación que hay entre la hora de la cena, cuando ésta es tardía, y cómo afecta al metabolismo glucídico y a la salud en general. Queremos demostrar que la hora de esa última comida es importante en la pérdida de peso, obesidad, y tolerancia a la glucosa.

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-¿Qué se considera una cena tardía?

Consideramos como cena tardía la que se produce durante las dos horas antes de irse a la cama.

-¿Qué consecuencias tiene ese patrón de conducta sobre la salud?

Nuestros resultados muestran que la sensibilidad a la insulina en el tejido adiposo humano (en la grasa corporal) cambia a lo largo del día, y es hasta cuatro veces menor por la noche que por la mañana. Por tanto una cena tardía, cuando nuestro organismo no está preparado para tolerar la glucosa puede afectar a nuestro metabolismo, al grado de obesidad, y a la larga, aumentar el riesgo de padecer diabetes.

-¿Recomiendas, por tanto, cambiar el patrón de conducta?, ¿es posible cenar antes con esta 'irracionalidad' de horarios?

España presenta una distribución de comidas muy particular, con desayuno ligero, comida al mediodía copiosa (sobre las tres de la tarde) y cena ligera tardía. De estos patrones, algunos son aconsejables, como tomar la mayor parte de las calorías del día al mediodía (en España casi la mitad de la energía que 'comemos' se hace a al mediodía), o tener una cena ligera. Sin embargo, otros hábitos quizás sería mejor cambiarlos, como el desayuno, que debería ser más fuerte, y los horarios de la comida del mediodía y de la cena, que en ambos casos se deberían adelantar, para comer siempre antes de las 15:00h, y cenar siempre al menos dos horas y media antes de irnos a la cama.

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¿Cómo cambiar unos hábitos de alimentación adquiridos durante mucho tiempo?

En muchos casos hay que cambiar la dieta de toda la familia; hacer más comidas de cuchara, más verduras y cenas más ligeras. Volver a las sopas, los huevos… un poco volver a lo de siempre. Si lo que se quiere es perder peso, pues habrá que optar por una dieta hipocalórica, pero dentro de la normalidad, sin excesos.

-¿Cómo ves la figura del dietista-nutricionista ahora mismo en España?

Creo que es una carrera muy necesaria. La nutrición es una ciencia muy novedosa donde existen muchas tendencias diferentes. Para que los ciudadanos se olviden de las 'dietas milagro' y nos valoren, necesitamos que haya un mayor consenso entre nosotros. Hay demasiadas 'polémicas' dentro de la profesión como la idoneidad del consumo de leche, los carbohidratos, etc. Hay tanto tendencias a favor como en contra, y eso hace daño a la profesión, pues acabamos confundiendo a la población con nuestros mensajes.

-¿Qué soluciones sugieres?

Se soluciona haciendo una ciencia de la nutrición más sólida y aplicando la nutrición personalizada. Aunque las recomendaciones básicas pueden ser semejantes, cada individuo, cada forma de vida y cada patología se debe tratar según sus necesidades. Tenemos la obligación de hacer muy bien las cosas; algo tan importante como la alimentación diaria de los pacientes está en nuestas manos. Debemos saber acompañarles del placer de comer, no quitárselo porque sí, porque podemos volver triste la vida de una persona. No debemos ser radicales y eliminar de la dieta alimentos como la leche, el pan o los postres dulces. No podemos ser tan categóricos como para decir lo que está bien o mal. La dieta debe ser compatible con la vida social de las personas y su felicidad, y, al mismo tiempo, debe ser saludable y atractiva.

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