'Tips’ prácticos para ordenar tu despensa y tu nevera en verano

'Tips’ prácticos para ordenar tu despensa y tu nevera en verano

El orden en la cocina es esencial. Y este pasa, sobre todo, por tenerla ordenada y, por supuesto, limpia. Sigue nuestros consejos para tener tu nevera y tu despensa más en orden que nunca

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Puede parecer algo sencillo -y lo es-, pero a menudo descuidamos este aspecto esencial para que nuestra cocina esté como tiene que estar, aprovechemos al máximo los alimentos y, con este gesto, también contribuyamos a evitar el desperdicio y a no malgastar nuestro presupuesto en alimentación.

Todo ha de empezar en el momento previo a la compra, con un ejercicio de organización -y su lista correspondiente-, que también tendremos que aplicar a la hora de guardar los productos adquiridos y conservarlos de la manera más adecuada, tanto en la nevera como en la despensa. Por supuesto, uno de los consejos obvios es mantener limpias ambas tanto por dentro como por fuera. Pero, además, queremos ofrecerte algunos tips que te ayudarán mucho a la hora de mantenerlas ordenadas y más ahora, en verano, que corremos el peligro de intoxicación por mal estado de algunos alimentos.

Saber más: ¿por qué necesitas una lista de la compra?

La despensa

  • Deshazte de todo lo que esté caducado. Si llevas tiempo sin organizar la despensa, te sorprenderá la cantidad de productos que terminan en la basura…
  • Una vez que hayas revisado todas las fechas de caducidad, coloca siempre lo más antiguo delante, y lo que caduca más tarde (lo último que has comprado), detrás.
  • Los productos de primera necesidad -o que consumes con más frecuencia- colócalos de forma bien visible, al alcance de la mano, y deja las filas de detrás para aquellos que usas de forma menos habitual.
  • Una buena idea consiste en organizar los productos por grupos: todas las conservas de pescado juntas, las de legumbres, las de verduras, las pastas, los arroces…
  • Si tienes en casa botes y tarros herméticos -mejor de vidrio pero también sirven los de plástico- no dudes en usarlos para almacenar y conservar productos. Tu despensa, además de tener mejor aspecto, será también más sostenible (di adiós a todos esos paquetes de plástico cerrados con pinzas…).
  • Recuerda que el lugar donde almacenamos los alimentos debe cumplir unos requisitos mínimos (si no es así, quizá debas buscar otra zona de almacenamiento). Los más importantes: debe ser un espacio lo suficientemente amplio que permita tener los productos en orden y a la vista;  debe ser un lugar fresco y seco, lejos de focos de calor y luz, con una ventilación adecuada; ha de ser un sitio de fácil limpieza y desinfección para garantizar la menor contaminación de productos; si la despensa se sitúa en un armario, éste deberá disponer de puertas que protejan los alimentos del exterior…
  • Aunque sea una obviedad, en la despensa solo podremos guardar alimentos que puedan conservarse a temperatura ambiente -por lo general, todos los que son no perecederos- (legumbres, cereales y derivados, azúcar, sal, café, cacao, especias, aceite, etc). Por ejemplo, las semiconservas y algunos envasados al vacío (fiambres, ahumados...) necesitan temperaturas de refrigeración para su conservación. La leche, una vez abierta, siempre tiene que meterse en la nevera.
  • Es importantísimo tener en cuenta que en los armarios donde almacenamos la comida, solo debe haber eso: comida. Nada de productos de limpieza o de otra naturaleza que puedan contaminar al resto.

La nevera

  • No debemos olvidar que cada zona de la nevera ha sido diseñada específicamente para albergar unos alimentos u otros, asi que ten en cuenta esto a la hora de colocarlos.
  • La mayoría de las neveras tienen habilitados unos cajones para las verduras y frutas. No es algo casual. En ellos, este tipo de alimentos mantienen su humedad y se conservan mejor, y siempre es mejor sacarlos de sus envoltorios -bolsas, bandejas, etc-.
  • Las carnes y pescados son los alimentos que requieren temperaturas más bajas para su conservación. Por ello, deberás colocarlos en la parte más fría de tu nevera, esto es, en su parte inferior. Guárdalos bien envueltos (es importante evitar posibles goteos) y sepáralos del resto de alimentos para evitar cualquier posibilidad de contaminación cruzada.
  • En la parte central de la nevera puedes colocar los embutidos, yogures, quesos y, en general, alimentos que no necesiten temperaturas tan bajas como las carnes y los pescados.
  • La parte superior la puedes reservar para alimentos que necesitan menos frío como productos ya cocinados.
  • Tampoco es arbitrario el espacio dedicado a los huevos en la puerta de la nevera. Se trata de un lugar fresco pero sin un frío excesivo, que podría congelarlos. En la puerta también puedes colocar productos como mantequillas, salsas, bricks (leche, bebidas vegetales, gazpachos)…
  • Recuerda que, aunque el frigorífico puede ser muy útil para la conservación de determinados alimentos, hay otros a los que el frío no les viene bien y que, sin embargo, a veces metemos en las neveras. Es el caso, por ejemplo, de productos como patatas, cebollas, aguacates, cítricos, plátanos, tomates… Es mejor que los tengas fuera en un lugar fresco, ni muy húmedo ni muy seco.
  • Por supuesto, nunca meteremos tampoco en la nevera alimentos cocinados que no hayan terminado de enfriarse. Ni siquiera en la parte menos fría de la nevera. ¿El motivo? Si introduces preparaciones o productos en caliente, la nevera aumentará de temperatura y tendrá que ‘trabajar’ más. Sin olvidar que, si se trata de mucha cantidad, la refrigeración no tendrá tiempo de actuar de forma eficaz, con la posibilidad de que se creen bacterias.

Saber más: ¿sabes congelar y descongelar correctamente los alimentos?

El congelador

  • Congela los alimentos en porciones que no sean muy grandes. Esto facilita la conservación y es más fácil descongelar solo la cantidad exacta que queremos y no todo el producto. 
  • Si vamos a congelar algo que esté cocinado es muy importante dejarlo enfriar del todo.
  • Evita que ningún alimento toque las paredes del congelador y para ello es vital que los tapes bien. Los recipientes más adecuados para congelar alimentos son los de plástico y los de cristal, aunque también puedes usar bolsitas específicas con autocierre o al vacío.
  • Lo más importante es no perder nunca la cadena de frío, es decir, que el alimento pase el menor tiempo posible fuera del congelador o frigorífico si acabamos de traerlo a casa y tenemos intención de congelarlo. Por eso, guárdalos rápidamente con una etiqueta identificativa para saber la fecha de congelado y el producto del que se trata.
  • Evita volver a congelar algo ya descongelado, pues se puede producir una pérdida importante en la calidad del producto e, incluso, llevar asociado intoxicaciones por el desarrollo de bacterias.

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