¿Dieta muy restrictiva tras el atracón de torrijas? No funcionará (y lo sabes)

¿Dieta muy restrictiva tras el atracón de torrijas? No funcionará (y lo sabes)

Te damos hasta ocho motivos por los que abandonarse a las dietas excesivamente hipocalóricas para ‘compensar’ de los excesos de Semana Santa resulta una pésima idea

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En realidad, da igual si son las torrijas de Semana Santa, los helados del chiringuito en verano, los banquetes navideños… La respuesta siempre es 'no': compensar esos excesos gastro que normalmente aparecen en épocas festivas o vacacionales con una dieta demasiado estricta, nunca es una buena idea. Esa ‘teoría del equilibrio compensatorio’ no funciona así. Y el caso es que, por experiencia, sabemos de sobra que lo único realmente eficaz en este sentido es retomar los buenos hábitos de alimentación y sostenerlos de manera prolongada en el tiempo. Abandonarse a dietas muy hipocalóricas, o apenas ingerir alimentos a lo largo de día, nunca será una opción válida para perder centímetros por muchos motivos. Recordamos a continuación algunos de los más imporantes. 

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RAZONES PRINCIPALES PARA DECIR ‘NO’ A LAS DIETAS MUY RESTRICTIVAS

  • Al tratarse de dietas muy bajas en calorías nunca conseguimos estar saciados y tenemos hambre permanentemente. ¿En qué deriva esto?: atracones, impulsos de comer a escondidas (con sus consiguientes sentimientos de culpa, baja autoestima, etc).
  • No son dietas enfocadas a la salud (que debería ser siempre el objetivo fundamental de cualquier pauta de alimentación), tan solo a la pérdida de peso. Eso hace que no cumplan con los requerimientos de nutrientes diarios que deberían. Y si no estamos bien nutridos aparecerán problemas como cansancio, peor estado de ánimo, falta de energía a la hora de practicar ejercicio…
  • Provocan el temido efecto rebote: cuando se vuelve a comer ‘normal’, el peso perdido se recupera tan rápido como se perdió, incluso se ve aumentado, y hace que cada vez nos cueste más adelgazar.

  • También pueden ocasionar cambios hormonales: desajuste de la tiroides, el cortisol, la serotonina y dopamina, los estrógenos y la progesterona en mujeres, haciendo que se altere el ciclo menstrual, entre otros.
  • Por otro lado, hay que tener en cuenta que, aunque en un principio se pierda peso, la gran parte del mismo es agua y músculo, cuando lo beneficioso sería perder grasa. El agua nos mantiene hidratados y el músculo nos da fuerza y sujeción; su pérdida puede derivar en problemas de huesos, articulaciones, afecciones renales…
  • No crean hábitos sostenidos en el tiempo. La palabra ‘dieta’ da idea de un proceso delimitado en el calendario. Sin embargo, el objetivo debería ser aprender y adquirir hábitos alimenticios saludables que se puedan mantener sin fecha límite. Y las dietas demasiado restrictivas son incompatibles con esto.
  • Priorizan un número en la báscula frente a lo importante de verdad: ganar salud, sentirnos mejor, tener más energía, descansar bien, mejorar el estado de ánimo y, muy importante, disfrutar con la comida. Con las dietas muy estrictas esto no se suele conseguir, otra de las grandes razones por las que nunca son aconsejables y por las que se abandonan tan temprano.

  • Son dietas que no están adaptadas a la persona, esto es, a su ritmo de vida concreto, sus gustos alimenticios, horarios, sus niveles hormonales… De manera que es la persona quien trata de adaptarse a esa dieta y no al revés, motivo por el que le resulta mucho más complicado seguirla. En este sentido, siempre que sea posible, la mejor alternativa será acudir a un dietita-nutricionista que nos ayude en nuestros objetivos.

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