Lágrimas, grandes desencuentros, cocina de vanguardia y mucho sabor gallego en la última entrega de 'Top Chef'

Lágrimas, grandes desencuentros, cocina de vanguardia y mucho sabor gallego en la última entrega de 'Top Chef'

El sevillano Pablo González se convirtió en el segundo expulsado del 'talent show', protagonizando una emotiva despedida

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‘Un paraíso del producto fresco’. Así definía, no sin razón, el chef Alberto Chicote el escenario donde dio comienzo anoche la tercera entrega de 'Top Chef'. Se refería al ‘Mercado de Abastos’ de Santiago de Compostela (lugar del que, precisamente, te hablábamos en nuestros últimos 'gastro-planes', dado que estos días este mercado acoge el congreso ‘Compostela Gastronómica’). Hasta allí se trasladó todo el equipo del popular programa para el desarrollo de sus dos primeras pruebas.

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La primera de ellas, al igual que la semana anterior, se dividió en dos fases. En esta ocasión, al estar en suelo gallego, el protagonista no podía ser otro que el marisco. En concreto, las ostras se convirtieron en las ‘reinas’ absolutas. ¿La misión de los concursantes? El primer lugar, conseguir abrir diez de estos deliciosos moluscos en el menor tiempo posible y, además, hacerlo bien. Empresa, desde luego, nada sencilla… Tanto es así, que los más rápidos en conseguir el reto (Carlos, Marc y Peña) no fueron quienes finalmente pasaron a la segunda fase de la prueba. Fueron rápidos, sí. Pero sus ostras no presentaban el mejor aspecto (conchas rotas, carne destrozada…). Sí lo hicieron mejor Pablo, David y Honorato. Ellos tres, como finalistas de esta primera prueba, tuvieron que vérselas a la hora de elaborar, en sólo 30 minutos, un plato con las ostras que habían abierto. Pero había más condiciones: la receta debería llevar además otro marisco y cualquier otro elemento que quisieran cogen en el Mercado de Abastos, estando obligandos a utilizar todos ellos.

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Como el miembro del jurado Yayo Daporta jugaba en casa (es natural de Cambados, donde tiene su restaurante), fue él el encargado de juzgar las recetas. En su experta opinión, el plato de ostras y almejas que preparó David fue el claro vencedor. ‘Ha sido el que mejor ha sabido combinar los ingredientes que ha escogido, todos ellos están muy bien integrados entre sí’, aseguró Daporta.

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Llegó la segunda prueba y con ella, algunos de los momentos más tensos no sólo del programa sino de todo lo que llevamos en esta segunda temporada de ‘Top Chef’. Al haber sido elegido vencedor de la fase anterior, David tuvo la ventaja de formar los tres equipos en los que se debían dividir los concursantes para esta prueba grupal, así como el nombre de sus capitanes. Haciendo uso de la estrategia o no, lo cierto es que uno de los equipos formados por David resultó ser totalmente ‘explosivo’. ¿En sus filas? Demasiada testosterona y demasiados egos juntos: Carlos, Marc (a quienes las broncas ya les precedían), Peña y, el más conciliador, Pablo. Los otros dos equipos estuvieron integrados por David, Inés, Fran y Honorato por un lado, y por otro, Marta, Rebeca, Teresa y Víctor.

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Pero como decimos, todo el protagonismo (en este caso, en el sentido más negativo) se lo llevó el equipo naranja, capitaneado por Marc. Los problemas comenzaron desde el minuto uno: Carlos propuso tomar decisiones en común. Sin embargo, Marc no tardó en saltar: ‘Aquí bailaremos al son que yo diga, que para eso soy el capitán’, respondió, tajante.
El reto en esta ocasión consistía en elaborar un plato para 50 de los peregrinos que finalizaban su recorrido del Camino de Santiago, teniendo que utilizar dos elementos: por un lado un alimento proteico, el pulpo, y por otro, un hidrato de carbono (patata, legumbres, etc). Para ello, se trasladaron a las cocinas de popular ‘Hostal de los Reyes Católicos’. Los 70 minutos totales para la elaboración de la prueba enseguida parecieron quedarse cortos… La correcta cocción del pulpo requiere su tiempo y su habilidad. 'Es el plato más sencillo y, al mismo tiempo, el más complicado’, aseguraba Pepe Solla, prestigioso chef gallego (restaurante Casa Solla, Pontevedra) que, junto con el también reputado cocinero gallego Javier Olleros (restaurante ‘Culler de Pau’, Pontevedra) fueron dos de los chefs de renombre invitados en el programa de ayer.

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Los problemas organizativos y la tensión aumentaban en el equipo naranja y todo eran críticas hacia su líder, Marc: ‘Llevo 15 minutos picando ajos como un loco y él… ¿qué hace?, cortar un poco de pan, y ensuciarlo todo. De pronto, va y desaparece. ¡Haz, al menos un plato entero, y nosotros podremos seguirte!. ¡Es vergonzoso!’, decía un enfadadísimo Carlos. Críticas a las que se sumaba Peña: ‘¡Quiere hacer ‘el Ferran Adrià’ con unos peregrinos y con platos de plástico!’. Acusaciones y pésimo ambiente de trabajo que, como cabía esperar, terminaron de forma previsible: sin tiempo para sacar el plato adelante y convirtiéndose en el equipo perdedor, según los peregrinos, encargados de valorar los platos. ‘Es una vergüenza que cuatro tíos como cuatro castillos no sean capaces de hacer un guiso para 50 personas. Me lo cuentan y no me lo creo’, decía Chicote, visiblemente molesto con la situación. Sin embargo Marc, no quería asumir responsabilidades a pesar de lo ocurrido, asegurando que los fallos habían sido de los cuatro, lo cual volvió a encender los ánimos, produciéndose una nueva y acalorada bronca.

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Muchos nervios y un mal ambiente que se trasladaron a las cocina de ‘Top Chef’, donde se desarrollaría la última prueba, la de la última oportunidad… Ésa en la que los cuatro miembros del equipo perdedor deberían enfrentarse para decidir el nombre del expulsado de la noche. El reto en esta ocasión tenía que ver con la cocina más vanguardista. Los concursantes tenían 60 minutos para elaborar un plato utilizando las técnicas de cocina más modernas, tan ligadas a la creatividad culinaria (esferificaciones, liofilizaciones, uso de nitrógeno líquido…). Para su desarrollo, el programa invitó todo un experto en este tipo técnicas: el chef Ángel León, al frente del restaurante ‘Aponiente’, y miembro del jurado de ‘Top Chef’ en la edición anterior.

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‘Si se van Carlos o Peña estaré encantado. Cuanto más se metan conmigo, más me voy a crecer’, declaraba un desafiante Marc al comienzo de la prueba. Y lo cierto es que se creció: su paso hace años por las cocinas de 'El Bulli' (trabajó en el apartado de repostería, bajo las órdenes de Albert Adrià) le ayudó mucho en la puesta en escena de su plato, un postre para cuya elaboración utilizó varias técnicas de vanguardia. Fue la receta que más gustó a los miembros del jurado, en la cata a ciegas que hicieron de los platos presentados. Un éxito que no obtuvo la felicitación del resto de sus compañeros… y es que el catalán no despierta precisamente las mayores simpatías en el grupo.

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Carlos también consiguió salvarse: su plato, aunque mal ejecutado, estaba ‘bien pensado’, según Chicote. La cosa quedaba entre quienes menos experiencia tenían en el terreno de las técnicas de vanguardia culinaria. Ni Peña ni Pablo supieron ponerlas en práctica, de modo que los jueces tuvieron que valorar en función del sabor para decidirse por uno u otro. Finalmente fue Peña quien venció a Pablo en esa ‘batalla del sabor’, obligando a este último a ‘coger sus cuchillos y marcharse del programa’, algo que provocó no pocas lágrimas. La más afectada, Marta, que rompió a llorar desconsolada ante la noticia: ‘Era el que me hacía reír, el que se preocupaba por mí. No merece salir del programa’, decía la mallorquina.

Sin embargo, Pablo, se lo tomó con humor y templanza: ‘Yo no hago cocina de vanguardia. Soy un cocinero de cocina tradicional. Me voy con la cabeza alta. Este programa no ha dejado de sorprenderme’. Aseguraba. En relación a la tensión vivida durante el programa, Pablo añadía: ‘¡Ahí un día van a saltar chispas. Yo no me lo pierdo’. Desde luego, nosotros, tampoco lo haremos, y aquí estaremos para contártelo.

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