Déjate seducir por los vinos de Chile y Argentina

Ambos países son productores de vigorosos y magníficos caldos. Si aún no los conoces y disfrutas como nadie con una buena copa de vino... ¡toma nota!

por hola.com

De ese amplio e insondable escenario vinícola que se conoce como Nuevo Mundo, los vinos de América del Sur merecen una atención especial por las agradables sorpresas que pueden deparar. Descubrir la robusta profundidad de un Malbec mendocino, la arrebatadora frutosidad de un Torrontés salteño o la equilibrada elegancia de un Cabernet Sauvignon chileno no sólo es recomendable, sino necesario para un amante del vino en el mejor sentido de la palabra, capaz de disfrutar de la diversidad de este mundo y de las apasionantes aventuras que puede deparar a nuestras papilas.

LA INFLUENCIA DE EUROPA
Los vinos llegaron a América con la primera colonización, aunque los primitivos difusores de las virtudes de la vid tardaron en comprobar que sus plantas no fructificarían en las calurosas tierras antillanas, sino mucho más al sur. Así, las primeras viñas que crecieron en Chile y Argentina −hoy los dos principales productores de la zona− se remontan al siglo XVI. Desde entonces, la historia del vino en aquellos países guarda directa relación con los movimientos migratorios, ya que fueron los inmigrantes procedentes de los países europeos quienes trajeron consigo, entre mediados del siglo XIX y principios del XX, la larga tradición enológica y una gran diversidad de cepas de los orígenes más variados.

Esa es la razón por la que, sobre todo en Argentina, se puede encontrar un panorama amplísimo de variedades francesas (Malbec, Merlot, Pinot Noir, Cabernet Sauvignon, Syrah, Cabernet Franc, Chardonnay, Chenin Blanc, Semillon, Sauvignon Blanc, Viognier), españolas (Tempranillo, Torrontés), italianas (Sangiovese, Bonarda, Tokai Friulano) y hasta alemanas (Gewürztraminer, Riesling).

ARGENTINA, QUINTO PRODUCTOR MUNDIAL DE VINOS
El cultivo de vid tiene lugar en diferentes zonas, todas ellas próximas a la cordillera de los Andes, desde el norte (Salta y La Rioja), hasta el sur (Río Negro), pasando por la principal región vinícola del país, Mendoza. Este país es el quinto productor mundial de vinos y, en los últimos años, está viviendo una reconversión del sector, que ha abandonado la filosofía de apostar por la cantidad para hacerlo por la calidad, invirtiendo en tecnología, asesoramiento, etc. Los resultados de este cambio comienzan ahora a apreciarse y a atraer la atención de inversores extranjeros. Así, muchos de los mejores vinos que llegan ahora desde la Argentina están elaborados por productores españoles, italianos y −sobre todo− franceses.

CHILE, GRAN EXPORTADOR
Al otro lado de la cordillera, Chile es, desde hace tiempo, un reconocido productor de grandes vinos, centrando su actividad vitivinícola en las regiones del Valle Central, Aconcagua, Maipo, Colchagua, Curicó y Lontué, a las que recientemente se han sumado Chillán y Casablanca. Al contrario de lo que sucede en Argentina, Chile ha jugado la carta de la exportación de vinos de buena calidad y precio muy asequible, poniendo el acento en cuatro variedades: Cabernet Sauvignon, Merlot, Chardonnay y Sauvignon Blanc. Recientemente, los bodegueros chilenos han comprobado que una de las uvas más características de la región, que habían confundido desde siempre con la Merlot, es la Carmenère, desaparecida en Europa durante la filoxera, de la cual se obtienen ahora monovarietales muy expresivos.

LAS COSECHAS: SEIS MESES ANTES
En términos generales, los tintos que se elaboran en América del Sur son vigorosos y bien estructurados, similares a los que en España se conoce como 'de alta expresión', capaces de deleitar al consumidor europeo, sobre todo cuando destaca su tipicidad varietal, como es el caso de los elaborados con Malbec −cepa de origen bordelés de la que Argentina es quizá el más destacado especialista mundial−, Cabernet Sauvignon y Merlot. Salvo excepciones, estos vinos no son de larga guarda, sino de consumo aconsejable dentro de los primeros seis o siete años después de embotellados. Entre los blancos, a los ya consagrados Chardonnay y Sauvignon Blanc chilenos hay que añadir el interés del Torrontés argentino, afrutado, voluptuoso y exuberante. Además, en Argentina sorprende la aparición de blancos de otras variedades, como la Viognier o la Semillon, con buena calidad y capacidad de guarda. Debe tenerse en cuenta también que, al tratarse de vinos elaborados en el hemisferio sur −como también los australianos, los neozelandeses y los sudafricanos−, las cosechas del año llegan al consumidor seis meses antes que las de los productores europeos.

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