Sol y niños

La producción de melanina en el bebé es un mecanismo que va desarrollándose a medida que va creciendo, de manera que es muy importante protegerlo del sol en los primeros años de vida

Por hola.com

Los bebés nacen con todo el equipamiento de serie completo, pero hay algunos mecanismos, como el sistema inmunológico, el de regulación del calor o la capacidad de andar y de hablar que necesitan desarrollarse poco a poco, a medida que el lactante va creciendo y haciéndose más fuerte. La producción de melanina es uno de esos mecanismos.

Proteger ahora para el futuro
Una de las consecuencias más obvias de que el sistema de melanogénesis o síntesis de melanina tarde años en madurar es que la piel de los niños se encuentra especialmente desprotegida ante el sol. Al fin y al cabo, la principal función de la melanina es crear un escudo protector ante la radiación ultravioleta, formando una pantalla que impide que esos rayos alcancen el corazón de las células y las alteren. Si esta no funciona aún del todo bien, habrá que extremar las precauciones ante el sol. En resumen: hay que compensar las carencias defensivas de la piel de los más pequeños con todo tipo de estrategias y medidas preventivas.

La Academia Americana de Dermatología calcula que recibimos aproximadamente del 60 % al 80% de la exposición solar de toda nuestra existencia durante los primeros 18 años de vida. Un factor que hay que tener muy en cuenta al recordar que la piel tiene "memoria". Eso significa que las células recuerdan la cantidad de sol que han recibido, y registran y acumulan los daños, que quedan a modo de cicatrices. Al nacer, disponemos de un capital solar, que, a grosso modo, pudiera decirse es la cantidad de melanina y, por tanto de protección, de la que dispondremos a lo largo de nuestra vida. Si se despilfarra pronto y mal, estos fondos de inversión solar pronto se agotarán, dejando las huellas de su carencia: una mala pigmentación, manchas, arrugas, y, lo que es mucho peor, un elevadísimo riesgo de sufrir cáncer de piel. El Dr. Carlos Guillén Barona, jefe de Servicio de Dermatología del Instituto Valenciano de Oncología augura que, de seguir este ritmo de aparición de melanoma, uno de cada cincuenta nacidos en el año 2010 sufrirá al menos uno a lo largo de su vida. Y debe tenerse muy, muy en cuenta que haber padecido tres o más quemaduras solares con ampollas antes de los 20 años es uno de los cinco principales factores de riesgo de padecer este cáncer, junto a tener el pelo claro; antecedentes familiares; presentar una piel dañada por el sol y tener más de cincuenta lunares.

Más cuidado para los más pequeños
Las recomendaciones de los dermatólogos son claras para los bebés: los menores de seis meses no deben exponerse al sol nunca. ¡Nunca, ni siquiera cubiertos de pies a cabeza con un protector pantalla total! Lo mejor es mantenerlo siempre a la sombra, bien resguardado y vestido con ropa ligera que cubra bracitos y piernas, recordando también que el sistema de regulación de la temperatura interna tampoco funciona todavía al cien por cien, por lo que se debe tener cuidado con el exceso de calor y la deshidratación.

Sus primeros chapoteos
Hasta que el niño tenga tres años, es importantísimo evitar que juegue al sol durante las horas de máxima insolación, lo que equivale a decir que no conviene que lo haga durante el mediodía, desde las doce hasta las cuatro. Lo que no quiere decir que a partir de esa edad se tenga carta blanca para que reciba los rayos UV sin más ni más, en absoluto. La protección mediante cremas solares y ropa debe ser una imposición constante, como mínimo hasta la pubertad, ya que el sistema de melanina no se forma del todo hasta los catorce años. La operación "caza y captura de niño que desea seguir jugando y que no le interrumpa la pesada de su madre para ponerle cremita" no es precisamente fácil, y puede ser motivo de más de un enfado, pero es tan importante como acostumbrarle a cepillarse los dientes tras cada comida. De este modo, se le enseña la importancia de seguir unos hábitos saludables frente al sol.
Es muy importante recordar que los niños no sólo están expuestos al sol cuando van a la playa o a la piscina, sino siempre que salen al aire libre. Por tanto, no hay que relegar los protectores solares tan sólo a esas ocasiones, sino usarlos a diario, siempre que los más pequeños salgan fuera a jugar.