La vida del reconocido arquitecto Joaquín Torres no conoce la tregua. Cuando apenas han pasado unos días de la sentida despedida a su padre, el prestigioso empresario Juan Torres Piñón, la familia se enfrenta a un nuevo e inesperado mazazo: el repentino fallecimiento de su cuñado, el esposo de su hermana Maite. Un drama que se suma a un año que el propio Torres ha calificado como el más duro que jamás ha vivido.
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La noticia del deceso de su cuñado se había mantenido en la estricta intimidad familiar, pero ha sido el propio Joaquín quien, agotado por la acumulación de golpes, ha confirmado la devastadora pérdida. Todo, según su relato al portal Jaleos, comenzó de la manera más sencilla y traicionera. "Ingresó con un dolor de estómago y doce días después falleció. No se pudo hacer nada. Y dejó a mi hermana viuda con 56 años y cinco hijos", explicó el arquitecto sobre una situación que ha dejado a la familia completamente desarmada e incapaz de asimilar lo ocurrido. El diagnóstico, un cáncer de páncreas, avanzó a una velocidad que no dio margen a la esperanza.
Este nuevo luto se inserta en una racha de tristezas que comenzó hace tiempo y que ha marcado irreversiblemente su existencia. Hace tan solo unos meses, el arquitecto daba el último adiós a su padre, Juan Torres Piñón, a los 89 años, un golpe que abrió una grieta emocional que aún intenta cerrar. Este no era el primer adiós en un corto periodo, pues en marzo de 2024, había perdido a su madre, Joaquina Vérez Vivanco, con quien mantenía un vínculo especialmente estrecho.
Precisamente, fue el recuerdo de su madre y una promesa que le hizo en vida lo que hoy lo mantiene en pie, además del amor por sus dos hijos, Manuel y Álvaro, fruto de su matrimonio con la pintora Mercedes Rodríguez Parrizas. A pesar de todo, el arquitecto repite un mantra fundamental para seguir adelante.
Además de la pena, en el horizonte de Torres aparece otra preocupación: una de sus cuñadas, esposa de uno de sus hermanos, se encuentra inmersa en un delicado proceso médico. El arquitecto, con la prudencia de quien ha aprendido a valorar los pequeños alivios, intenta aferrarse a lo positivo dentro del drama. "Al menos ha superado la operación y la quimio", señala, aunque confiesa que el peso de las desgracias encadenadas se hace, a veces, insoportable de expresar.
La reconciliación, el respeto y la distancia con Raúl Prieto
Entre los dos fallecimientos de sus padres, la vida personal de Joaquín ya había sufrido un vuelco significativo. Su separación de Raúl Prieto, tras más de una década juntos y dos años de matrimonio, dinamitó un equilibrio que, según confesó, se sostenía a duras penas. El propio arquitecto reveló a El Español que había sido Raúl quien había puesto fin a la relación en primavera, siendo "un palo muy grande" para él. A la vez, reconoció que él mismo no estaba a la altura de la relación en ese momento, ya que "yo ahora necesito curarme" y su expareja "no sabe cómo ayudarme", según declaró a Semana en marzo.
A pesar de la ruptura, el cariño y el respeto mutuo quedaron patentes durante el velatorio de su padre. En el Tanatorio de Pozuelo de Alarcón, donde importantes figuras como Florentino Pérez (socio y amigo de su padre) y Silvia Gómez-Cuétara arroparon a la familia, también se pudo ver a Raúl Prieto, abrazándose con afecto a su expareja, demostrando que su vínculo, aunque transformado, prevalece.
La relación con su padre fue, durante un tiempo, compleja, un "tira y afloja" que se solucionó en los últimos años. Tras un periodo de distanciamiento, el arquitecto se reconcilió con él, atendiendo la última voluntad de su madre. "Llega un momento en el que hay que perdonar", confesó en una entrevista a Semana, si bien dejó claro que el vacío emocional "no se puede rellenar". También recordó, en declaraciones a ABC, que la obsesión de su padre era "montar una empresa familiar para hacerse más rico que Florentino Pérez".
Conflicto entre hermanos
A la sucesión de duelos y las secuelas de su reciente accidente de moto —que le provocó fracturas de pelvis y antebrazo, una lesión pulmonar y la necrosis de cadera—, se suman las delicadas tensiones internas por la herencia de Juan Torres Piñón. Los bienes del empresario, cofundador de ACS y destacado coleccionista, han vuelto a encender las diferencias entre los hermanos.
Una de las disputas clave gira en torno a la casa que Joaquín diseñó como proyecto fin de carrera, convertida en un símbolo familiar y de su trayectoria. Las diferencias sobre el patrimonio no son nuevas; el arquitecto ya reconoció públicamente que su relación con uno de sus hermanos se había roto hace años debido a la gestión de las propiedades. En un momento especialmente duro a principios de año, Torres acusó a su hermano menor, Julio, de una gestión desleal del patrimonio familiar. "Me pidió que llegara hasta el final, que recuperara su patrimonio entre sus hijos y que no permitiese que Julio se quedase con todo", recordaba el arquitecto sobre la petición de su madre, en declaraciones a Y ahora Sonsoles.
A pesar de las batallas legales y las desgracias encadenadas que lo han llevado a reconocer que "Está siendo muy difícil", el arquitecto, que ha llenado sus apariciones de un tono más vulnerable, insiste en la necesidad de mantenerse firme.
