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Más allá de los safaris convencionales, un par de hoteles levantados junto a las charcas a las que acuden cada noche a beber los animales permiten disfrutar de avistamientos increíbles cómodamente instalados en el salón, con una copa o una humeante taza de café en la mano.
En los años treinta eran sólo dos minúsculas cabañas en la copa de un sicomoro las que permitían desde sus alturas espiar sin riesgo a los animales salvajes que vagaban de noche por el parque keniano de Aberdares. Hoy, el hotel Treetops, en un edificio levantado sobre pilotes de madera, es algo más grande y cómodo de lo que era entonces, aunque tampoco mucho más. Sus instalaciones no son comparables a las de los lodges más exquisitos que proliferan por los parques y reservas del país, y, sin embargo, sigue siendo único. Fue aquí donde hizo noche Isabel de Inglaterra ese 6 de febrero de 1952 en el que falleció su padre: se acostó princesa y se levantó Reina. Pero no es el paso de infinidad de caras famosas el que sustenta el éxito de este hotel. Una buena excusa para visitarlo es su ubicación, en lo más agreste de los Aberdares, o sus vistas a los picos nevados del monte Kenia en días despejados. Pero la razón definitiva es su proximidad a dos abrevaderos en los que, justo a los pies de sus terrazas de observación, puede sorprenderse bebiendo de noche a una manada de elefantes, a una manada de leonas o a un rinoceronte solitario. De hecho, todo en el hotel está orientado a los avistamientos nocturnos de fauna. Y sin salir de él.
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