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Actualmente se pueden visitar las dependencias de la Madama así como la interesante pinacoteca. Otro de los símbolos de la ciudad, quizás el más conocido, es la silueta de hierro y aluminio de la Mole Antonelliana, que se alza muy cerca de la Via Po. Esta torre de 167 metros de altura se divisa desde toda la ciudad (destaca la bella imagen desde el palazzo Madama) y es un singular observatorio desde el que contemplar Turín. Un elegante y futurista ascensor se eleva por encima de los tejados piamonteses hasta una terraza donde el panorama es de lo más romántico. Los puentes que se tienden sobre el Po parecen acariciar suavemente las orillas entre verdes parques. De noche el panorama se vuelve más entrañable. La Mole además alberga el Museo Nazionale del Cinema, único en el país.
Los cafés y el aperitivo (aquí nació Martini) son dos de las costumbres más arraigadas en la población junto con el chocolate. La hora sagrada del cóctel junto con un bufé de tapas es la cita obligada en los cafés más populares como el Mulassano, una joya del art nouveau, el Café Torino, uno de los más elegantes de la ciudad con sus arañas de cristal y los frescos de sus paredes, o el Café San Carlo, que ha sido el lugar donde se citaban los nacionalistas del Resorgimento. Los entendidos de café son habituales de San Tomaso 10, donde degustar café Lavazza en alguna de sus variedades más sorprendentes como un capuchino a la naranja o un espresso al tiramisú.
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